Paloma Herrera: “Toqué el cielo con las manos cuando entré al ABT y el resto fue todo yapa”

Intensidad, trabajo y disciplina son palabras que suenan cuando Paloma Herrera repasa su trayectoria. A poco tiempo de despedirse de los escenarios, la bailarina, que disfruta de un merecido descanso, rodeada de sus afectos, se encontró con REVOL y habló de sus recuerdos, su tenacidad para trabajar y sus proyectos vinculados a la docencia.

lunes, 18 de abril de 2016 | Por Melina Sólimo

“Estoy eternamente agradecida con la vida, no pude haber pedido más”, sentencia Paloma cuando recuerda el 2015 que la vio bailar por última vez. Luego de sus presentaciones en el escenario del Teatro Colón con Romeo y Julieta, la artista realizó una gira por el interior del país e interpretó Giselle, acompañada por el Ballet Estable del Teatro Colón y pasó también por los escenarios de países vecinos, como Uruguay y Paraguay. “Todos los públicos fueron muy parecidos, muy demostrativos y cálidos. Mis funciones son iguales en todos los lugares del mundo, no me importa el lugar ni el escenario”, subraya Paloma, que se consagró como la artista más joven en alcanzar el rango de Principal Dancer del American Ballet Theatre, en sus 75 años de historia. “El ABT fue mi casa, mi familia, mi carrera, mi todo, por eso estuvo bueno que la despedida fuera primero ahí y después en Argentina, así tuve tiempo de ir digiriéndolo”, reconoce.

Con la paz que se tiene cuando se está de vacaciones, Paloma recuerda los detalles de su último vuelo con los ojos vidriosos y una sonrisa repleta de gratitud. “No importa que sea el teatro más grande del mundo o el más chiquito, porque cada función es única y diferente, pero yo bailo de la misma forma. Fue un año muy intenso, jamás en mi vida había bailado tanto, fue como un maratón. Creo que, hasta el último día, como en todos estos años, lo que dejé de ejemplo fue mi ética de trabajo, de disciplina, porque se supone que uno en la despedida baila algo chiquito o fácil y no fue así: yo tuve que lidiar con las situaciones más caóticas, con escenarios de diferentes tamaños, inclinados, con agujeros”, reflexiona e ironiza: “Lo que no te mata, te hace más fuerte”.

Foto: Santiago Barreiro.

Foto: Santiago Barreiro.

Al recordar los diferentes teatros del mundo que la vieron bailar, Paloma reconoce su nivel de perfeccionismo, pero aclara que no tiene que ver con las condiciones edilicias ni económicas, sino con la responsabilidad y el profesionalismo con que se enfrentan. “El tema no es cuánto se tiene, sino cómo se hacen las cosas. He bailado en Cuba, donde no tienen muchos recursos pero, aunque lo hagan a los ponchazos, las funciones salen impecables y allí tuve las mejores experiencias de mi carrera, ya que el público es maravilloso y es una cultura que sabe muchísimo de ballet. Me gustan las cosas bien hechas por eso también adoro Japón, donde todo es perfecto y está todo tan impecable que hasta se podría comer del piso”, bromea, mientras remarca: “Puedo lidiar con cualquier cosa menos con el desgano: las llegadas tarde a los ensayos, las ausencias, que las cosas fallen por mala voluntad no me gusta, soy súper dura. Por eso, cuando pregunten cómo es trabajar con Paloma, depende a quién le pregunten, va a ser la respuesta.  Soy facilísima y no tengo divismos de ningún tipo, no me importa el camarín ni nada, sólo que las cosas salgan bien. Puede haber errores, pero no por desgano”.

R: ¿Cómo fue compartir tu gira despedida con los jóvenes bailarines del Teatro Colón?

