Golondrinas: Historia de una amistad

Pablo Burset, Victor Campillay y Yanina Rodolico, presentaron este año una nueva versión de su proyecto “Golondrinas”, denominado “Puntos Cardinales”, en el que la danza, sostenida en improvisaciones, explora, junto al diseño lumínico y la proyección de videos, un vínculo construido “en movimiento”.

Jueves, 11 de diciembre de 2014 | Por Maria José Lavandera

Las golondrinas tienen en su ADN el movimiento permanente. La esperanza radica en la posibilidad de transformación constante de su situación. Sin embargo, la migración no viene de la mano de la desunión, sino que, al contrario, migran juntas. Se acompañan en el éxodo permanente que es parte de la relación, además, que tienen entre sí. Es la historia de una amistad mutante.

Así se llama también el trio compuesto por Pablo Burset, Victor Campillay y Yanina Rodolico, que este año presentaron una nueva versión de su proyecto “Golondrinas”, denominado “Puntos Cardinales”, en el que la danza, sostenida en improvisaciones, explora, junto al diseño lumínico y la proyección de videos, un vínculo construido en movimiento. Un movimiento que puede leerse en diversas capas en la obra: el movimiento como espacio de transformación personal y vincular entre ellos. Una relación que está en diálogo constante dentro y fuera del escenario. Es la creación y recreación de un universo propio en constante mutación. La figura del “viaje” opera en dos sentidos: funciona como espacio concreto de arraigo para relatar una amistad –un viaje que efectivamente hicieron- y representa la historia de tres amigos que deciden encarar la vida juntos, pase lo que pase.

Migrar, palabra clave de estas golondrinas, lleva inherente una idea de traslado. Traslado, en muchos aspectos: traslado físico de lugar, traslado de un cuerpo a otro, traslado emocional de sus integrantes, transformación de los vínculos, transformación de la danza que los une en cada momento en función de esos vínculos que se experimentan y condicionan corporalmente a través de su posibilidad de movimiento.

La historia de una amistad, que, como la vida, muta constantemente. Un viaje. Foto: Gentileza.

La historia de una amistad, que, como la vida, muta constantemente. Un viaje. Foto: Gentileza.

Dicen los hacedores de la obra: “Es el relato de un punto de encuentro de tres amigos en un viaje. La incertidumbre nos despliega a seguir volando por nuevos espacios. Los cuerpos se vuelven itinerantes y la sabiduría de un pasado compartido nos guía en el camino”.

Y así, estas golondrinas, han creado “Puntos cardinales”, como evolución de su primera obra, “Golondrinas”. Esta vez plantearon un viaje por los barrios de Buenos Aires, llevando danza a una diversidad de espacios. En noviembre se presentaron en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), en el marco de una actividad organizada por el área de “Cuerpo y comunicación”, en el Centro Cultural Adán Buenosayres en el Parque Chacabuco, en el marco del ciclo “Construcciones”. En diciembre, el próximo 12 se presentarán en el Centro Cultural Julián Centeya, en Boedo, y en Café Müller Club de Danza, en Villa Crespo, el 13 de diciembre. “Es una aventura para nosotros acercarles nuestra obra a la gente que quizás no se moviliza hasta el centro para ver una obra de danza. La danza puede estar más cerca de lo que ellos creen”, inicia Yanina.

Víctor indica el espíritu de las golondrinas: “Es una obra y, por sobre todas las cosas, es un proyecto. Por eso sigue llamándose así. Buscamos maximizar la misma idea que generó la obra anterior. La primera intención hizo que nos juntáramos, hiciéramos un proceso y de eso, saliera una obra”.

La historia de una amistad

Pablo, Víctor y Yanina se conocen desde hace varios años. Entre risas cuentan cómo fueron mutando sus vínculos, fundamento de su conversión en aves migratorias. Los viajes eran también materia permanente en el estilo de vida que perseguían. Vale aclarar, quizás, que son tres bailarines, lo cual también planteaba una perspectiva de cuerpo en movimiento, en traslado constante. Víctor indica: “Pensábamos mucho en movernos y en esto del cuerpo como un medio, más que un fin. Nos quedamos con esta idea.  A todo esto, Pablo y yo, que éramos pareja, hicimos un viaje”. En ese entonces, ellos le propusieron a Yanina, de quien Víctor era compañero en el Taller de Danza del Teatro San Martín, del cual ambos son egresados, una idea. Esto sucedía en octubre de 2012. El objetivo era “investigar la migración como proceso físico y el cuerpo como medio”, como indican muy formalmente en su web.

