Acto Blanco, una mirada contemporánea al romanticismo

Por María José Rubín Las luces se apagan. Sobre la sala del Portón de Sánchez se cierne una noche cerrada, de esas que no reconocen diferencia alguna entre abrir los ojos o dejar los párpados bajos. Una luz tenue y macilenta comienza a insinuarse a la distancia. Una figura se suscita, apenas perceptible, pero clara […]

Miércoles, 26 de junio de 2013 |

Por María José Rubín

Las luces se apagan. Sobre la sala del Portón de Sánchez se cierne una noche cerrada, de esas que no reconocen diferencia alguna entre abrir los ojos o dejar los párpados bajos. Una luz tenue y macilenta comienza a insinuarse a la distancia. Una figura se suscita, apenas perceptible, pero clara para los ojos acostumbrados a la noche. Una mujer, desnuda de la cintura para abajo, viste solamente un corsé desabrochado que le cubre el pecho. Sus pequeños movimientos se encadenan y van creciendo mientras esa luz, que parece emanar de ella misma, se intensifica. Movimientos que, con ayuda de la iluminación, generan un efecto peculiar, el de una criatura que se regenera, que se forma, deforma y transforma como si su cuerpo todavía no tuviera espina; un cuerpo de articulaciones indefinidas que se niegan a permanecer estables, hecho de mil partes que cobran fuerza y se abandonan en cuestión de segundos.

Es casi imposible no recordar a aquel pequeño hombrecito, ese casi hombre, que Goethe (o, más bien, sus traductores) dieron en llamar “homúnculo”; esa criatura luminosa y atrofiada, anhelante de nacer, que el doctor Wagner creó para alcanzar el Genio absoluto. Cubierta apenas por ese corsé fallido, tal vez roto o jamás ceñido, el homúnculo de Acto Blanco, el Femínculo, avanza. El juego de luces y sombras impide, al principio, distinguir completamente si su agitación es real o producto de un espejismo. Este efecto será una de las características distintivas de la obra: un espacio en las tinieblas, rodeado de oscuridad y enfocado en figuras blancas que por momentos caminan y corren con piernas fuertes, y que también flotan misteriosamente cuando sus largas polleras las cubren hasta el suelo.

Un cuerpo de articulaciones indefinidas que se niegan a permanecer estables. Foto: Gentileza Simkin&Franco

Un cuerpo de articulaciones indefinidas que se niegan a permanecer estables. Foto: Gentileza Simkin&Franco

Pero, ¿qué otras figuras? ¿Cuándo entraron en escena? Difícil decirlo: surgieron de la noche, apenas iluminadas, marcharon lentamente, desde no se sabe dónde, hacia el fondo, a la distancia. Tan lentas y fantasmales que a veces son dos, a veces son tres; forman espejos en ese espacio diegético absorbente, en un escenario que no incluye espejos reales. Duplicadas, multiplicadas, las cuatro mujeres marchan, corren y se descubren, a sí mismas y ante el público.

El Femínculo entra y sale de la lógica de la mayoría. Por momentos, ellas la imitan, todas son figuras en gestación. Luego, se transforman en misteriosos envoltorios de tela, cual santas en una iglesia, un templo hecho de campanadas y de una luz que se derrama sobre el suelo como a través de un óculo. Frenéticos y lacerantes, sus movimientos y sus gemidos la llevan hasta París, en donde se convierte por un instante en Jorobada antes de emprender, junto a sus compañeras, una marcha con brazo en alto, cual Libertades guiando al pueblo.

La obra, dirigida por Laura Figueiras y Carla Rímola y creada colectivamente por todas sus integrantes, genera, en realidad, infinidad de figuras. El Femínculo, la Jorobada y la Libertad son sólo unas propuestas posibles, apenas avaladas por la mención “al espíritu del movimiento romántico” con la que se caracteriza a la obra: en efecto, la noche, la naturaleza y lo monstruoso están presentes a lo largo de 40 minutos en los que Acto Blanco logra construir ese espacio acabado que permite olvidar el escenario, el tiempo e incluso las piernas de las intérpretes que, con un notable despliegue de plasticidad y precisión, trascienden la técnica y dejan olvidar también “lo contemporáneo” como un conjunto de movimientos sistematizados, incorporándolo a la totalidad de la obra como cuestión estética central.

Ficha Artística Técnica

Este proyecto recibió el “Premio Estimulo Académico a la Creación Artística 2012”, otorgado por el Departamento de Artes del Movimiento del IUNA y cuenta con el apoyo del Fondo Metropolitano de la  Cultura, las Artes y las Ciencias del Ministerio de Cultura del GCBA.

Bailan: Bárbara Alonso, María Sol Gorosterrazú, Marisa Villar, Natacha Visconti

Coreografía: Bárbara Alonso, María Sol Gorosterrazú, Marisa Villar, Natacha Visconti, Ayelen Clavin, Laura Figueiras y Carla Rimola

Música: Antonio Vivaldi, Johannes Brahms, Amedee Chauson

Música original y Diseño Sonoro: Gastón Taylor

Vestuario: MooÓ! Ester Caselli

Peinados: Darío Calcagno

Maquillaje: Sebastián Bielous

Iluminación: Matias Seldon

Espacio: Alicia Leloutre

Fotografía: Eleazar Cremona

Diseño Gráfico: Mariana Fossatti

Producción: GRUPOdelPATIO

Idea y Dirección: Laura Figueiras y Carla Rimola

 

CUÁNDO Y DÓNDE

Funciones: viernes 23.15 hs

Sala: El Portón de Sánchez

Dirección: Sánchez de Bustamante 1034

Valor de las entradas: $70 /Dto a jub y estud.

Informes: 4863-2848

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