El movimiento como terapia

La danza, como vía privilegiada de comunicación, permite un fructífero espacio de cambio que tiene impacto tanto a nivel físico como emocional. Especialistas cuentan las razones de su funcionamiento.

Lunes, 15 de septiembre de 2014 | Por Maria José Lavandera

Una hermosa necedad es el hablar. Pero al hablar, el hombre baila sobre todas las cosas” -Friderich Nietzsche.

¿Cómo es que la danza genera modificaciones emocionales y conductuales tan profundas? Es que, ante todo, es una vía privilegiada de comunicación. Si bien a veces descuidado, el cuerpo, como dice la frase citada, habla de modo permanente a través de su movimiento cotidiano y, en diversas medidas, constituye una de las fuentes primordiales de expresión para cualquier ser humano, sea esto más o menos conciente. Es por eso que, ante la intervención en este plano, puede generarse un reconocimiento novedoso de sí mismo y, por tanto, especialmente fértil para generar un espacio de cambio que tiene impacto tanto a nivel físico como emocional.

Edgar Narváez, Roberto Tamburrini y Elena Tato, miembros del Grupo Danzabismal (arteSANOS de la danza), especialistas en expresión corporal (IUNA) y creadores de la recientemente lanzada Tecnicatura Superior en Artes Comunitarias del Movimiento, en el Instituto Superior de Ciencias de la Salud, nos explican la importancia del movimiento en el desarrollo psico-emocional y sus beneficios la comunidad:“Normalmente abordamos las emociones y la conducta desde lo psicológico, pero en la vida nos conducimos con el cuerpo y su movimiento. Nosotros apuntamos a que el cuerpo y la mente son una sola, las emociones se registran en el cuerpo-mente y la conducta es la puesta en acción de este cuerpo-mente. Ganar conciencia corporal es adquirir conciencia emocional también. Explorar el movimiento es poner en acción el cuerpo-mente. De esta forma el movimiento activa esta interacción cuerpo-mente, y la persona encuentra una forma más integral de abordarse a sí misma, de manejar más adecuadamente sus emociones y su conducta, pone al descubierto limitaciones y habilidades. Lo más notorio es como cambia la actitud de las personas con respecto a su cuerpo, y su ánimo. En general se sienten más seguros de sí mismos. El poder manejar el cuerpo y tener conciencia de las limitaciones y desde luego darse cuenta que no son tantas como creían, proporciona un bienestar general”.

R: Cuando intervienen en un espacio en que las relaciones humanas se han visto laceradas, ¿cómo es el proceso de trabajo a través del movimiento?

El abordaje grupal es fundamental. Nos relacionamos y comunicamos con acciones, gestos, expresiones y movimiento. En el trabajo grupal a través del movimiento nos concentramos en ampliar y afinar las capacidades que una persona tiene para relacionarse y comunicarse con los otros y con su entorno. Además, la representación –teatralización- de situaciones vinculares conflictivas y la puesta en escena de composiciones temáticas, en un ambiente de contención, permite que surjan distintas posibilidades de respuestas y soluciones, distintos ángulos de abordaje, y la reflexión del rol que ocupamos socialmente. Ya sea desde el trabajo personal o grupal, con el movimiento buscamos una mayor conciencia grupal o social.

R: Es sorprendente lo efectiva que puede ser en personas que nunca antes se han acercado al movimiento, desde el concepto de terapeuta, ¿cómo se trabaja el movimiento para alguien que no se siente conectado consigo mismo ni con su cuerpo?

Todos, de alguna manera estamos conectados con el cuerpo. Lo que varía es el grado de intensidad con que lo hacemos. El movimiento es inherente a todos independientemente de la raza, la edad, el sexo o las capacidades. Esto depende en gran parte de lo cultural, y la idea es desestructurar estos prejuicios. Por eso es importante empezar desde lo más simple y esencial, de aquello que con lo que a diario estamos en contacto: la respiración, los sentidos -el tacto, la vista, el olfato, el oído y el gusto-, acciones como caminar, sentarse, acostarse; lo cotidiano.

A medida que se avanza en la experiencia se puede incursionar en el juego, en la postura, la coordinación, la expresión y en general en la conciencia corporal. Cuando uno menos se da cuenta, el movimiento surge espontáneamente, se hace evidente el ritmo, las emociones afloran, y se produce el movimiento. Se trata que la persona descubra poco a poco su cuerpo a través del juego e improvisaciones simples. Que pueda realizar ejercicios de respiración, sentir el aire en su cuerpo.

Se le proponen trabajos de elongación y coordinación. Se trata también de que puedan expresar verbalmente lo que van vivenciando. En la mayoría de los casos las personas de sienten agradecidas por poder encontrar un nuevo espacio para expresarse, para moverse. Esto generalmente proporciona mucho bienestar.

R: ¿Cuáles son los primeros cambios que se notan en alguien que ha comenzado a utilizar la movimiento, inéditamente, como modo de expresión, en tanto terapia?

La experiencia del movimiento es personal, por lo cual la vivencia es subjetiva; cada persona transita su propio proceso a través del movimiento. El rol del terapeuta tiende a ser personalizado y trabaja con lo que cada uno trae. A partir de este abordaje se pueden ver distintos cambios: de a poco van aumentando la capacidad de percepción, obtienen mayor tonicidad muscular, enderezan la postura, alinean la columna. Sienten una mejoría en la forma de respirar. También logran mayor flexibilidad y agilidad, entre otros beneficios. El enriquecimiento sensorial y la apertura hacia lo creativo, estimula la inteligencia y proporciona más herramientas a la hora de solucionar los problemas. Se sienten con la posibilidad de expresarse libremente y desplegar las ideas y sentimientos a través de la creación, motivando así, en el bienestar emocional, lo que les permite desarrollar más seguridad y confianza en sí mismos.

R: ¿A quiénes les recomendarían fuertemente o en qué circunstancias específicas piensan que la danza puede lograr rearmar lazos sociales y restaurar a alguien emocionalmente?

En realidad, a todos. Como ya se dijo, el movimiento no hace distinciones. El movimiento y la danza son apropiados en niños, adolescentes, adultos y ancianos, tanto en hombres como en mujeres. Las diferentes capacidades tampoco son un impedimento, ya que se trabaja con lo que cada uno tiene y puede. Todos vivimos en sociedad por lo cual tenemos que enfrentar diariamente los diversos conflictos vinculares. Es apropiado para parejas, familias, amigos, grupos de trabajo, escuelas, grupos barriales. Por otro lado, la vida social y personal implica un trabajo constante de autoconocimiento lo cual involucra permanentemente nuestras emociones. No importa si estamos conmocionados, conflictuados, deprimidos o alegres, uno decide cuándo es oportuno empezar a accionar, a moverse, a danzar por la vida.

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