Nicolai Gorodiskii: Un talento sin fronteras

Ganador de las Medallas de Bronce en la Competencia Internacional de Moscú (2013) y en Varna (2014), Nicolai elige la Argentina. Acaba de participar en la IV Gala Internacional de Ballet de Buenos Aires y será parte del Ballet Estable del Teatro Colón.

Miércoles, 10 de Septiembre de 2014 | Por Maria José Lavandera

Nicolai Gorodiskii llegó a la Argentina muy pequeño desde su Ucrania natal. Un año tenía nada más, cuando sus padres médicos decidieron alejarse del fantasma de Chernobyl, para criarlo. Casi por casualidad comenzó en la danza, una disciplina que le tenía guardadas muchas satisfacciones, además de la más placentera que uno puede encontrar en la vida: la certeza de haber hallado su pasión y poder llevarla adelante. Este muchacho de 18 años –de porte principesco, muy simpático, caballero y muy apasionado por lo que hace-, cuenta en perfecto español aporteñado que hasta ahora fue reconocido en diversas competencias internacionales, tales como la Competencia Internacional de Beijing en 2010 y 2012 –a la que llegó luego de participar en Danzamérica-, la IV Competencia de Ballet de Praga en 2012, la Medalla de Bronce en la Categoría Solista Junior en el Concurso Internacional de Moscú –el mismo que ganaron Julio Bocca y Herman Cornejo- en 2013 y este 2014, la Medalla de Bronce en la Competencia Internacional de Varna, donde, según puede observarse en algunos videos en Youtube, ya había logrado un interesante club de fans que lo vivaba en cada una de sus salidas.

Es que Nicolai tiene mucho talento. Y entrega. Esta cronista pudo verlo en acción como especial invitado junto a las estrellas convocadas en la IV Gala de Ballet de Buenos Aires los últimos días de agosto de 2014, donde su Corsario demostró aplomo y una vigorosa expresividad. Es que su juventud le imprime también una entraña potente a sus interpretaciones. Le gustan los personajes de carácter, donde puede demostrar su fuerza interior.

No obstante, como decíamos, no siempre fue la danza el centro de su vida. “Yo antes jugaba al fútbol. Empecé a bailar porque un día vino una paciente de mi mamá –que es kinesióloga- a su consultorio, una bailarina del Teatro Colón y me preguntó si yo bailaba. Le dijo a mi mamá que había unos exámenes para entrar en el Colón y que ella me veía físico para lograr el ingreso, que por qué no me probaba. Tenía 11 años y tenía buen cuerpo, porque siempre me gustó jugar todos los deportes, fútbol, básquet. Así que me presenté para ver qué era. Yo fui, pero no sabía nada de danza. Jamás había tomado una clase. Y terminé directo en el Instituto [Superior de Arte] del Colón. Igual no sabía bien qué quería hasta que vi a Julio Bocca en ‘El Lago de los Cisnes’ en el Luna Park, en una de sus funciones de despedida. Me enamoré de la danza, viéndolo a él. Así empecé a trabajar en serio y no pude más vivir sin la danza”, relata Nicolai, con especial calidez.

Estudió en el ISA desde los 11 -cuando junto a la Maestra Rina Valverde dio sus primeros pasos- hasta los 14, cuando, luego de su primera participación en Beijing, fue becado para estudiar en la Opera Estatal de Viena durante tres años hasta 2013. Luego, fue elegido por el otrora étoile de la Opera de Paris, Manuel Legris, Director del Ballet Estatal de Viena, para integrar la compañía, donde permaneció por seis meses. Pasó después a integrar el Ballet Nacional de Croacia, donde trabajó como solista hasta este año.

R: O sea que la danza te tomó por sorpresa. Yo hubiera pensado que quizás tus orígenes tenían que ver con esta elección…

NG: Yo también me sorprendí (risas). Para entrar al Colón éramos como seis chicos y noventa y cuatro chicas. Era dificilísimo. Al principio no me importaba. Yo vine a hacerlo por mi madre, que le gustó la idea. Si entraba, entraba, pero no me era demasiado problema. De hecho, no terminé el tercer examen, que ya era bailar, porque tenía un partido de fútbol (risas).

