La producción: desafíos de la danza independiente

¿De qué se trata “el esfuerzo de producción” cuando una obra es independiente? Dos aproximaciones a través de la productora Solange Courel -de la obra “Clásica”, de Martín Piliponsky- y del equipo que formó “Pulso”, dirigida por Jazmín Tesone.

Martes, 04 de agosto de 2015 | Por María José Rubin

Una obra de danza se piensa, se dirige, se baila, se estrena, y también se produce. Las compañías institucionales y los grandes espectáculos tienen un área dedicada, pero la escena independiente muchas veces no cuenta con una figura concreta que reúna las tareas que competen a la producción. Más aún: una buena parte de los espectadores no sabemos muy bien qué es producir una obra y qué de lo que vemos en el escenario depende de ello. Así que, empecemos por ahí.

Qué hace un productor

Con una década de experiencia en la producción de obras de danza, Solange Courel tiene muy claro qué es (y qué no es) producir. “No es algo que hace falta el día del estreno o algo que viene a mover a la obra después”, nos cuenta la productora de Clásica, la obra de Martín Piliponsky que cada domingo sube a escena trece excelentes bailarinas en el Espacio Callejón. “Lo más adecuado es arrancar desde la primera idea del proyecto, antes de que el director convoque a su equipo artístico: ese es el momento de focalizarse en el diseño de producción”, indica.

Solange, que encontró en la producción una tierra fértil para combinar su experiencia como bailarina y sus estudios en ciencias económicas, describe al diseño de producción como la instancia inicial de su tarea, que empieza cuando aún no hay bailarines, sala, título de la obra y tantas otras cosas que, intuitivamente, pondríamos antes en la línea cronológica. “En esta primera etapa, que es la que más tiempo lleva, hay que definir qué se quiere hacer. Normalmente, el director viene con una idea de lo que quiere artísticamente, no con una visión del proyecto en su totalidad”, destaca la productora.

Las variables son muchas y, para que esa idea adquiera una forma clara, hay que considerarlas antes de tomar las primeras decisiones. Por ello, el objetivo de las primeras reuniones es “que el director te cuente qué quiere hacer y poder ayudarlo a clarificar si va a ser un proyecto de formación o solamente de producción de obra; si va a haber una parte pedagógica acompañada de una parte artística; si va a ser un proyecto convencional o hay intención de abrirse hacia otros espacios; si va a ser un proyecto de investigación. Yo trabajo con Martín desde que llegó a Argentina hace cuatro años y Clásica es la primera obra que hace fuera de escena, desde la dirección, pero se basa fuertemente en la improvisación, no es una coreografía que se va a montar sobre los bailarines directamente, sino que hay mucho trabajo previo”.

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CLASICA Martin Piliponsky. Foto: Gabriel Reig.

Saber desde el inicio qué tipo de proyecto se está llevando a cabo permite guiarlo más fácilmente en las instancias sucesivas, cuando la creación artística, los ensayos y las funciones dejan poco margen para una crisis de identidad. Un ejemplo claro: “Si quiero hacer una temporada de muchas funciones o una obra que gire por el interior, tengo que poder trasladarla: no puedo tener grandes escenografías o tienen que ser transportables”. Para no perder oportunidades a futuro o alimentar ilusiones que luego no será posible alcanzar, es fundamental definir a tiempo cuáles son las expectativas puestas en el proyecto para desarrollarlo de tal modo que luego esté en condición de cumplirlas.

Cuando ya hay una idea claramente conceptualizada, “la segunda parte a pensar es cómo se va a financiar”. A diferencia de las producciones con grandes capitales empresariales o inversores que los respaldan, y las compañías oficiales que, poco o mucho, cuentan con un presupuesto asignado, para poder solventar una producción independiente “hay que ver qué líneas (de financiamiento) hay del gobierno, ya sea ciudad o nación, donde uno pueda acceder y darle perfil al proyecto para que sea acorde a la convocatoria”.

Finalmente, el proyecto se pone en marcha y “la producción va acompañando la toma de decisiones del director. Yo voy haciendo un asesoramiento respecto de qué teatro se va a elegir y por qué, dónde está ubicado, cuáles son las fechas de funciones que van bien con este espectáculo, a qué público se dirige, si el objetivo es captar nuevo público. La producción acompaña estas decisiones para que sean acordes al proyecto”. Y también establece relaciones con otras instancias que llevan adelante tareas específicas, para definir “cómo lo vas a comunicar; ahí interviene el diseñador gráfico; cómo lo vas a difundir en relación con los medios, y se puede incorporar un agente de prensa al equipo de trabajo. Ya el proyecto funciona solo y la producción acompaña y busca qué posibilidades tiene de continuidad en otras salas, de un nuevo ciclo de funciones, de viajar al interior, de presentarse en un festival. Después, en caso de que se haya solicitado subsidio, viene la rendición de cuentas a los financiamientos para darle cierre al proyecto”, comenta Solange.

