Formación de espectadores: del pupitre a la butaca

Por María José Rubín Amor a Mordiscones es una obra que habla del amor y las palabras. Es una obra de danza y de teatro. También tiene poesía y sonidos. Y, en realidad, los protagonistas se pelean bastante. Recitan. Improvisan. Se ríen con el público, le hablan, los miran; les generan risa e inquietudes. Los […]

Lunes, 21 de octubre de 2013 |

Por María José Rubín

Amor a Mordiscones es una obra que habla del amor y las palabras. Es una obra de danza y de teatro. También tiene poesía y sonidos. Y, en realidad, los protagonistas se pelean bastante. Recitan. Improvisan. Se ríen con el público, le hablan, los miran; les generan risa e inquietudes. Los pueden dejar pensando en el arte, en sus propias vidas, en cuestiones filosóficas o de género. En ese universo inestable de sentido, los espectadores se permiten interpretar, resignificar y, por qué no, hacer lo propio con su cotidianeidad: dejar por un momento el terreno firme de las respuestas habituales y dar lugar a las ambigüedades, a las indefiniciones, a otros mundos posibles.

"Amor a mordiscones", para nuevos espectadores.

“Amor a mordiscones”, para nuevos espectadores.

Claro que no toda obra tiene un efecto tal en todo espectador: la práctica hace al maestro y ver una obra de arte es algo a lo que se aprende. No sólo en términos técnicos: también la interpretación y la descripción de un fenómeno artístico, así como la capacidad de encontrar salas y obras en cartel, familiarizarse con un circuito y sus actores, definir y redefinir los propios gustos, son cosas que se adquieren. El camino de un espectador se hace caminando: asistiendo a funciones, reconociendo los códigos de etiqueta, y construyendo un gusto (o no) por el placer de presenciar una obra.

Una forma de acercar a los chicos al circuito artístico independiente. Foto: Gentileza Formación de Espectadores.

Una forma de acercar a los chicos al circuito artístico independiente. Foto: Gentileza Formación de Espectadores.

El programa “Formación de Espectadores”

El programa Formación de Espectadores es un proyecto que, desde hace casi diez años, lleva a alumnos de secundarias porteñas a presenciar obras de teatro, cine y, más recientemente, danza. Funciona en el marco del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires y recibe subsidios de Proteatro y Prodanza que se destinan al pago de cachets de los elencos y las salas.

Ana Durán y Sonia Jaroslavsky son artífices y directoras de este programa que acerca a los más jóvenes a un mundo que, en muchos casos, les es totalmente desconocido: el circuito independiente de teatro, cine y danza en la Ciudad de Buenos Aires.

Al respecto, Sonia nos cuenta:

“Este programa está dedicado a Escuela Media del Estado y funciona dentro del Ministerio de Educación de la Ciudad. Los docentes se comunican para participar y se da prioridad a los chicos que nunca vieron teatro o danza: con algunos tenemos la posibilidad de que repitan la experiencia y ver qué va pasando en la progresión.

“Organizamos grupos de aproximadamente cincuenta chicos para favorecer los espacios independientes, pero también porque es la única manera de vincularlos de verdad, de mirarlos a los ojos y entablar una charla. Que sean espacios teatrales independientes favorece un tipo de lenguaje teatral o de danza diferente a otros espacios.

“Es fundamental el contacto con el docente, que es nuestro aliado principal: es el que transmite las ganas de ver teatro, cine o danza, trabaja con los chicos las actividades previas y posteriores que le enviamos, se compromete a nivel logístico para la salida y realiza el trámite burocrático, que es muy largo, para que los chicos salgan de las escuelas.

“Después de la función se da la charla debate, el encuentro con el artista: para nosotras lo más importante como mediadoras es cuando, de alguna manera, desaparecemos del debate, y priman el artista, el alumno y el docente”.

La danza fue la disciplina más nueva para los chicos. Fue la cercanía de los cuerpos lo que más les impactó. Foto: Gentileza DdE.

La danza fue la disciplina más nueva para los chicos. Fue la cercanía de los cuerpos lo que más les impactó. Foto: Gentileza DdE.

R: ¿Cómo son los debates entre artistas y chicos?

