Margarita Fernández, subdirectora del Ballet Folklórico Nacional: “La danza logra lo que el hombre no”

“Maestra y coreógrafa son las dos cosas que me identifican. Maestra, porque me siento formadora. Y coreógrafa porque tengo la necesidad de crear a través del movimiento”. Así se define Margarita Fernández, subdirectora del Balet Folklórico Nacional, que este año festeja sus 25 años.

Sábado, 24 de octubre de 2015 | Por Estefanía Lisi

Margarita es una mujer multifacética y, a la vez, centrada. Luego de una larga carrera en la danza (sobre todo en su especialidad, el Modern Jazz), actualmente subdirige el Ballet Folklórico Nacional -junto a su director Omar Fiordelmondo- , de 37 integrantes, mientras continúa brindando sus históricas clases en su estudio de danzas. A pesar de oficiar como coordinadora de un cuerpo de baile tan importante, ella insiste en que su tarea principal es la de formar y enseñar.

El Ballet Folklórico debutó el 9 de julio de 1990 en el Teatro Colón de la ciudad de Buenos Aires, bajo la dirección de Santiago Ayala y Norma Viola, a quienes Margarita recuerda con mucho cariño. Como sucesora de Nidia Viola, ella apuesta por continuar consolidando la trayectoria de este equipo, a través del profesionalismo logrado en cada puesta.

Como buena discípula de Olga Ferri, Noemí Coelho y Rodolfo Olguín, Margarita siempre tuvo mucho para dar y asegura que quiso hacerlo. Así comenzó su carrera como maestra, un poco adoptando a los alumnos desde sus inicios. De la misma manera trabajó con el Ballet Folklórico, colaborando con ellos en su versátil preparación para las diversas técnicas que deben manejar para lograr los excelentes resultados que logran en cada función.

En una profunda entrevista, Margarita pudo conversar con Revol acerca de los pasos que dio hasta llegar al lugar que hoy ocupa, de sus impresiones acerca de uno de los cuerpos de baile más imponentes del país y de sus expectativas para el futuro.

R: ¿Cómo fue tu llegada a la subdirección del Ballet Folklórico?

M: Hace 7 años, me llamaron los maestros de las clases del grupo para que enseñe contemporáneo y preparación. En ese momento yo ya conocía de forma particular a dos integrantes varones de la compañía y cuando les estaba dando clase, la maestra Nidia Viola – en ese momento, la directora del ballet- me contó que iba a haber un concurso. Yo soy maestra, le dije. Yo creo que “maestra” y “coreógrafa” son las dos cosas que me identifican. Maestra, porque me siento formadora. Y coreógrafa porque tengo la necesidad de crear a través del movimiento.

Mi formadora fue Olga Ferri, después fueron Noemí Coelho y Rodolfo Olguín. Pero además tuve la suerte de poder viajar y transitar mucho más la danza contemporánea, de lo cual el modern jazz tiene muchísimo, aunque es un estilo propio. Sin salir nunca de la base de mi formación, que fue el clásico, creé otro tipo de técnicas y traté de ver qué es lo que la compañía necesitaba en cada momento. Los profesionales de Ballet Folklórico Nacional son personas, generalmente ya formadas profesionalmente, de otros grupos. O sea que completan su formación o se interiorizan en el repertorio del ballet, que en un 90% está formado por las coreografías de Santiago Ayala, “El Chúcaro” y Norma Viola, lo que no quita que haya otros repertorios también, por supuesto. Al día siguiente de finalizado el concurso, Nidia tuvo un ACV y falleció al poco tiempo. Esto nos devastó a todos. Por otro lado, el cargo de la coordinación había quedado libre. Fue entonces que el cuerpo de baile y dos asistentes me ofrecieron ser la coordinadora artística del ballet.

R: Y viniendo de otras técnicas, ¿cómo resultó para vos involucrarte directamente con el Folklore?

