Compañía Punto Rojo: Un sueño en clave de cuerpo

La compañía Punto Rojo, integrado por la bailarina Morena Pozo, la cantante Victoria Zotalis y el pianista Ramiro Luengo, finalizó ayer la presentación de su trabajo iniciático “Sueño adentro”, producto de una investigación de tres años.

Lunes, 26 de mayo de 2014 | Por Maria José Lavandera

“Es el amanecer. | Un cuerpo amarrado entre los juncos. | Alguien despierta y camina: |Un cuerpo andando y un secreto despierto” | “Es el atardecer. | Mujer mira y respira. Descansa. | La noche esconderá su pelaje oscuro. | Y saldrá a galopar”

Así recibe al espectador desde su programa de mano la obra “Sueño adentro”, que acaba de finalizar su primera temporada en la Sala Norah Borges del Centro Cultural Borges. Pero se trata de un final que sólo es un comienzo para esta obra y esta compañía –Punto Rojo– que se inicia con su desarrollo. Vale la pena recorrer este primer trabajo –que traerá reestrenos con más material, según comentan sus hacedores- a cargo de la cantante Victoria Zotalis, la bailarina Morena Pozo y el músico Ramiro Luengo.

Morena Pozo, Victoria Zotalis y Ramiro Luengo, integrantes de Punto Rojo. Foto: REVOL.

Morena Pozo, Victoria Zotalis y Ramiro Luengo, integrantes de Punto Rojo. Foto: REVOL.

La escena es extremadamente oscura. Ni un ápice de luz. La escena se va abriendo de a poco. Un sonido de hojas secas estrujadas despierta a una audiencia pequeña, que se sume en este espacio que parece erigirse paralelo a cualquier otro que hubiesen habitado antes. Es un sueño. Penetrante. Todo negro. Profundo. Ya pasada la mitad de la noche. Y una mujer que pretende despegarse de una pared cubierta de una mata pegajosa, como si despertara, tal dice el poema. Ella es la medida de un cuadro onírico en el que interactúa, desde el movimiento, con una voz humana y los sonidos pianísticos –el piano, sus cuerdas, su caja, se convierten en un espacio más de intervención escénica-, que se van corporizando en escena. Son integrantes de ese espacio con peso propio, así también sus emisores.

Como parte de un claroscuro cuadro surrealista, los artistas hacen debatir e interactuar a sus lenguajes, dando cuenta de una construcción de cuerpo a través de las diversas relaciones que tejen entre sí, relaciones nutridas en temáticas del orden de los sueños: rozan la sensualidad, mutan al temor, lo tenebroso, el misterio se convierte en monstruoso. El diálogo de lenguajes construye una trama en que se devela una corporalidad expandida y sugerente. Un cuerpo mutante –que se transforma en relación con la iluminación, al espacio, a la música-, cuerpo que es voz, cuerpo que se integra con otro cuerpo, cuerpo –a veces- sin rostro, sólo convertido en una figura retorcida, estrambótica; a su vez, la música y la luz intervienen también como cuerpos en movimiento, es decir, se transforman en cuerpos activos en relación a aquellos cuerpos humanos, cuya fisicalidad habitual se transfigura.

"Sueño adentro", el cuerpo expandido. Foto: Ana Rodríguez Baños.

“Sueño adentro”, el cuerpo expandido. Foto: Compañía Punto Rojo.

Esta obra lleva una investigación de tres años, a partir de una zamba compuesta por Victoria Zotalis. Morena Pozo, amiga suya, le propuso ponerle el cuerpo, bailarla. De esta propuesta fue que nació un código que consideraron lo suficientemente fértil como para continuar trabajando. Luego se sumó el pianista, Ramiro Luengo. “Empezamos a trabajar sobre esta zamba, que habla de lo misterioso, de lo no velado y se empieza a gestar un universo, que narra a través de lo no lineal, de lo simbólico, lo onírico y empezamos a ver cuál es el material de movimiento para eso.  Así se generó una trama de lenguajes que avanza siempre junta”, dice Morena.

Voz, cuerpo, música/sonido, imagen intervienen en la construcción de la corporalidad en escena. “Como semilla de la investigación, a mí me interesó cuáles son los lugares en común de esos lenguajes. Ante todo, buscamos investigar lo sonoro y el movimiento, que son el soporte del cuerpo y la relación del cuerpo con lo espacial, y el cuerpo como productor de imagen, que es la otra línea que tomamos. En ese lugar común, esa plataforma de base de despegue, empezamos a nutrir un código de movimiento. El trabajo previo consistió en entrar en contacto con el cuerpo, que ofrece la raíz de cómo se despliega el movimiento y el sonido; es un proceso muy íntimo y que considera el cuerpo sensible”, comenta Morena.