PH: Bailar en el Colón, que fue como mi segunda casa, fue hermoso y estoy eternamente agradecida al teatro porque hice una gira maravillosa. Hacer la última función en una provincia, en Mendoza, donde fue íntimo, pero a la vez intenso, es un momento que va a quedar en mi corazón. La compañía fue súper linda y los bailarines se emocionaron mucho, pusieron todo. Creo que mi forma de trabajar fue muy movilizante para las nuevas generaciones, porque hasta el último día fui la primera en llegar al teatro y en hacer la clase completa con toda la compañía. De eso es de lo que estoy más orgullosa, porque espero poder dejar un ejemplo de trabajo fuerte a los jóvenes, ya que soy una bailarina que, a punto de retirarse, siguió lidiando con todos los detalles, intentando dar lo mejor, impecable físicamente… lo cual es increíble, porque siempre hay lesiones, he tenido muchísima suerte. Jamás me lesioné, jamás cancele una función, y por eso también me retiro, porque uno tiene mucha dedicación. No sólo son las funciones, sino que es todo el día dedicado a la carrera, con clases y ensayos, cuidarse con las comidas, no tomar, no fumar. Por todo eso, he tenido una carrera maravillosa que me lo recompensó.

Foto: Santiago Barreiro.

Foto: Santiago Barreiro.

R: ¿Tenés anécdotas en escena?

PH: Tengo millones de anécdotas (risas). Una vez, me agarró un blanco y me olvidé la coreografía. Estábamos con Juan Pablo Ledo. Yo siempre le dije a él que me siga, porque uno ensaya, pero cuando se sube al escenario quizás no hace siempre lo mismo. Yo lo miraba porque no sabía qué hacer y salimos de la situación porque nos llevamos muy bien, pero fue muy gracioso (carcajadas).

Aprendiendo a volar…

“Yo dormía con las zapatillas de punta”, reconoce Paloma, quien fue bautizada, como muchas veces se ha dicho, como un presagio. “Me sentí súper identificada con mi nombre, con el hecho de poder volar y de sentirme libre de hacer lo que quise siempre. En mi familia no había bailarines, pero mejor nombre no me pudieron haber puesto”, acepta, quizás un poco cansada del tan trillado vínculo entre su nombre y su profesión. “De chiquita me llevaron a expresión corporal y me encantaba, pero yo le dije a mi mamá que quería bailar con puntas y me llevó a lo de Olga Ferri”, repasa la bailarina prodigio que, desde los 7 años, supo abrirse camino en la profesión, guiada por su maestra. “Yo he sido todo lo que soy gracias a ella, no sólo en lo técnico y lo artístico, sino en la personalidad. Era súper exigente, sus enseñanzas me dejaron marcada a fuego, por la intensidad con la que se trabajaba, que no daba chance a relajarse. Fue más que una madre, fue una relación muy intensa. Me acuerdo que odiaba los concursos, pero me encantaba la preparación porque estaba todo el día con ella, entonces era la excusa perfecta para vivir en el estudio, hasta los feriados y fines de semana. Olga venía a casa, me teñía las puntas, armábamos la música”, recuerda, mientras intenta disimular la emoción.

Foto: Santiago Barreiro.

Foto: Santiago Barreiro.

Su amor por las zapatillas de punta fue a primera vista. “Yo adoraba las puntas, las chicas más grandes me decían que las iba a odiar, que me iban a salir ampollas, pero eso no me paso jamás en la vida. A los 9 años, Olga me acompañó a probármelas porque en esa época se hacían a medida y tuve que esperarlas un mes, casi me muero. Para mí las puntas eran como mágicas y el día que me las puse fue lo más”, relata, con la alegría y la inocencia de aquel entonces iluminando su rostro. “Siempre las adoré y han sido maravillosas para mí, como parte de mi pie. Olga nos enseñó que no había que ponerse nada, sino sentir la zapatilla en la piel, por eso nunca usé algodón, silicona ni nada, jamás, hasta el último día que me saqué las zapatillas por última vez, y las dejé en el escenario”, celebra.

R: ¿Qué momentos de tu carrera te marcaron? ¿Hay un ballet que haya sido especial?

