Andrea Servera: “La danza surge como necesidad: como comer o dormir, hay necesidad de bailar”

Por María José Lavandera Andrea Servera es una ídola. Empezamos así, lisa y llanamente. La danza, nos muestra ella con cada una de sus acciones, está en todos lados. La entiende en toda la magnitud de su proyección transformadora: está también en cada uno de nosotros. La danza se comparte, se goza, se cruza y […]

Jueves, 27 de junio de 2013 |

Por María José Lavandera

Andrea Servera es una ídola. Empezamos así, lisa y llanamente.

La danza, nos muestra ella con cada una de sus acciones, está en todos lados. La entiende en toda la magnitud de su proyección transformadora: está también en cada uno de nosotros. La danza se comparte, se goza, se cruza y se descruza. Y vive en la diversidad de los cuerpos, de las ideas y de los movimientos.

Y así, pensando todo esto, es como creó el Combinado Argentino de Danza (CAD) –nacido en 2011 en el MICA -Mercado de Industrias Culturales Argentinas-, que se autodefine como “un grupo abierto, inestable, caótico, heterogéneo y espontáneo” de bailarines con distintas procedencias disciplinares –danza contemporánea, malambo y hip hop– dedicado a la exploración de cruces entre ellas y el quiebre de las barreras en el espacio escénico.

Sus exploraciones incluyen todo tipo de producto cultural con el que danza pueda jugar y eso es lo fantástico, que el movimiento se construye asociadamente, en todo sentido: tanto en el trabajo de los artistas, como en relación a aquello respecto de lo que experimentan. Sus incursiones artísticas se sostienen en una base intuitiva y en recurrencia constante a la improvisación para indagar sobre la potencia de la danza dentro de cada cuerpo y la identidad que se construye en esa búsqueda. En este punto es que la danza desarrolla su componente estético, lo excede (¿quizás?) y termina por poner en juego su inherente potencia socialmente transformadora. Andrea está fuertemente comprometida con esta potencia y la ha puesto en práctica en su trayectoria profesional a través de la Fundación “Crear Vale la Pena” y como profesora del programa de danza de la Universidad de Buenos Aires en la cárcel para mujeres de Ezeiza. El CAD no es la excepción en este camino: su propuesta ha sido llevada a espacios socialmente vulnerados, como la Villa 21-24 de Barracas o los Piletones.

Es así que las performances pueden realizarse en medio de la calle o en una escuela, un festival o una disco: la danza se plantea como desapropiada del que baila e integrada en un fenómeno social compartido.

Este junio, en consonancia con ello, han sido convocados por el programa “Rituales de Pasaje” del Teatro San Martín: se trata de la propuesta para articular (¿o desarticular quizás?) el adentro y el afuera del teatro a través de espectáculos que realiza en su hall de entrada. Para esta ocasión prepararon “Tu casa- ritual de un deseo primitivo”: una performance guiada por la búsqueda de los orígenes de la danza en cada uno –la casa, el propio cuerpo-, con el acompañamiento de su DJ Villa Diamante y el percusionista Patricio Smink.

De este espectáculo -con entrada libre y gratuita- quedan dos funciones: sábado 28 y domingo 29 de junio, a las 19, en el Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530).

Les dejamos la entrevista con nuestra ídola:

R: Respecto del espectáculo que están presentando en “Rituales de Pasaje”, “Tu casa – ritual de un deseo primitivo”, trata sobre la búsqueda del lugar donde nace y reside la danza…  Si pongo en relación con el título, la danza constituiría ese espacio primigenio al interior del propio deseo, que finalmente quizás es también el propio hogar… ¿Cómo fue el surgimiento de esta obra?

