Sergei Polunin

Por María José Lavandera Y allí estaba él, con un buzo con un James Dean estampado, un jogging y zapatillas negras, tipo All Star. De pronto, levantó la mirada y ahí estaba yo, a punto de entrevistar a quien es considerado hoy el mejor bailarín del mundo. Me recibió con un beso en la mejilla […]

Martes, 27 de agosto de 2013 |

Por María José Lavandera

Y allí estaba él, con un buzo con un James Dean estampado, un jogging y zapatillas negras, tipo All Star. De pronto, levantó la mirada y ahí estaba yo, a punto de entrevistar a quien es considerado hoy el mejor bailarín del mundo.

Me recibió con un beso en la mejilla y una sonrisa encantadora. Se paró, con una caballerosidad impecable, en cuanto me presentaron, y me invitó con un ademán principesco a sentarme allí, en un pequeño living en uno de los elegantes salones del hotel Park Hyatt Palacio Duhau. Así dio lugar el desconcierto frente a este muchacho: traté de buscar en sus ojos celestes qué es lo que hay allí de endemoniado, de ese alma rebelde y alocada que tanto se ha comentado alrededor del mundo. Mi estómago, de hecho, refulgía en esa previa pensando qué me iba a encontrar. Y, sin embargo, allí estaba él: un muchacho algo tímido, de hablar pausado y silencioso, que suple cualquier deficiencia en la comunicación idiomática con una dulzura que, por el contraste con la expectativa, termina por ser cautivante.

Es él. Sergei Polunin, hoy estrella del Stanislavsky Ballet de Moscú, y a quien han denominado como el sucesor de Nureyev, nos visita por primera vez a propósito de la 3° Gala de Ballet organizada por Grupo ARS, que se llevará a cabo los próximos 29 y 30 de agosto en el Teatro Coliseo.

Sergei Polunin, un hombre valiente y sensible. Un bailarín excepcional. Foto: Zoo Magazine

Sergei Polunin, un hombre valiente y sensible. Un bailarín excepcional. Foto: Bryan Adams para Zoo Magazine

Como su partenaire actuará la deliciosa bailarina del Teatro Colón Luciana Barrirero, quien interpretó el protagónico de “Alicia en el País de las Maravillas” en la puesta de Alejandro Cervera durante las recientes vacaciones de invierno [Ver: Luciana Barrirero: una estrella naciente]. Interpretarán juntos el Pas de Deux de “Diana y Acteón”: “La última vez que la bailé fue en Tokio, hace un año. Es muy técnico y bastante desafiante. Ahora tenemos un par de días para ensayarla, así que seguramente saldrá muy bien”, comentó, risueño. Agregó: “Disfruto mucho la danza clásica. Me gusta, por ejemplo, ‘Giselle’. De ‘El Lago de los Cisnes’ he bailado una versión que no es la habitual, la de Vladimir Burmeister, que también sale del estilo más conocido y me gusta”. En esta ocasión él bailará también solo la variación masculina de “Coppelia”.

Primer encuentro entre Barrirero y Polunin, antes de la función que los unirá en "Diana y Acteón". Foto: María José Lavandera

Primer encuentro entre Barrirero y Polunin, antes de la función que los unirá en “Diana y Acteón”. Foto: María José Lavandera

Entre risas y algunas miradas cómplices, de pronto, este bailarín no resultó ni tan misterioso, ni tan polémico, ni tan “niño malo” como esperaba que fuera. Emergió así, al menos ante mi mirada y en ese instante, un chico tierno y despojado –hoy tiene sólo 24 años- que quizás poco está tan enamorado del ballet, como el ballet está enamorado de él. Tampoco es forzado su rechazo al estrellato: simplemente es simple. Ni un príncipe ni un astro a tiempo completo. Sólo una persona que valora mucho su tiempo y su libertad –tal como lo refuerza a lo largo de nuestra charla- y espera que ser bailarín pueda ser una carrera que respete sus parámetros.

Es así que, habiendo comenzado gimnasia a los 4 y danza a los 8, habiendo emigrado solo a los 13 años a Inglaterra desde su Ucrania natal, a sus tiernos 22, a cuestas de lo que normalmente se asume como la cumbre del éxito, decidió dar un paso al costado y preguntarse qué de todo eso era su elección. A sus 19 años fue el Primer Bailarín más joven del Royal Ballet de Londres, pero renunció a estos honores de modo bastante grandilocuente debido a las presiones de agenda que decía ya no soportar. Frente a tanta corrección británica, se convirtió así en una suerte de ser mitológico de la danza internacional por rechazar los estándares y jerarquías bajo los cuales elegía no vivir.

Hoy, en otro plano, ejerce la danza a su manera. Relajado, la vive lejos de aquel paradigma del bailarín sacrificado y a la orden del día. De hecho, Sergei no tiene problema en admitir que no le gusta ensayar y que él realiza solo y por su cuenta sus prácticas diarias: “No me gustan los ensayos generales: cuando uno tiene que esperar las indicaciones, estar ahí parado, todo se hace muy lento. Es un poco aburrido. No me gustan los ensayos en grandes grupos. Me gusta más ensayar por mi cuenta. Me gusta la libertad que me da”, aclaró.

