Andrea Saltiel: Saltando al vacío

“Instructivo” es una experiencia de relación. En desarrollo desde 2012, la coreógrafa propone, fundándose en las ideas de la estética relacional de Nicolas Bourriaud, una performance en la que los vínculos finalmente son la obra.

Martes, 03 de junio de 2014 | Por Maria José Lavandera

El proyecto “Instructivo”, de la coreógrafa Andrea Saltiel, lleva ya algunos años. Desde aquel VII Festival de Danza Contemporánea en 2012 (GCBA), en que se presentó uno “para tres cuerpos”. Luego, en 2013, pasó a comandar “siete cuerpos”. Y hoy dejó de tener el imperativo de los “cuerpos” que instruye en su nombre –pasó a ser “Instructivo” a secas -, aunque sabemos que son seis y un músico -Mariela Puyol, Ramiro Cortez, María Kuhmichel, Federico Moreno, Alejo Wilkinson y Valeria Polorena y toca en vivo Martín Minervini– que llegan por sólo dos fechas este mes –6 y el 13 de junio, en Café Müller (Lavalleja 1116, CABA)– para mostrar este “proyecto bastante atípico”, tal como lo define su directora.

De tal modo, este año llega también con una propuesta absolutamente distinta que en años anteriores, algo que, como veremos, también es orgánico con el ímpetu de transformación constante que motiva el proyecto. “Instructivo” es una instalación performativa, cuyo objetivo fundamental es indagar sobre la relación entre el hecho performático y el público y, en ello, repone la pregunta acerca de la construcción de los vínculos en la contemporaneidad y su significado para nuestra época: ¿cómo es estar ahí con los demás? ¿qué significa una relación?

Y esta indagación no sólo se construye a partir de la inexistencia de una “platea” desde la que dicho público observa el espectáculo, sino que además son ellos mismos, con palabras que ellos proponen como disparadores, que van guiando el desarrollo coreográfico en escena. Una escena que, sí, sucede a unos centímetros de donde están sentados (si es que eligen estar sentados).

Instructivo para 7 cuerpos from andrea saltiel on Vimeo.

Volvamos para atrás. ¿Cómo la guían? El músico Maximiliano Wille (InTAD IUNA) ha trabajado junto a ellos el software “Isadora”, creado por el investigador multimedial estadounidense Mark Coniglio en 2001, para las presentaciones de la compañía neoyorquina Troika Ranch. Se trata de un entorno gráfico de programación que permite trabajar distintos medios digitales, como la música, video, luces, de modo interactivo y en tiempo real durante la realización de una performance, retomando la información de movimiento recibida por diferentes tipos de sensores. Es gracias a este programa que “Instructivo” puede hacer uso de las palabras –palabras que tienen fuerzas, son sentimientos, pensamientos – del público, quienes se manifiestan anónimamente -pueden enviar sus palabras y frases vía sms-. Luego, los performers elaborarán su desempeño en relación con la música, imágenes, colores y formas que adopten esas frases que inscriben sus cuerpos en ese instante. Se genera un gran diálogo, en que la obra, sin la intervención de sus asistentes, no puede llevarse adelante.

“El motor principal de este proyecto es la relación con el público, porque desde un principio es el público es el que aporta una palabra o más y funciona como un disparador para que los performers empiecen a crear. Al principio lo hacíamos con un solo proyector. Nos inquietaba jugar con el traspaso entre el espacio público y privado: llevar este material del mundo íntimo a convertirse en vector de un diálogo artístico y una experiencia colectiva. Este es un proyecto relacional y que indaga en la proximidad, la relación, el procedimiento. También queríamos probar de mover ‘la danza contemporánea’ de ser ‘un objeto distante’, algo que parece inaccesible -y que hay mucha gente que aún le cuesta entender- para traerla a un espacio menos convencional. Que la gente se sienta parte de ella. Existe una situación de fuerzas invertidas, se genera una situación más democrática entre el público y los performers, ya que terminan compartiendo el espacio performático. Ya no hay ‘escena’ como tal. Los performers terminan bailando al lado de la gente, además de que sus palabras se van proyectando sobre el cuerpo de los bailarines y terminan siendo siendo el motor fundamental del movimiento. Tratamos de que las palabras no lleven a un lugar súper literal tampoco, sino que se realicen en relación a todo el material que está circulando en ese momento entre los bailarines, con el sonido, la luz. Con el software de Isadora ingresamos actualmente elementos de luz y color para las palabras que antes no teníamos. Y ahora usamos también tres proyectores, ubicados a distintas distancias, proyectados en distintas paredes, de modo que fragmentamos también el espacio para que la gente pueda circular de una manera distinta, que se pueda mover y sentar en distintos espacios. Mi idea es que entren en diálogo estos materiales, de modo que se cree una información nueva y creada en tiempo real: todo se desarrolla de modo inédito en ese instante que sucede”, explica Andrea.

La relación con el público, objetivo de la performance. Foto: Gentileza Andrea Saltiel.

La relación con el público, objetivo de la performance. Foto: Jota Pe Quaglia.