M: Bueno, ahora en el Colón hay una muy buena formación folklórica. Pero en mi época era muy poco lo que veíamos de esta técnica. Entonces, sí conocía la compañía y trabajaba diariamente con ella, pero no vivía del folklore. Fue todo un desafío que yo desempeñara ese papel, y para el mundo de esa disciplina fue rarísimo verme a mí ahí. Entonces pensé “Bueno, ¿qué es lo importante?”, y me contesté: “Que el ballet baile”. El repertorio se conoce, hay filmaciones, podemos volver a reponer las obras. Simplemente había que ponerse a trabajar. Este es un cuerpo de baile que se arremangó, que salió al frente. Con la ayuda de todos, nuestro propósito fue llamar a concurso a director y a subdirector. Durante mi período de coordinación hubo siempre concurso de cuerpo de baile. Siendo coordinadora incluso me ofrecieron montar una obra, y lo hice: monté Juan Moreira. Pero cuando llegó el concurso, yo no me presenté. Ya lo tenía decidido.

Margarita, maestra. Junto a Omar Fiordelmondo, da clases en gira por el país del Ballet Folklórico, además de seguir siempre con su estudio. Foto: Mariano Longo.

Margarita, maestra. Junto a Omar Fiordelmondo, da clases en gira por el país del Ballet Folklórico, además de seguir siempre con su estudio. Foto: Mariano Longo.

R: ¿Por qué no?

M: Porque consideraba que había muchas otras personas idóneas en el país que tenían todas las posibilidades de estar al frente de un ballet, y que quizás venían trabajando desde varios lugares para poder ocupar ese cargo. Es la verdad. Pero faltando tres minutos para el cierre del concurso, y después de una reunión muy pequeña, el mismo cuerpo de baile, a través de su vocera, su delegada, me dijo “Margarita, ¿por qué no te presentás?”. Así que presenté brevemente mi propósito, que era continuar trabajando, llamar a coreógrafos para nuevas puestas y brindar también la posibilidad a los coreógrafos noveles de montar sus obras. Lo más curioso es que el director elegido resultó ser el que primero entregó su sobre, y la subdirectora, yo, fui la última. Al ser elegida, aquieté todas las presentaciones con mi grupo y me aboqué casi exclusivamente al ballet.

R: Pero seguiste dando clases en tu estudio, ¿verdad?

M: Sí, yo siempre di clases en mi estudio, jamás lo dejé. Me gusta mucho formar. En general, hay una tendencia de los docentes a trabajar con gente ya hecha. Yo tuve la suerte de tener dos maestras formadoras de primer nivel. Olga y Noemí formaban de cero, y yo pude estudiar con ellas. Y a mí me encanta hacer lo mismo con mis alumnos. Fui muy afortunada porque la gente que se formó conmigo no venía de otros lugares y yo pude enseñarles desde el principio. Hay que dedicarse mucho, de lunes a viernes, sábados, domingos. Yo no tomo vacaciones.

R: ¡Me imagino! ¿Y cómo ves la situación actual del ballet?

M: Me pasan muchas cosas, algunas bellísimas y otras complejas. Este es un ballet que tendría que tener mayor reconocimiento del que tiene. Considero que Norma y el Chúcaro eran, son y seguirán siendo referentes máximos del Folklore. Ellos, Antonio Gades y Cristina Hoyos, Igor Moiseyev, entre otros. Norma era una mujer completísima y él era un hombre genial, era un artista al que le tocó ser bailarín. Ambos eran profesionales con mayúscula, y la danza les sirvió como canal de expresión. Tal vez si hubieran sido músicos, hubieran resultado excelentes compositores, y así con cualquier rama que hubieran tocado del arte. Creo que la compañía debería estar transitando un momento de mejor posición a nivel internacional, deberíamos estar haciendo giras en el exterior, ya que lo llevamos permanentemente al interior del país.

Las chicas del Ballet Folklórico Nacional. Foto: Ministerio de Cultura de la Nación.

Las chicas del Ballet Folklórico Nacional. Foto: Ministerio de Cultura de la Nación.

R: Claro. ¿Cuál considerás que es el sello de este cuerpo de baile?

M: Que es muy solvente, técnica y artísticamente. Que te lleva a la emoción. Es un ballet que emociona, que conmueve. Uno cuando va a ver un ballet, muchas veces el cuerpo de baile es el marco de ciertos bailarines principales. Pero acá, el protagonista es el cuerpo de baile. Cuando los ves a todos juntos, no podés no emocionarte. Te disparan un montón de sensaciones que llegan directo al corazón. Porque las danzas folklóricas son populares. Lo que es popular viene del pueblo, y el pueblo habla de historia, de pertenencia.