A: Pensamos mucho en lo propio, lo que cada uno tiene, su lenguaje, su modo de ver el mundo, de entender la danza. Te diría que hay una idea artística pero también política en cómo funciona y cuenta el CAD. Lo propio en primer lugar es el cuerpo, nuestro lugar-hogar y desde allí las relaciones que creamos con el otro, el diferente, y a la vez el igual, porque ante tanta diversidad, lo que se presenta con fuerza es la idea de igualdad. Y, sin duda, la pura felicidad del movimiento. Eso nos mueve la prueba, el desafío, la diversidad, el trabajo y la diversión. Y la danza surge como necesidad: como comer o dormir, hay necesidad de bailar.

El Combinado Argentino de Danza, bajo la guía de la bailarina Andrea Servera, quiebran las barreras de lo escénico y, con ello, de la danza como experiencia estética. Foto: Agustín Franzoni.

El Combinado Argentino de Danza, bajo la guía de la bailarina Andrea Servera, quiebran las barreras de lo escénico y, con ello, de la danza como experiencia estética. Foto: Agustín Franzoni.

R: ¿Cómo es la experiencia de plantear un espectáculo desde esta agrupación, que de por sí busca destrabar fronteras disciplinares, en un espacio que busca destrabar fronteras del arte –en este caso, la danza- con el público?

A: Nosotros desde el inicio en nuestro trabajo intentamos romper con la idea de escena-publico como algo estático, nos gusta destrabar eso, llevar la danza a todos los terrenos posibles, cerca de la gente, sin solemnidades, sin ideas de un “buen gusto” preconcebido y al que no aplicamos. Somos desprolijos y espontáneos y eso es un valor. La posibilidad de bailar en “Rituales de pasaje” fue una alegría, y está resultando una aventura genial. Aunque no parezca,  hay mucho hablado y reflexionado detrás de cada cosa que hacemos. Y la idea es que no se note. Que la libertad y la intensión de romper con las jerarquías y los pre-conceptos de la danza sólo sucedan.

R: A su vez, el Combinado Argentino de Danza elabora en la danza desde múltiples disciplinas: ¿cómo es encontrar la trama de la fusión de lenguajes para dar forma a una obra?

A: Es como la vida misma: el mundo siempre está cambiando, por suerte, y también el arte, las sociedades, las personas, nada es estático. Vamos tejiendo encuentros, desencuentros, y la danza es un territorio genial para comunicarse. “La gente bailando se entiende” dice nuestro DJ Villa Diamante y creo que es así. El CAD empieza a bailar y nuestro mundo cambia. Así vamos inventando una obra o varias. Los lenguajes se mezclan naturalmente, se nutren unos de otros, se re-inventan. Lo más importante es la imaginación. Entrenarla y tener un cuerpo inteligente es un anclaje posible para inventar juntos.

“Tu casa- ritual de un deseo primitivo”, espectáculo creado para "Rituales de Pasaje", en el Teatro San Martín. Foto: Karin Idelson.

“Tu casa- ritual de un deseo primitivo”, espectáculo creado para “Rituales de Pasaje”, en el Teatro San Martín. Foto: Karin Idelson.

R: ¿Qué es, en tus palabras, lo maravilloso de una agrupación experimental y ecléctica como el CAD?

A: Nunca me la pasé tan bien en un proyecto; aprendo todo el tiempo, descubro caminos, y me encuentro a mí misma hoy en la danza; me renuevo, es un proceso vital. La danza es mi lenguaje, más que la palabra, y también lo es para cada uno de los chicos del CAD. Hay cosas que no se decir, pero las percibo en movimientos y en escenas, ideas, sensaciones, evocaciones y lo más maravilloso es la polifonía que nos permite la danza, y la posibilidad de tener tantas percepciones diferentes como público te vea. Cualquier inspiración es posible: palabras, ideas, conceptos, músicas, líneas en el espacio, giros, pasos, y la destrucción de ellos. Todo. Igualmente cuando se transforma en danza ya es otra cosa y por suerte lo abandonamos en busca de lo siguiente.

R: Me interesa especialmente tu trabajo en la articulación del arte y su potencial de transformación social. ¿Cuál pensás, desde tu experiencia, que es esa potencia que la danza tiene como herramienta de transformación social?