“Sueño adentro” inspira hondura. “Nos parecía que nombraba el paisaje en que nació. Ese adentro habla de un interior. Es una invitación hacia una interiorización, que propone un estado particular. Eso nosotros tenemos que cultivarlo antes del evento. Hay un proceso que vivimos como del orden de la naturaleza, que no lo podés apurar”, complementa Victoria.

El trabajo se desarrolló a lo largo de los tres años a partir de improvisaciones, de las que surgían pequeños materiales. “Era todo el tiempo volver a vivirlos e improvisarlos. El entrenamiento te va llevando a lugares diferentes. Fue super natural pasar luego de tocar el piano a estar haciendo otra cosa. Es con mucho trabajo, pero luego resulta natural”, explica Ramiro.

Punto Rojo es, ante todo, un grupo de investigación. Continúan la elaboración de los modos en que el cuerpo interviene en escena. Foto: Punto Rojo.

Punto Rojo es, ante todo, un grupo de investigación. Continúan la elaboración de los modos en que el cuerpo interviene en escena. Foto: Punto Rojo.

Los tres integrantes de Punto Rojo enfatizan que el objetivo fundamental de su reunión es la investigación. De tal modo, la puesta en escena es parte de ese proyecto, y que la obra continúa una evolución en este marco, que seguirá ahora, fuera del escenario, en sus ámbitos habituales de trabajo, en los que elaborarán material que fue surgiendo de esta experiencia: “Están corriendo las funciones y ves el proceso en retrospectiva. Somos, ante todo, un grupo de investigación. Estamos en escena, investigando. Nunca pensamos que es una obra cerrada. Hay puntos que están para re-trabajar. Descubrir esa identidad de la compañía a través de esta primer producción y de nuestros intereses, también fue parte del proceso”, aclara Morena al respecto.

Ella, la bailarina, explica que hasta ahora fue muy fuerte el foco puesto en el desarrollo físico de lo corporal en escena, como soporte fundamental de la obra. Lo que viene es un despliegue mayor en relación al material sonoro y de trabajo en la imagen. Este último aspecto fue trabajado junto a la fotógrafa y cineasta, Ana Rodríguez Baños. “Si bien en la obra existe una percepción en imágenes, con este trabajo sobre lo onírico, hay todavía un plus de cosas que queremos montar a este estreno. Hay una capa más de trabajo sobre eso, montado en el sistema de relaciones entre el cuerpo, el movimiento y el sonido”, afirma.

Victoria, dueña de la voz en escena, manifiesta que el proceso de trabajo es particularmente “hojaldrado” en el desarrollo de esta trama conjunta, en el que también se sentaron a elaborar un guión, un relato, a partir del cual luego retomar el cuerpo. “Opera ese guión a nivel interno, aunque no visible, y nuestra investigación también tiene que ver con cuál es el efecto de no contar la historia y qué es lo que pasa por fuera. Ahí hay algo de lo onírico, lo que se narra por detrás y no se termina de decir claramente. Por eso el trabajo del movimiento se manifiesta en capas, la elaboración de un guión, de volver a revisar”, completa Ramiro.

El mundo onírico, en clave misteriosa y hasta mosntruosa, con la voz, la música, la imagen en relación con un cuerpo humano en transformación física constante. Foto: Punto Rojo.

El mundo onírico, en clave misteriosa y hasta mosntruosa, con la voz, la música, la imagen en relación con un cuerpo humano en transformación física constante. Foto: Punto Rojo.

Asimismo, trabajaron con diversos colaboradores para construir esta compleja trama en que, según indica Ramiro, “no está tan claro si la bailarina baila la música o si la música baila a la bailarina”, y cuyo proceso de preparación es muy detallado y específico antes de comenzar la obra: la mirada más teatral junto a Mariel Acosta –con quien trabajaron la dramaturgia corporal y su puesta en escena- y Mónica Lacoste –en la dirección-; con Gustavo Friedenberg, como asistente coreográfico; con Sofía Santamaría, como asistente de investigación del movimiento; con Marco Álvarez, para la investigación lumínica y Patricio Tejedor, en el diseño de iluminación. A su vez, la escenografía estuvo a cargo de Denise Cáceres, el maquillaje, por Nati Rayo y el vestuario, por Marta Albertinazzi.

Ahora que terminó esta primera temporada, aguarda más trabajo. “Tenemos mucho material. Van destilando hilos. Hay mucha producción en tres años. Después la obra se acota, se circunscribe y elegimos aquellos pasajes que “dicen” mejor que todos los demás. Nos proponemos consignas en cada función y en el ensayo semanal, revisamos y nos volvemos a preguntar. Es posible que revisemos y haya un reestreno con novedades. Hay cuestiones con el sonido, lo musical que queremos seguir investigando y cuestiones con la imagen, el color…”, concluye Victoria.

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