R: Como subdirectora y hoy testigo de los logros de este ballet, ¿extrañás bailar?

M: No, es decir, cuando bailé me encantó bailar, pero hoy no extraño el escenario. A los 36 años dejé de bailar y tuve una participación en un homenaje que se hizo a Astor Piazzolla en San Petersburgo. En realidad le había pedido a Laura Roatta que interpretara unas piezas que tenía en la cabeza, pero ella no pudo viajar porque estaba bailando en “Tanguera”, de Mora Godoy. Entonces me pidieron que yo lo haga. Me preparé y lo hice. Ya tenía 40 años en ese momento. Soy muy buena espectadora, siempre fui balletónoma. Para mí el placer máximo es levantarme a la mañana un domingo y limpiar la casa escuchando ópera. La amo. Mi ballet preferido es Giselle. Me encanta el teatro. Me gusta mucho, desde que estoy en el Ballet Folklórico, descubrir los grupos nacionales del interior, que son maravillosos. El chamamé me llena el alma.

El Ballet Foklórico, excelencia, compromiso y versatilidad. Foto: Carlos Villamayor.

El Ballet Foklórico, excelencia, compromiso y versatilidad. Foto: Carlos Villamayor.

R: ¿Por qué en un primer momento elegiste el Modern Jazz, entre tantas cosas?

M: Porque cuando lo conocí hace 40 años era una técnica completísima. Se nutre de distintas posibilidades de movimiento, que tienen que ver con el folklore de cada lugar, y que tiene un tratamiento corporal en el cual la danza clásica está absolutamente presente, también con todo lo que tiene la danza moderna. Es decir, ofrece un montón de opciones para el espíritu que yo tengo, al que le interesa todo. Amo todas las danzas: el street dance, el hip hop, hasta la cumbia (colombiana, de donde proviene) y, ¿por qué no?, también el cuarteto, en el que se habla de distintas realidades, y es muy importante escuchar esas manifestaciones. Porque ahí está hablando el pueblo, el lugar, la necesidad de querer demostrar que se puede ser feliz. Tampoco hay que menospreciar la cumbia villera, porque nos habla de lo que pasa en la sociedad. Yo creo que cualquier técnica que se lleve al máximo de su expresión, es realmente digna de, por lo menos, hacerte detener y no ser soberbio. Al llegar al interior del país he visto a gente mayor bailando y lloré, porque me emocioné. Porque ellos bailando me hicieron abrir canales que otros, tal vez, haciendo 32 rond de jambe fouette no me hicieron abrir. Y los recuerdo y pienso “qué maravilla”. Con algo tan sencillo como tal vez verse a los ojos, sacar un pañuelo, bailar una samba… Yo creo que la danza logra lo que el hombre no.

Margarita Fernández, una apasionada de su rol como docente y sub-directora de esta agrupación. Foto: Carlos Villamayor.

Margarita Fernández, una apasionada de su rol como docente y sub-directora de esta agrupación. Foto: Carlos Villamayor.

R: ¿Cómo sentís ese título de formadora que mencionás?

M: Como la danza me dio muchas cosas, siento una responsabilidad terrible. Hay tanta falencia en general de los seres humanos de poder manifestarse con lo que quieren y sienten que, cuando uno es un privilegiado, cuando es consciente de eso, le genera automáticamente las ganas de brindarle a otro esa posibilidad. Nací con una predisponibilidad física, tuve la suerte de tener el apoyo de mis padres ante lo que elegí, tuve maestros maravillosos, alumnos geniales, trabajé con artistas fantásticos y encima tengo la suerte de tener una familia. Me siento tocada por una varita, entonces quiero poder transmitirle un poco de eso a los demás.

La danza para mí es todo un tema, no es simplemente bailar; es una vida. Yo soy “Margarita bailarina”. Marga piensa y siente como bailarina. Las tareas cotidianas están: mientras yo limpio la casa escucho ópera, pero al hacer eso ya me voy imaginando movimientos, historias… Creo que lo que uno siempre tiene que conservar es esa cosa de la niñez. Yo tuve una infancia muy feliz. Fui muy estimulada, sentía que mis papás me daban lo mejor que podían. Y eso lo intento guardar bajo llave, atesorarlo para siempre.

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