S: Es un aprendizaje, para los artistas y para nosotros. En las charlas se habla de su formación, de cómo empezaron, qué aconsejan: para los chicos es muy importante su palabra. Hay un concepto muy extendido de que uno tiene que ser bailarín desde los cinco años o, si no, no puede serlo, y eso obviamente se rompe en las charlas porque muchos bailarines contemporáneos empezaron de grandes, o eran deportistas. Entonces se genera una empatía, porque muchos chicos hacen break-dance o hip hop en sus escuelas, y se genera un vínculo muy cercano.

A mayor cantidad de funciones, la charla-debate se va enriqueciendo, se crea un lenguaje en común. Nosotras empezamos haciendo preguntas a los chicos, queremos que ellos cuenten qué vieron, incluso algo descriptivo: los chicos hablan con su propio lenguaje y nosotros ayudamos a traducirlo a los bailarines. Ese proceso promueve la socialización, porque tienen un lenguaje muy cerrado. Pasa lo mismo con el bailarín: con su propio lenguaje de gueto de la danza, tiene que salir de eso para provocar un lenguaje en común con adolescentes.

Lo primero que intentamos es que los chicos hablen; después le damos la palabra al artista. Porque si el artista habla primero, expone lo que quiso hacer y los chicos no interpretan nada, no ponen el cuerpo como espectador activo.

Convertirse en espectador activo tiene múltiples dimensiones: una de ellas es la que se circunscribe a la sala, a la función y al momento de presenciar una obra. Otros aspectos, en cambio, trascienden esta instancia.

Trasladarse hasta el teatro o la sala provoca que los chicos puedan salir de su barrio y, por ejemplo, ver el Obelisco para ir al Teatro del Pueblo. Para muchos, es la primera vez que lo ven.

A veces no saben lo que es un teatro independiente y puede pasar que los desanima llegar a un espacio que, por ejemplo, es una casa. Entonces les explicamos qué son los espacios independientes, cómo se forman o qué hacen, y les sugerimos –a ellos y a los docentes– busquen qué espacios, centros culturales, salas independientes hay en sus barrios. Porque la realidad es que la escuela tal vez queda a dos cuadras de un teatro, los chicos pasan por ahí todos los días y no saben qué es. Entonces descubren la ciudad, descubren espacios nuevos.

Sonia Jaroslavsky se dirige a la joven audiencia en una de las presentaciones. Foto: Gentileza FdE.

Sonia Jaroslavsky se dirige a la joven audiencia en una de las presentaciones. Foto: Gentileza FdE.

En las páginas de Cómo formar jóvenes espectadores en la era digital, una obra de Sonia y Ana acerca de las bases del programa y de sus experiencias al respecto, aseguran que “además, queremos que […] incorporen el teatro, la danza y el cine no comercial a su menú de opciones culturales”.[1] Una inquietud que dio origen a “proyectos como el Laboratorio-Taller Ojos al Mundo en el Festival Internacional de Buenos Aires o el proyecto piloto de un Escena Club”,[2] dos interesantes propuestas que van más allá de la escuela y se integran a la vida de los chicos desde lo personal y, en muchos casos, sugieren una respuesta posible a la pregunta por la vocación, tan presente en los últimos años de la secundaria.

Los chicos en la Alianza Francesa. Foto: Gentileza FdE.

Los chicos en la Alianza Francesa. Foto: Gentileza FdE.

R: ¿Qué desafíos plantea trabajar con chicos de estas edades (mayormente, de 15 a 18 años), que nacieron insertos en la era digital?

S: Lo que plantea el teatro para chicos de esa edad es algo casi revolucionario hoy en día, porque es el cuerpo a cuerpo: eso es lo que prima, ese primer encuentro en un espacio aquí y ahora, presente, no mediatizado. Tenemos que elegir obras que duren unos 50 minutos, por el tema de la atención, ya que hay mucha dispersión; trabajar en espacios pequeños produce esa cercanía y un encuentro mayor.

Obviamente, tenemos el problema de los celulares, porque realmente el dejar un tiempo y espacio dedicado a una sola cosa y que todo lo otro quede afuera es algo que provoca tantas cosas hoy: angustia, incomodidad, violencia. Hay una imposibilidad de desconectarse para conectarse con otra propuesta.