Migrar en el cuerpo, en la historia del otro... Foto: Gentileza.

Migrar en el cuerpo, en la historia del otro… Foto: Gentileza.

Fue a comienzos de 2013 que comenzaron las investigaciones, gracias a una residencia que les ofrecieron de Café Müller Club de Danza, espacio que produjo las primeras presentaciones del colectivo, bajo un formato de “obra en proceso”. Así, el equipo fue creciendo: participaron junto a la Compañía Nacional de Danza Contemporánea en el Programa Partido y Compartido y en Ciudanza 2014.

Una vez planteada la idea, luego de algunos viajes que cada uno hizo por cuenta propia, se escaparon a las afueras de Pilar, junto a Ignacio García Lizziero, el realizador audiovisual del material de la obra. “Salimos con mochilas de viaje, un par de almohadas adentro, unas mudas de ropa que pensamos como vestuario, y nos fuimos”, cuenta Pablo.

Yanina indica: “Fuimos encontrando que queríamos contar una historia que trascendía la relación de nuestros cuerpos en escena y así fue surgiendo una obra multidisciplinaria. Se construyó como un imaginario paralelo, y un lugar un poco más íntimo donde cada uno fue encontrando una forma de estar dentro de eso. La historia en escena refleja nuestras historias, mezcladas. Por un lado, es el cruce de nosotros tres en el camino de nuestra vida, nuestra amistad y, por otro lado, literalmente es el relato de un viaje y las escenas reconstruyen eso. Las audiovisuales tienen que ver con un pasado que compartimos, de un viaje que ya hicimos y uno que seguimos haciendo”.

Claroscuros. Foto: Gentileza.

Claroscuros. Foto: Gentileza.

La obra, de tal modo, acompaña la evolución de la relación entre ellos: “Cada vez que lo hacemos, se ve más ese espacio entre lo que fue y lo que somos ahora”, comenta Pablo.  “Es como la vida misma. Usamos el movimiento inherente de la vida. Hay algo que no cambia nunca, que es el encuentro entre nosotros tres. Eso perdura y hace que la obra exista. Lo que está en cambio permanente, somos nosotros tres. El vínculo está, pero se está transformando todo el tiempo y eso es real. Es lo que nos pasa en la vida real y eso también es la obra misma.”, resalta Yanina. Completa Víctor: “Tiene un gran nivel de riesgo para con nosotros como seres humanos. Con la confianza suficiente para que suceda. La obra nos pasa y tenemos esa disponibilidad para encontrarnos con el otro como esté y aceptarlo y trabajar con él, así como lo estás viendo”.

Foto: Gentileza.

Foto: Gentileza.

La obra, justamente siguiendo los lineamientos de espontaneidad y de “migración” en el cuerpo del otro, se funda en la improvisación: “Hay unas estructuras que indican por dónde abordar. Investigamos sobre cómo migrar en el cuerpo del otro, es decir, cómo usar el cuerpo del otro como un territorio. Esto se va resignificando”, comenta Pablo.

La danza como espacio de transformación

La danza, como el arte, puede provocar algunas grietas, transformaciones. Algo muy presente también en esta experiencia de cambio, que es “Golondrinas: Puntos Cardinales”. “Queremos hacer una acción social con nuestro arte y lo pensamos desde el comienzo desde ese lugar. Creemos que puede operar como una onda expansiva. Hay algo en ese sentido que es un poco infinito. Siempre para hacer un bien, a nosotros mismos y a la comunidad en general”, asegura Yanina.

Cuándo y Dónde

– 12 de diciembre, a las 21, en el Centro Cultural Julián Centeya (Av. San Juan 3255, CABA), con entrada GRATUITA

– 13 de diciembre, a las 23, en Café Müller Club de Danza (Lavalleja 1116, CABA)

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