Gisela Munch: Cuando el maestro es también un guía para la vida

Gisela es una de esas maestras pendientes de todo lo que pasa con sus alumnos: la técnica, la expresión, las variaciones son sólo algunas de sus preocupaciones como docente de chicos que buscan una carrera en la danza y, como bien se sabe, casi nunca es fácil.

Jueves, 24 de Julio de 2014 | Por Maria José Lavandera

Gisela Munch es, ante todo, una persona de sonrisa dulce y abrazo cálido. Transmite seguridad, confianza. Uno simplemente se siente bien cuando está con ella. Si bien es maestra estable del staff de Ballet Estudio, ofrecerá estas vacaciones una serie de clases especiales de puntas y técnica clásica. Es egresada del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y, además de haber bailado en compañías independientes de danza contemporánea con coreógrafos de prestigio, se dedicó a la docencia. A nivel oficial, fue maestra también en la Compañía Nacional de Danza Contemporánea y hoy enseña a chicos en niveles intermedios y avanzados, con perspectivas profesionales, en clases de repertorio, partenaire, clásico intermedio y avanzado y puntas. Pero para ella hay mucho más en estas tareas que enseñar “los pasos” o “la técnica”.

“En realidad, tanto partenaire, repertorio, incluso puntas, en muchos casos, les sirve para probarse y que efectivamente se den cuenta cuánto les falta, qué les falta. Experimentar en sus cuerpos las sensaciones. Qué preparación física necesitan para subirse cómodas a las puntas. Pasa mucho con el taller de partenaire, que es básico, que funciona más como incentivo para que sepan cómo se tienen que armar y por qué es importante ese trabajo previo de colocación y fortalecimiento. No podés estar como un flancito. Mi misión creo que es un poco ‘despertar la chispa’, que se acerquen un poco más a los significados múltiples de ‘bailar’ y entiendan algo de la magnitud de lo que implica en trabajo, disciplina, interpretación, búsqueda personal”, cuenta Gisela.

Gisela Munch hace un trabajo personalizado y muy comprometido como docente de los futuros bailarines. Foto: REVOL.

Gisela Munch hace un trabajo personalizado y muy comprometido como docente de los futuros bailarines. Foto: REVOL.

 

Valorar la interpretación

Repertorio es un área muy requerida por las chicas y chicos que buscan un camino en la danza como profesionales. Es un espacio de creatividad y búsqueda, en el que Gisela pretende también enseñarles algo de historia de este arte  y algunos secretos de interpretación de distintos roles, en diversos estilos. “El año pasado hicimos “Raymonda” y este, “Apollo”, de Balanchine, todo un desafío. El trabajo comienza desde la teoría del caso. Les paso un breve resumen del argumento, lo hablamos, les explico detalles de su coreógrafo. Así van entendiendo lo que van a hacer. Después hacen un minuto de las cuatro horas que dura el ballet. Pero realmente es mucho que sepan lo que significa ese minuto y qué es lo que les toca hacer. Que lo puedan ubicar en el espacio del ballet y que sepan qué están interpretando en ese lugar, en ese momento. Es más que nada, eso. Son obras muy difíciles y las repetimos mucho. Vamos variando, mechando distintas obras y luego las volvemos a traer. Es muy lindo porque hay un progreso, ves que van creciendo. Son chicas, van madurando y se ve un cambio. Trabajamos sin perder la parte técnica para nada, porque donde tienen que poner más la atención es en eso. Lo más importante es que no pueden perder la técnica, porque aún tienen que perfeccionarla”, aclara Gisela.

Y también propone, desde este lugar, una aproximación a la valoración de la interpretación y empujar a que los chicos sigan investigando por sí mismos. “Lo que más veo es que yo de chica, con mis amigas, teníamos más curiosidad de los ballets, incluso de la parte de interpretación, más allá de la admiración de lo técnico o la habilidad física. Veíamos los 32 fouettes de toda gran bailarina, pero después me enganchaba mucho con la historia. Es así que este año, como las quise sacar más de ese lugar sólo de la variación clásica, ya empecé con ‘Apollo’, que es neoclásico, pero les re gusto. Es muy difícil, pero la idea es por lo menos que tengan conocimiento de que existe. Eso me preocupa más que lo que puedan llegar a hacer. Y que lo vean. También quise traerles algo más de expresión, entonces empecé con Bayadera. A las que más les cuesta porque son tímidas, las suelta; hablamos del argumento, del contexto y las trato de concentrar en ese lugar para  que se suelten un poco y desarrollen cierto carácter al bailar. Y están aquellas a las que no les cuesta nada. Tuve una grata sensación con eso, porque me di cuenta que les gusta la parte expresiva. Si no focalizan allí es porque no la pueden hacer en ningún lado”, cuenta la maestra.

Para Gisela es importante cuidar la técnica y que los chicos entiendan también el valor de una interpretación para que la danza sea arte. Foto: REVOL.

Para Gisela es importante cuidar la técnica y que los chicos entiendan también el valor de una interpretación para que la danza sea arte. Foto: REVOL.