Al principio pasa que, como es una propuesta que viene de la escuela, es mal recibida. Pero después aparece el espectáculo y se sorprenden. En general, tienen mucho consumo de cosas malas: entonces lo que ven los desafía; no elegimos espectáculos escolares, tratamos de que vean lo que está en cartel, obras que tengan buenos artistas, y que puedan acercarse desde un aprendizaje estético a lo que ven, no hay una elección temática.

Docentes que esperan el comienzo de una función. Foto: Gentileza FdE.

Docentes que esperan el comienzo de una función. Foto: Gentileza FdE.

Y se hizo la danza

La danza, quizás por su abstracción, es nueva en el programa. Sonia explica que “empezó en 2010 y la experiencia fue fantástica. No pensábamos que fuera a funcionar tan bien con los chicos: es muy ajena a ellos, no hay un interés a priori, no hay una buena predisposición como con el cine o el teatro. Dentro de las encuestas que hicimos, vimos que el 40% no vio teatro en su vida, pero el 90% nunca vio una obra de danza en vivo.

La respuesta fue positiva porque tener el cuerpo del bailarín ahí les permitió entrar muy fácilmente al espectáculo. Lo que tiene la danza, que es muy lindo, es que enseguida apela más a las emociones: en general es muy difícil que los adolescentes puedan hablar de lo que sintieron, salvo que hayan pasado varias veces por el programa. En cambio, con la danza ingresan mucho más fácil. Es importante que ellos puedan poner en palabras algo en relación con lo expresivo, con lo que les produce eso que ven.

Como proyecto de articulación entre dos mundos que hoy parecen habitar espacios paralelos, Formación de Espectadores beneficia a los chicos que asisten a las funciones y también aporta valor a quienes participan desde el escenario.

Interacción ante todo. Foto: Gentileza FdE.

Interacción ante todo. Foto: Gentileza FdE.

Aspiramos a que sea algo realmente completo para todos y a que haya muchos programas: en otras etapas y por fuera de la escuela; en otras instituciones educativas, en salas, en grupos de danza; que incluya la pregunta sobre el otro, que los artistas traten de trabajar el cómo vincularse con el público, eso me parece que todavía no se lo está tomando muy en serio. Las obras bajan en seguida, y ya está, se terminó, después de tanto esfuerzo…

En un principio creo que había más resistencia de la comunidad de la danza por temor a la quita de presupuesto para producción, pero como el dinero realmente se destina de vuelta a los artistas y a las salas, los bailarines están muy contentos. Sería mejor poder contar con más dinero para que un bailarín o cooperativa pueda prever el trabajo con una obra en el marco del programa durante, por ejemplo, todo un año. Para ellos terminaría siendo un sueldo, porque si arrancás a las ocho de la mañana para hacer una o dos funciones durante la semana de un espectáculo que hacés los fines de semana de manera independiente, eso te aporta continuidad. El desafío en danza es seguir avanzando, como lo hicimos con teatro: conseguir estabilidad en relación con el presupuesto, y la continuidad en las investigaciones que venimos desarrollando.

R: ¿Qué objetivos o perspectivas a futuro tienen para el programa?

S: Una de las ideas es que se pueda ampliar a otras disciplinas, como música en vivo y plástica. Lo ideal también sería que la formación de espectadores empiece desde chiquitos, que no sea recién en la secundaria cuando les llega este programa, sino desde primaria, acompañando la formación artística de las escuelas, pasando por la secundaria, el terciario y la universidad, y también en la formación docente. Ese aprendizaje y esa formación tiene que darse en todos los niveles, de manera constante y continua.

También nos gustaría que se logre el reconocimiento de que la cultura es un derecho: el arte es fundamental y debería ser parte esencial de la formación.



[1] Durán, Ana y Sonia Jaroslavsky, Cómo formar jóvenes espectadores en la era digital, Buenos Aires, Editorial Leviatán, 2012. Pp. 105-106.

[2] Ídem.

PARA MÁS INFO SOBRE EL PROGRAMA

–> http://www.formarespectadores.com.ar/

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