R: No me digas que te fuiste…

NG: Y sí. Le dije a la preceptora que no me podía quedar mucho más y me fui. Mi madre me vio salir y se preocupó. Entonces le preguntó por qué era yo el primero que bajaba y ella le contestó que era porque yo le había dicho que tenía que irme a un partido de fútbol. Mi mamá entonces me dijo ‘no, olvidáte que vas a lograr algo acá’. Luego de dos semanas, fuimos a mirar la lista de los seleccionados, pero así como sin ninguna expectativa. Mi madre dijo que fuéramos para revisar, sin sentir que iba a pasar nada. Y estaba seleccionado. Fue increíble. Ni yo me creo cómo fue que empecé a bailar. Al final, resultó. Amo la danza. No puedo sin la danza.

Nicolai, compitiendo en Moscú, donde obtuvo la Medalla de Bronce. Foto: Gentileza Nicolai Gorodiskii.

Nicolai, compitiendo en Moscú, donde obtuvo la Medalla de Bronce. Foto: Gentileza Nicolai Gorodiskii.

R: ¿Qué es lo que te sedujo de bailar?

NG: Me gusta la energía, la música, algo que no sentía en otras actividades. Era distinto. Sentía la música y podía expresar todo lo que en realidad sentía, sin palabras. Es lo mejor, bailar. Sentís una adrenalina, unas ganas. Cuando terminás ensayos a la noche, terminás que no podés dormir. Es muy loco. Y siempre te quedás pensando qué podrías haber hecho mejor. Hay que buscar la perfección. Cada día más.

Cuenta Nicolai que, hasta su incursión en la danza, nadie en su familia se había acercado a este mundo. “Mi madre soñó bailar pero ella nació en un pueblo muy pequeño y muy lejos de la capital, de Kiev. Ella siempre quiso pero la madre le decía que estaba muy lejos, que era muy caro. Y nunca pudo. Así que quizás le realicé el sueño a mi madre (risas)”, relata con su sonrisa permanente.

Y llegó a Varna no sin dificultades y desafiándose a sí mismo, incluso. “Decidí ir a Varna porque eran los 50 años del concurso. Es el más antiguo. Más que Moscú, por dos años. Es muy importante ir. Tuve muchos inconvenientes en el medio, porque justo antes de ir a Varna, me lesioné en un ensayo de “Alicia en el País de las Maravillas” en Croacia. Me caí y me hice un esguince. Me dijeron los médicos que tenía que hacer tres meses de reposo y que no podía bailar. Faltaba sólo un mes para Varna y yo no quería perder la oportunidad. No iba a dejarlo pasar porque trabajé tres meses hasta las once de la noche todos los días. Estaba decidido a no dejarlo pasar. Sólo descansé el último mes, así que salí a Varna sin clase. Hasta ahora tengo el esguince. Y los doctores, los maestros me decían que era muy peligroso que fuera así, pero yo quería ir igual. Y fui y me fue bien gracias a Dios. Fue difícil”, cuenta Nicolai. Interpretó, entre otras, las variaciones clásicas de “El Corsario” y “Llamas de Paris” y en lenguaje contemporáneo, una variación llamada “Phoenix”, de la coreógrafa Anabella Tuliano, y “Milonga de mis amores”, coreografiada por el Maestro Marcelo Antelo, quien es uno de sus maestros actuales.

R: ¿Cómo se viven estas competencias, algunas de las más exigentes del mundo?

NG: Moscú es difícil por el declive del escenario en el Bolshoi. Y es muy grande, más que el Colón. Imagináte bailar solo. Te desplazás un montón y es difícil porque no te acostumbrás. Los chicos del Bolshoi tienen ya las salas de ensayo en declive. Ya están listos para bailar ahí. Varna lo que tiene de difícil es que es un escenario abierto. Y lo que me sorprendió, que nunca imaginé que sería así, es que el piso es de madera. Esto significa que tenés que bailar como esté. Si llueve, lo secan con fuego, pero queda re pegajoso. No usan tapete, porque dicen que es tradicional y me dijeron que no lo iban a cambiar nunca. Así que aparecen muchas dificultades con esto de que es al aire libre. De pronto te sobrevuelan murciélagos (risas). Te lo juro. Es que es de noche. El concurso empezaba todos los días a las 9 de la noche. Como hace tanto calor –hace como 40 grados en verano- duraba hasta la 1, 2 de la mañana y aparecían los murciélagos, de todo.  Es extraño. Cada día es distinto. Vos ensayás en el escenario a la tarde y lo sentís bien, aunque a la noche ya pasa otra cosa. Cada día cambia, porque al ser abierto quizás un día te toca húmedo, otro resbaloso. Cada vez es una sensación diferente. Es de locos.