Y Gisela busca reenfocar ciertas prioridades. “Existe hoy un sobredimensionamiento de la parte física, más que un foco en lo artístico. No valoran tanto la interpretación y yo trato de que sí se empiecen a fijar en esos aspectos, que marcan la diferencia de cada uno. Olga [Ferri] nos decía siempre, nos remarcaba esto. Que el foco, en la clase misma, no sea ni levantar, ni saltar mucho, ni girar mucho, sino cómo y que hay un abanico de movimientos y expresiones que hacen a la danza en realidad. Es gracias a un maestro que lo podés percibir así”, asegura Gisela.

Para ella, “Apollo” fue especialmente desafiante, porque “no es fácil enseñárselos. El clásico está escondido en el medio; ni siquiera hay nombres de pasos para decir. Es más bien una búsqueda, es ampliarles la mente para que no se queden. Ahora es cuando tienen que estar abriéndose, sino les va a costar el doble de grandes, si es que tienen la posibilidad de bailar profesionalmente. Esa es la otra: uno nunca sabe a dónde vas a desembocar. Son tantos los ingredientes para lograr hacer una carrera que mi lema con los alumnos es que no se cierren a nada”, afirma ella.

Apuntalar la parte emocional

Y es en este punto que la tarea del docente toma otros matices: se torna, en esta profesión, en una experiencia de contención, ya que el camino es arduo y complejo. “Hay algunas chicas que ya son grandes, han entrenado toda su vida, pero no les da la edad para entrar a [la escuela] del Colón, o al [taller del Teatro] San Martín. O quizás les da la edad pero no llegan técnicamente a los requerimientos, aunque sean buenas. Es difícil. Hay algunos a los que les gusta mucho y quizás también tienen muchas condiciones, pero los tiempos no les dan. En este sentido, mi tarea también es mostrarles que hay un abanico enorme, mucho más amplio que en mi época para buscar otras cosas. El hecho es que es difícil concientizarse, hacerse cargo de eso, más cuando son chicos y adolescentes. Les trato de mostrar que más allá de la danza clásica, está la danza contemporánea, hay muchísimas compañías independientes, está el tango, el folklore. Hay muchas variantes que pueden explorar. Tiene que haber alguien que les diga que no se termina todo ahí. Antes era todo más blanco y negro, ahora hay más matices, más posibilidades. La gente que se quedó fuera de esos ámbitos a los que se proponía llegar, esa gente formó lugares. Yo creo que si tuviéramos más apertura aún, más apoyos en la parte económica, más salas, habría más posibilidades aún, porque hay mucha gente tratando de encontrar un ámbito de desarrollo. Yo bailaba con Mónica Fracchia y cuando yo me fui, ella empezó a tener un poquito más de espacio, pero era una gran lucha, todo lo hacíamos a pulmón. Antes incluso nosotros mismos nos hacíamos el vestuario. Ahora hay más movida. Igual falta desarrollo para la danza y creo que acá en este sentido, por la falta de posibilidades, hay desperdiciado un potencial inmenso. Me da una pena terrible”, comenta Gisela.

La clase de Gisela, en pleno. Foto: REVOL.

La clase de Gisela, en pleno. Foto: REVOL.

Es así que para una carrera que se presenta tan inherentemente ardua, los maestros pasan a ser un pilar fundamental en la vida de sus alumnos y trabajar con ellos ese qué pasa cuando se están preparando mucho y el resultado después no cuaja con sus sueños: “A medida que nos vamos conociendo, las voy descubriendo y digo que somos un poco psicólogos de los chicos. Me siento en la obligación de apuntalarlos desde otro lugar porque trabajo con chicas que buscan una carrera. Me toca un rol complejo. Acá vienen muchos porque quieren bailar y resulta que quizás se encuentran con una pared y me parece que tenés que estar para, por las dudas, sostener eso. Por una cuestión humana. Primero, ante todo, preservar la persona; después vemos cómo hacemos el resto de las cosas. Acá hay varias chicas del interior. Vienen solas a un lugar que es la selva, en comparación con lo que ellas están acostumbradas. Después se ve que la preparación es débil y que cuando llegan acá empiezan los bajones. La competencia es mucho mayor. Hay que poder atajarlas para que no se desmoralicen porque no es todo malo, al contrario, pero hay que ver qué hacemos con esto y con esta ilusión, cómo se reconfigura, se transforma y cómo pueden llevar eso sin que se desmorone la parte emocional. Y ahí es cuando tenés que empezar a abrir abanicos. Este ámbito es muy cruel en este punto: estás preparada a los 14, 15 años o no. Y sino, te tenés que preparar en otro sentido. Yo trato de rescatar ese aspecto y ayudarles a encontrar este otro camino: no vamos a tirar todo por la borda, porque son muchos años de trabajo, tienen algo muy lindo, por su físico, por su expresión. Desde ese punto, no podés dejar sólo porque no lograste estar a nivel técnico por un poquito, si vamos al caso. Con todo eso que sabés y podés, tenés que poder lograr hacer algo. Ahí tenemos una búsqueda interior también, que es muy importante. Estar agarrado de la barra y hacer semejante sacrificio, de estudio, desgaste, cansancio, hacer clase, para no saber para qué, es tremendo. Hay que encontrarle una vuelta para que veas una forma de encauzar tu vida y tu sueño, una carrera posible en diversos sentidos. Es buscar el modo de torcer un camino para que, sin abandonar todo eso, vaya por otro lado. Pero es un camino, una búsqueda”, concluye.

Lo que se dice, una maestra full life.

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