A: El arte transforma a las personas, es poderoso, y si transforma a las personas, transforma a las sociedades. Veo el arte como oportunidad. Hay mucho por hacer en nuestra ciudad, en el país en ese punto. En muchos casos es una casualidad el encuentro entre un joven y la posibilidad de desarrollarse en el territorio del arte; desde la escuela tendría que ser posible como modo de expresión. La danza, en particular, creo que al poner el cuerpo en  acción, pone todo en juego: la salud, las relaciones, los cuidados, los valores. Con decisión política y presupuesto se podrían hacer muchas cosas en relación a la violencia, la tolerancia, la juventud, pero proyectos serios, pensados a largo plazo; no eventos, sino construir en el tiempo, en años, para ver de verdad el poder de esa transformación, sino es como un circo que pasa y luego quedan sólo rodando los pastos y el viento.

R: En este sentido, y dando vuelta la pregunta: ¿cuál es hoy, en tu opinión, el valor revolucionario del arte? ¿Cuál es el margen para que no termine, en su tendencia a desarrollarse muchas veces hacia la abstracción, en un producto aislado de su potencia socialmente transformadora?

"Tu casa...": una performance guiada por la búsqueda de los orígenes de la danza en cada uno –la casa, el propio cuerpo-, con el acompañamiento de su DJ Villa Diamante y el percusionista Patricio Smink. Foto: Karin Idelson.

“Tu casa…”: una performance guiada por la búsqueda de los orígenes de la danza en cada uno –la casa, el propio cuerpo-, con el acompañamiento de su DJ Villa Diamante y el percusionista Patricio Smink. Foto: Karin Idelson.

A: Un cuerpo puede ser revolucionario, el movimiento también,  desde su motor, desde lo que propone, desde su existencia pura. Si te lleva a pensar, a mirar al otro, a la emoción o a la risa, si te modifica, te obliga a hacerte preguntas, son pequeñas revoluciones, cambios necesarios, útiles. Hay mucho por hacer y lo más importante es intentar ser genuinos, tener el valor de hacer lo que tenemos ganas y confiar. Yo creo en el poder de la abstracción, la abstracción también te permite lecturas planas o alucinadas. A veces las cosas que quieren decir cosas, que tienen significados fijos desde sus creadores, se vuelven rígidas y no te atraviesan, no tienen el espacio para que uno desde su saber, su sentir, su intuición lo complete.

R: ¿Qué conclusiones has logrado sacar, desde tu punto de vista, de la elaboración en tu trabajo de las supuestas distancias entre los productos de la así llamada “cultura popular” y la “cultura culta”?

A: Me aburre y me parece un concepto muerto el de la alta cultura. Amo la danza y soy fanática de las artesanías, me emociona una obra de Louise Bourgeois pero también una maestra cestera, me conmueve Björk  y una bagüalera, soy fanática de Tom York y de Las Pelotas o Tremor. Creo que el arte mueve los límites que se intentan construir, los destroza. Ser artista es  accionar, insistir y resistir.

Hay unas palabras de Jacques Rancière, que leo y re-leo, son un poco mi religión actual:

“La experiencia democrática resulta ser así la de una cierta estética de la política. El hombre democrático es un ser de palabra, es decir es también un ser poético, capaz de asumir una distancia entre las palabras y las cosas que no significa ni decepción ni engaño, sino humanidad, humanidad capaz de asumir la irrealidad de la representación. Virtud poética que es una virtud de confianza. Se trata de partir del punto de vista de la igualdad, de afirmarla, trabajar presuponiéndola para ver todo cuanto puede producir, para maximizar todo lo que pueda darse de libertad y de igualdad. Quien parte, por el contrario, de la desconfianza, quien parte de la desigualdad y se propone reducirla, jerarquizar las desigualdades, jerarquiza las prioridades, jerarquiza las inteligencias y reproduce indefinidamente la desigualdad.”

Ídola.

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