PH: Toqué el cielo con las manos cuando entré en la compañía del ABT y el resto fue todo yapa. Nunca me propuse nada. Yo mirada videos del ABT y pensaba qué lindo sería llegar, como uno puede pensar qué lindo llegar a la luna, pero jamás pensé que me iba a pasar. Viajé a Nueva York a los 15 años por una experiencia de un mes en la School of American Ballet [N. de la R.: la escuela de la compañía New York City Ballet, creadas ambas por George Balanchine], escuché que había audiciones en el ABT y fui porque yo amaba a la compañía. Estaba feliz de la vida para ver a esos bailarines, que para mí eran como extraterrestres, era todo como un sueño, aunque en esa época el ABT era muy cerrado y sólo les daba trabajo a los americanos. Yo me volvía al otro día, pero después de la clase me ofrecieron contrato como cuerpo de baile, dije que sí y firmé aunque mis papás no sabían nada. Me fui saltando, corriendo, llorando y gritando a lo de las monjas donde vivía. Fue una de las experiencias más increíbles de mi vida.

De los ballets que he bailado, creo que Don Quijote fue el que más me marcó, porque teniendo 10 años hice el rol de Cupido principal en el Colón y después fue el primer rol que hice como solista, y luego como primera bailarina, en el ABT. La gente siempre me reconoce con ese ballet y si escucho la música de Quijote, me moviliza porque la viví desde muy chiquitita.

R: Comentaste que tus pasos a seguir tendrán que ver mucho con la docencia…

 PH: Me encanta, doy algunas clases desde hace varios años. Tengo ganas de tener tiempo para mí, para descansar y para poder dar más clases. Me encanta poder ver talento y poder ayudar con mi propia experiencia de vida, porque creo que eso es más importante y es muy interesante. Yo siempre digo que soy mucho del trabajo, pero más de la cabeza, porque tuve mucha contención de mi entorno, mi familia y mis maestros, es un cóctel muy fuerte. Soy tan agradecida a mis papás, porque ellos me han dado la libertad, la seguridad, la confianza, para que yo hiciera lo que me hiciera feliz. Yo iba al colegio con el rodete tirante y mis compañeros me cargaban y a mí no me importaba nada, iba feliz por la vida. También tuve maestros que me brindaron su confianza, ya que hay que estar preparado para afrontar emociones y frustraciones, y a veces eso es lo que falla o falta en el aprendizaje. Por eso pienso a través de la docencia uno puede transmitir lo que hay que repetir y lo que no, lo bueno y lo malo, ya que con la técnica sola no alcanza. Seguro armaré algún proyecto propio, pero más adelante, por ahora quiero descansar y disfrutar luego de tanta gira y tantas emociones vividas. Mientras tanto, ya tengo el cronograma de clases que voy a dar en Nueva York, porque quiero seguir mi vínculo con la gente del ABT y después veré cómo sigo.

Foto: Santiago Barreiro.

Foto: Santiago Barreiro.

R: ¿Cómo te gustaría que te recuerden?

PH: La verdad que no sé, pero sí creo que me retiré ahora porque quiero que queden de mí sólo lindos recuerdos. Creo que uno tiene que ser generoso y no quedarse sólo por el hecho de estar en el escenario y recibir el aplauso. Hay que dejar lugar a las nuevas generaciones, dar nuevas oportunidades, saber retirarse a tiempo y dejar buenos recuerdos en la retina del público.

Foto: Santiago Barreiro.

Foto: Santiago Barreiro.

Agradecemos especialmente a Santiago Barreiro, fotógrafo oficial del SODRE, por el bellísimo material que nos cedió de la función de despedida de Paloma Herrera en Montevideo en 2015.

Galería de Fotos

(Hacer click en cada una de las fotos para agrandarlas)

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Comentarios

  1. Ana

    Qué hermosa entrevista!! Pero triste porque Paloma no tiene planes para dar clases en Argentina. Hace mucha falta aquí.! Felicitaciones a la revista y por supuesto nuestra admiración y reconocimiento a Paloma.

  2. Paola

    Hola! En su página tiene programadas clases en Argentina. Saludos

*

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