”Es fundamental también tener capacidad para manejar los equipos de trabajo, y eso normalmente recae mucho en el director. Es algo crítico poder mantener el equipo de trabajo a lo largo del tiempo para que el proyecto tenga continuidad. En el circuito independiente, muchas veces la motivación principal no es la económica, y es necesario entender esto para manejar al equipo.” Al respecto, Solange reflexiona que “Clásica ha sido un proyecto sumamente interesante de producir. Es muy jugado poner trece mujeres en escena y es un placer saber que se mantuvo un equipo tan numérico, sin conflicto. Son bailarinas muy grossas, del medio, que dedicaron mucho tiempo para participar de este proyecto de Martín. En ese sentido, el proyecto ha cumplido su objetivo y esperamos ir por más; recién arrancamos y esperamos que pueda ser visto”.

La producción sin productores

Es claro que la figura de un productor es clave en la creación de una obra, pero la mayoría de los equipos que trabajan en la danza independiente no cuentan con un integrante dedicado exclusivamente a este ámbito. “La tarea de la producción está más presente que en años anteriores en la danza contemporánea”, señala Solange, “pero en muchos proyectos todas las tareas recaen sobre el director: la parte artística, las luces, la gestión del dinero, la rendición de cuentas del subsidio que le dieron, a veces hasta del vestuario.”

En efecto, hoy en día muchas obras independientes se llevan adelante con el esfuerzo adicional del director para hacerse cargo de las tareas de la producción, o bien repartiéndolas entre sus integrantes, como ocurre en el caso de Pulso. Esta es la segunda obra que llevan adelante Jazmín Tesone, Natalia Casais, Verónica Ravetta y Pilar Shinji. Sobre el escenario, se despliega la evidencia de que su producción ha llevado tiempo y esfuerzo: a la danza se suman dos lenguajes, la música y las artes visuales, cada una con sus requerimientos específicos, que se desarrollan en vivo. Una cantidad de materiales para construir una escultura y un cuadro, otra para reproducir pistas.

Pulso, dirigida por Jazmín Tesone.

Pulso, dirigida por Jazmín Tesone. Foto: Eduardo del Burgo/Catalina Bartolomé.

Su trabajo es un ejemplo claro del esfuerzo y la entrega que requiere desarrollar un proyecto independiente. De su primera creación, Otoño, Jazmín nos cuenta que “fue re independiente, ni siquiera tuvo subsidio. Pulso sí tuvo”: la obra recibió el apoyo del Instituto para el Fomento de la Actividad de la Danza no Oficial del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Para ambas piezas, en la creación artística y en la producción, trabajan como un colectivo. Jazmín dirige y Natalia, Verónica y Pilar suben al escenario, pero fuera de la sala hacen mucho más.

“Cada una se pone al hombro lo que puede. Pasa mucho en el teatro independiente que uno tiene amigos que hacen cosas y te ayudan”, nos cuenta Jazmín, y Pilar reflexiona: “La producción independiente obliga a priorizar. Si uno tuviera otros recursos, pensaría en un vestuarista, en otro espacio. Pero no hay ni tiempo ni dinero, la energía es acotada, entonces en esta obra (Pulso), que no tenía una necesidad específica de vestuario como la obra anterior, no pusimos ahí el foco”. Jazmín añade: “Después las tareas administrativas, de traslados, las repartimos entre las cuatro. Hay cuestiones más cerca del estreno, el manejo logístico de algunas cosas, que recaen en mí en ese momento. En ese sentido funcionamos como una cooperativa, vamos repartiendo tareas”.

Pulso es, sin dudas, un ejemplo de producción por mano propia que salió bien: todos los desafíos de llevar a escena una obra fueron sorteados en grupo y es esperable que la promoción posterior (festivales, nuevas funciones, giras) sigan el mismo camino. Sin embargo, no todas las obras llegan al escenario o logran la continuidad deseada, y es de suponer que la falta de una conceptualización previa del proyecto y de una gestión en manos especializadas que, además de aportar conocimientos específicos, adelgace la lista de responsabilidades de la dirección, sea buena parte del problema.

Pulso, una obra con un esfuerzo de producción independiente “que salió bien”. Foto: Eduardo del Burgo/Catalina Bartolomé.

Es sabido que la danza independiente en estas latitudes funciona muchas veces con recursos escasos, tanto en lo económico como en lo estructural. La profesionalización del sector depende de muchos factores y uno de ellos es sin dudas la incorporación de conocimientos específicos de otras áreas que permitan a cada obra llevar sus potencialidades al máximo. “Yo pienso que el director debería poder ocuparse de la creación, de lo artístico” opina Solange en una reflexión final, “y no tener la preocupación de si hay gente en la sala o cómo va a comunicar su espectáculo. Si uno puede delegar y armar un equipo de trabajo va a funcionar mucho mejor. El mundo del arte, tiene que nutrirse de herramientas específicas que hacen a la gestión” y es difícil no estar de acuerdo.

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