Nicolai Gorodiskii en el difícil escenario de Varna. Aquí, vuela en la milonga que le coreografió el Maestro Marcelo Antelo. Foto: Gentileza Nicolai Gorodiskii.

Nicolai Gorodiskii en el difícil escenario de Varna. Aquí, vuela en la milonga que le coreografió el Maestro Marcelo Antelo. Foto: Gentileza Nicolai Gorodiskii.

R: Qué desafío, Nicolai. ¡Ahora ya podés bailar en donde sea! ¿Te esperabas este resultado?

NG: La verdad que no lo esperaba después de tanto lío. O sea, yo trabajé duro pero no me lo esperaba. Como me dijo Tatiana Eremicheva, maestra rusa de Vaganova [quien lo ayudó y lo acompañó generosamente en el proceso de la Competencia de Varna, con quien mantiene hoy una gran amistad]: ‘Si vos trabajás, la danza te lo va a devolver’. Si te empeñás y le das todo, la danza te lo devuelve. Vas a tener el fruto. Todo tu trabajo da su resultado. Estoy muy contento.

R: La gente te ovacionaba…

NG: Es importante interpretar. A mí me cansa mucho cualquier variación porque cuando entro, doy todo. El corazón, el sentimiento, la pasión. Mucha gente que estaba sentada en Varna, viendo el concurso, me decía que desde arriba incluso sentían la energía cuando entraba. Y me pone feliz que le haya dejado una buena sensación a la gente. Todos me dijeron que me estaban esperando, que quieren que vaya de nuevo para ganar.

Pero, aunque lo disputen desde los escenarios europeos, resulta que Nicolai tiene una sorpresa preparada para el público local de danza: “Extraño mucho la Argentina, así que ahora decidí quedarme. Voy a bailar junto a la compañía del Teatro Colón. De hecho, en la próxima producción de ‘Giselle’ [en octubre de 2014], voy a tener un rol solista, voy a bailar el Pas- Paysan. Me gusta mucho el Teatro Colón, así que me quedo como parte del cuerpo de baile. Estoy muy feliz además con mis maestros de siempre. Estoy contento que voy a poder trabajar con ellos también de nuevo, porque hace cuatro años que me fui. Mucho tiempo”.

R: Te gusta Argentina…

NG: Ay, me encanta Argentina. Es que yo ya estuve en muchos lugares. Estuve en Italia, en Austria, en Alemania, en varias galas. Y ahora tengo 18 años. Me quiero quedar algunos años acá, disfrutando. Quizás hasta el nuevo concurso de Varna, cuando vaya con el pasaporte argentino para representar a este país.

En "El Corsario", como parte de la IV Gala de Ballet de Buenos Aires, en agosto de 2014. Foto: Agustín Mangialavori. REVOL.

En “El Corsario”, como parte de la IV Gala de Ballet de Buenos Aires, en agosto de 2014. Foto: Agustín Mangialavori. REVOL.

R: ¿Qué te gustaría lograr como bailarín?

NG: Mi sueño es el American Ballet Theatre, porque mi bailarín favorito es Misha Baryshnikov. Es la compañía en la que siempre quise estar. O la Opera de París. Más me gustaría estar en el ABT, que tiene un repertorio que me gusta mucho. También mi sueño es hacer películas. Me gustaría ser actor. Me gusta mucho trabajar esa parte, no sólo la técnica de la danza. Me encanta interpretar.

Alto y apuesto, Nicolai sonríe y despunta reminiscencias de un príncipe de cuento, algo que, cuando se lo digo, lo hace sonrojar un poco por primera vez en la conversación. “Igual mi rol favorito es Basilio [Don Quijote]. Vladimir Vasiliev en Varna me dijo que era mi rol perfecto. Y yo lo siento también. Igual todos me dicen que doy mucho para un príncipe, aunque me gusta algo más energético ahora” (risas). Y será lo que desee. Esto recién comienza para él.

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