Maximiliano Guerra, jurado en YAGP: “Sirve muchísimo para medirse con pares”

Maxi Guerra, recién llegado de Varna, fue también jurado en la Semi-final de YAGP en Buenos Aires. Rescata la importancia de entender los tiempos de crecimiento de los participantes y rescata la individualidad de cada bailarín. El arte, para él, siempre sale cuando se lleva adentro.

Miércoles, 03 de septiembre de 2014 | Por Maria José Lavandera

Esta edición del YAGP contó con la participación de uno de los grandes bailarines argentinos: Maximiliano Guerra, quien este año también fue jurado en la prestigiosa Competencia de Varna, de la que fue ganador de la Medalla de Oro en 1988.

Maxi, como lo llama su público, vive este rol como jurado desde una perspectiva de acompañamiento y comprensión del momento cronológico que viven los chicos que se presentan: “Es muy difícil porque tenemos un ojo entrenado para ver lo errores. Cuando estamos dirigiendo, cuando montamos una coreografía, cuando bailamos con alguien, cuando nos miramos a nosotros mismos, tenemos este ojo directo al error. Es muy común caer en ver lo que se equivocó. Y en ese momento tenés mucho poder: depende de lo que yo opine de esta persona, cómo le vaya a ir. No en su carrera, sino que en ese momento. Tenemos que tener presente siempre que estos momentos son una etapa más en la carrera de cualquiera. Hay gente que ha ganado medallas de oro y no ha hecho carrera. Hay gente que no ha ganado nada y ha hecho carreras maravillosas. Tenemos que tener en cuenta eso. Pero también tenemos la oportunidad de darles un empujón a esos chicos. Estos momentos son muy importantes. De nuevo, como momento, no como carrera”, aclara.

Maxi Guerra: "Más allá de si le falla la pirueta o no, pero que no pierda el espíritu de que sea siempre un juego, una diversión". Foto: REVOL.

Maxi Guerra: “Más allá de si le falla la pirueta o no, pero que no pierda el espíritu de que sea siempre un juego, una diversión”. Foto: REVOL.

R: Se habla tanto del presentarse o no a un concurso, de si es más o menos útil, ¿vos qué pensás?

MG: Es una etapa. Es una prueba más de tu carrera. Acá salís con un puntaje, una medalla o no. Y, si lo pensás, no es más ni menos que la prueba de todos los días salir a hacer una función. En lugar de verte cinco jurados, te ven 10.000 personas y tenés que tratar de gustarle a la mayor cantidad posible. Estas cosas también te ayudan, quizás, en un punto. Presentarte en un escenario siempre ayuda y te permite reforzar la idea de que no tengan la pretensión de gustarle a todo el. Yo siempre les recuerdo esto a mis alumnos, a mis bailarines. Siempre habrá alguien a quien no le gustará lo que hicimos. Yo he tenido funciones en que he sentido que bailé la peor función de mi vida y al salir, las devoluciones de la gente, fascinada por lo que había hecho. Había una diferencia muy grande entre esas opiniones y lo que yo sentía. Y hay funciones que yo sentía que había bailado como los dioses, y me dicen ‘ay sí, qué bien, gracias’ (risas). Te preguntás cómo es esto, ¿no?

Por su parte, el adolescente siempre va a querer hacer despliegue técnico porque está sorprendido por eso. Por los grandes bailarines, que han grandes proezas técnicas. En este sentido, buscan eso. Está bien que lo busquen. En la competencia misma va a saltar el que sólo busca eso o la personalidad que tiene algo de artista atrás. Eso traspasa más allá. Aunque no se lo propongan, aparece siempre. El verdadero artista, aparece siempre por más que haya alguien al lado que salte 10 cm más. Siempre va a aparecer. No creo que las competencias estén ni bien ni mal, sino que son un escalón más en la carrera de un bailarín. Sirve muchísimo para medirse con pares, más allá de que ganes o no. Está bueno el abrirse a mirar qué pasa con otro que está en otra escuela a ver cómo logra determinadas cosas y cómo las puedo lograr yo. Pero no por la competencia con el otro, sino con uno mismo. Es abrir y ver.

R: ¿Qué has notado en los chicos que se presentaron aquí?

MG: Los noto bien. Hay una cosa que es muy compleja, que es juzgar en una etapa del crecimiento de estas personitas que tienen 10, 11, 12 años, 14. Están en una etapa física, hormonal muy complicada. Las chicas, sobre todo. Es muy difícil, porque les ves un potencial. Todas tienen condiciones. De todas las que vi, quizás tres no tienen condiciones, lo cual tampoco quiere decir que no puedan bailar. Conozco bailarinas que sin condiciones han hecho carreras muy importantes, porque han sido muy inteligentes en el trabajo. A la larga, ha conseguido resultados muy lindos. Las ves tan chiquitas, es muy difícil juzgar. Es como ver a mis hijas. Las veo y me da ternura cómo bailan. En cierto modo está todo bien lo que hacen. Más allá de que les salga un poco mejor o no.

R: ¿Cómo funciona la evaluación?

MG: Lo bueno es que no se los juzga en un sentido negativo. La planilla que marcamos tiene diversos ítems que se van tildando o cruzando. Lo que me gustó al ver la planilla es que la tilde implica que está bien lo que hacen, que van bien por ese camino, pero la cruz significa que “tiene que trabajar en…”. Eso está buenísimo, porque cuando los chicos lo ven, leen qué pueden mejorar, no descartan su posibilidad. La idea es que encuentren sus caminos. Yo considero que “el mejor” es relativo. Creo que en la danza hay lugar para todos. Hay mejores, por supuesto que los hay, pero, sobre todo, hay diferentes. Somos todos distintos. Sí vas a estar en distintos niveles en cuanto a los logros. Pero la competencia no debe ser contra el otro, sino que siempre debe ser con uno mismo. Eso de estar participando en competencias debe ayudar como apertura de cabeza y de ojos a ver qué podés mejorar. La danza es muy visual. Se aprende mucho viendo y si sabés tomar lo que te gusta de otras personas y lo empezás a probar en vos mismo, vas a empezar a ver otros caminos.

R: ¿Qué es lo que más te llama la atención cuando ves a los participantes?

MG: Que se sienta cómodo en el escenario. Que vea que no está sufriendo su performance, sino disfrutando. Más allá de si le falla la pirueta o no, pero que no pierda el espíritu de que sea siempre un juego, una diversión, porque eso es lo que sentimos como jurado y como público. Hay quien tiene más an dedans, más en dehors, hay quien tiene más extensión o que salta más o menos, pero están todos en el escenario. Ahí lo ves. Algo que no es nada fácil y menos delante de cinco personas iluminadas que te están juzgando. Hay que tener coraje para eso.

R: ¿Qué recordás como aquello que marcó tu definición como profesional?

MG: A mí me pasó que a los 16 años me hayan aplaudido tanto y empujado tanto en el Teatro Argentino de La Plata, fue muy positivo. Una vuelta de tuerca en mi carrera fue la Medalla de Oro de Varna, pero en el Teatro Colón, previo a eso, tuve mi primer protagónico elegido por Pierre Lacotte, en La Sylphide y creo que ese fue el click de pensar que podía hacer eso. Antes no me daba cuenta que lo buscaba. Dije: ‘Ah mira, yo puedo hacer esto, qué bueno’. Y esa vez el Colón se venía abajo. Ahí me dije: ‘Acá vamos’. Me subí a la moto y partí, porque entendés que vas bien por ese lugar. El público fue muy cálido conmigo y eso lo agradezco mucho hasta hoy.

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