“Para mí, cuando uno es joven nunca debiera sentirse demasiado cómodo", nos dijo Sergei Polunin. Foto: María José Lavandera.

“Para mí, cuando uno es joven nunca debiera sentirse demasiado cómodo”, nos dijo Sergei Polunin. Foto: María José Lavandera.

De hecho, no tiene muchas prerrogativas en relación a la perfección que se le arroga: “No creo que me interese mucho la perfección. Como no ensayo mucho, cuando las cosas me salen, la verdad es que estoy agradecido de que me salgan. Podrían no salirme y sin embargo me salen (risas). Simplemente salgo a disfrutar la función. Hoy trato de contar con mi tiempo lo más posible”, nos dijo. El ballet parece ser ahora, en plena reconciliación con él, un instrumento para encontrarse como artista y para disfrutar de lo mejor de sí mismo: “Personalmente me gusta la actuación que el ballet conlleva. Me gusta también la parte de los saltos, pero me parece que porque soy bueno en eso (risas). Por otra parte, no soy tan bueno haciendo las piruetas y no me gustan tanto”.

Sin embargo, su técnica vigorosa se combina con emotiva expresividad y termina por hacer magia en el escenario. He aquí el secreto, en sus palabras: “Creo que lo que me define como artista es que uso los movimientos más naturales de la escuela inglesa y algunas cosas de la escuela rusa, que es más enfática, se tratan de lograr posiciones más enérgicas y pronunciadas. Las piernas en Rusia son más fuertes, en Inglaterra son más clásicas. Creo que llevo esa combinación. ¡Así que en Londres me dicen que bailo demasiado ruso, y en Rusia me dicen que soy demasiado inglés! (risas) Pero estoy contento de haber aprendido la parte más dramática en Inglaterra, la búsqueda de los personajes; en Rusia se trata más de lograr ciertas posiciones”.

Desde Moscú a Buenos Aires

“De Argentina sólo sabía de su fútbol, de Maradona (risas), pero no sabía mucho más. Fui a Brasil hace un par de años. Es muy lindo visitar un país, explorar y ver su cultura, las diferencias”, aclaró. Y por supuesto, conoce también, subrayó, a Marianela Nuñez, “porque estuvo conmigo en el Royal Ballet”.

¿Expectativas de encuentro con este público nuevo? Aún es toda una incógnita para él: “Realmente no me imagino mucho cómo irá a reaccionar el público argentino. Es interesante el tema. De hecho, los públicos cambian mucho de país en país. Por ejemplo, en América son alocados, en Rusia gritan luego de un salto, interrumpen con aplausos en la mitad si les gusta lo que estás haciendo, pero en Londres nunca interrumpirían una interpretación. El público es mucho más calmo y contemplativo”.

Futuro indefinido

En consonancia con su perspectiva de vida, Sergei no hace planes. Vive su libertad, tomando sus decisiones, aprovechando las oportunidades. Y Rusia es un país que se las ofrece. La escena allí, nos cuenta, es más flexible que en Occidente y se adapta mejor a sus necesidades personales: “Esto [N. de la R.: la Gala en Buenos Aires] es lo último que hago antes de mis vacaciones. Este es mi último empujón (risas). En Rusia las cosas comienzan recién en octubre. Trato de no adelantarme mucho con los planes, ya que allí siempre surgen funciones de un momento a otro y puedo darme el espacio para elegir cuál es mejor, cuál me gusta más. Si planifico mucho, siempre me pasa que aparece algo mucho más interesante que aquello para lo que me comprometí. Tengo establecidas dos funciones, como mucho, pero no planifico mucho más, así puedo dejar los espacios para recibir las novedades cuando van saliendo. El año pasado, por ejemplo, hubo muchas cosas que salieron espontáneamente. Lo que me gusta de Rusia es que siempre cambia, todo el tiempo. En Inglaterra asumen planificaciones con dos años de anticipación. En Rusia, de un día al otro uno puede decidir tomar una performance. Eso me hace sentir libre, uno nunca se aburre”, contó.

Un chico reflexivo. Foto: Bryan Adams para ZOO Magazine.

Un chico reflexivo. Foto: Bryan Adams para ZOO Magazine.

Desafíos

Pocas personas se animan a rechazar el lujo de ser convertido en un ídolo de una de las instituciones más renombradas del mundo. Y será quizás ese vital coraje en combinación con una cierta delicada vulnerabilidad aquello que le impide conformarse y lo convierte en una persona tan única, que se desafía de modo constante a salir de sus lugares comunes. “Para mí, cuando uno es joven nunca debiera sentirse demasiado cómodo. Creo que uno tiene que sentirse un poquito incómodo y cuestionarse en ese sentido. Cuando uno está demasiado bien en una situación, deja de progresar. Este es el consejo que le daría a un joven bailarín”, aseguró.

Es que, en su caso, el artista emerge del hombre que él buscar ser. Y no al revés. Eso es, finalmente, lo que brilla y, claro, maravilla.

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