En diálogo

Y el disparador de esta experiencia fue para ella la investigación teórica sobre la estética y el arte, de mano de las ideas de repensar la fertilidad social del movimiento como expresión artística de Joao Fiadeiro, André Lepecki, y José A. Sanchez, así como, especialmente, los estudios sobre la estética relacional de Nicolas Bourriaud de los años ’90, quien ha desarrollado una perspectiva del arte como un “estado de encuentro”, donde se opera para él, caídas las grandes utopías sociales de antaño, el rescate del ser humano de la cosificación a través de los vínculos cotidianos: “la utopía se vive hoy en la subjetividad de lo cotidiano, en el tiempo real de los experimentos concretos y deliberadamente fragmentarios(Bourriaud, 2006:54)[1].

“Me interesaba especialmente reflexionar sobre la escena contemporánea. Por eso retomé aquellos estudiosos que plantean las dificultades y desafíos de la escena asociadas con nuestra cultura, nuestro modo de relacionarnos, las dificultades entre la proximidad y la cercanía, la distancia con la tecnología y la necesidad de convivir y tener una experiencia en común. Realmente son los teóricos que me van dando soporte para pensar en algo más estimulante desde el movimiento y la experiencia estética, que fragmente y permita fisuras, que se sostenga con preguntas y genere diálogos. Hoy es desde la investigación que me gusta articular algo en la escena que te genere una pregunta. Es difícil encontrar proyectos que a uno le apasionen, que crezcan y se modifiquen como este, así que estoy muy agradecida de lo que pudimos lograr con los bailarines”, comenta la coreógrafa.

El método: la improvisación

“Todo es improvisado en escena, trabajamos mucho, porque tenemos una pauta para no quedarnos fijados en el condicionamiento de la creación más tradicional de la danza. Se trata de romper condicionamientos y clichés y tenemos esta premisa de que ‘Instructivo’ no se ensaya. Sin embargo, sí tenemos una nueva modalidad para abordarlo, que es con ‘trabajo de mesa’, pensando entre todos, y trabajo con maestros invitados que nos traen propuestas de improvisación desde su formación y van nutriendo un imaginario común, van creando una experiencia común también dentro del grupo, material que luego es un sustrato de partida para el trabajo en la escena en tiempo real”, explica Andrea.

Es que no hay un día igual al otro. La relación que se establezca puede medirse virtualmente por segundo. Y ese segundo no se repetirá jamás del mismo modo.

R: El nombre de esta experiencia “Instructivo” da cuenta y no, al mismo tiempo, de lo que podría vivirse a través de ella. Se plantea como un ordenamiento –las palabras del público indican a los cuerpos qué hacer-, pero la intervención de esos textos es absolutamente azarosa, ya si pensamos solamente que el público cambia todo el tiempo. Más allá de que el cuerpo se va a atener a esas propuestas, nunca se sabe qué pasará, qué instrucciones recibirá. Se escapa de la instrucción finalmente.

A: Es cierto. Parecería que hubiera un ordenamiento externo y un poco le damos ese lugar al público para que sea ordenador. Si bien son muchos elementos que configuran la experiencia, se genera un proyecto más democrático, más libre y más riesgoso. Los performers son bailarines con mucha experiencia en tiempo real, pero aún así cada vez esta performance les genera la ansiedad de ponerse en una situación desconocida. Finalmente es casi lo contrario de moverse con instrucciones, es más bien un salto al vacío. Nos entrenamos buscando un piso común ya que buscamos amarre en algún lado, estamos absolutamente expuestos, no tenemos guión y tenemos que construir dramaturgia de lo que aparezca. También es un ejercicio de confianza. El otro moverá algo en mí, estar conectado con las otras personas en escena implica estar enteramente ahí y pendiente con cómo aparece la palabra y cómo se proyecta. La exigencia en el momento para el performer es enorme. Toda esa experiencia es la que lo puede habilitar a construir algo en el momento. Y también puede haber vacíos y el proyecto contempla esto, aunque hasta ahora nunca los hubo.

R: Es un trabajo sumamente exigente en relación al oficio, al ímpetu creativo que deben tener y la conexión que deben trabajar con ellos mismos y entre ellos, ¿verdad?

AS: Trabajan con sus emociones y experiencias y también confío en todo ese bagaje de experiencias y situaciones, impresiones vividas, el modo en que metaboliza un bailarín lo que percibe y la generosidad con la que lo devuelve. Es una labor de mucha entrega y estoy muy agradecida con ellos. Es un espectáculo único cada vez. Y vivís momentos especiales, mágicos que nunca se van a repetir.

R: ¿Cómo se comporta el público frente a esta circunstancia de ‘tomar la posta’ en la realización de esta experiencia?

AS: Hemos ido de gira y nos ha pasado que en ciertos lugares a la gente les cuesta mucho intervenir. Hay públicos más clásicos que van a observar una escena y la participación activa los descoloca; vienen con esta lógica cultural de quedarse quieto y mirar. Y también se sienten impactados de ver intérpretes con unos físicos tan trabajados y tan cerca; se quedan todos mirándolos (risas). Los entiendo igualmente porque también los inunda la sorpresa y quieren ver qué pasa. Es así que tenemos que hacer salir otros elementos para que arranque. Esta experiencia es un acto de arrojo y riesgo a nivel creativo y tenés que resolver en el momento.

Actualmente la propuesta es de 50 minutos, pero la idea es constituirla como una maratón en la que la gente pueda participar incluso online. Foto: Gentileza Andrea Saltiel.

Actualmente la propuesta es de 50 minutos, pero la idea es constituirla como una maratón en la que la gente pueda participar incluso online. Foto: Jota Pe Quaglia.

Clásico, continuado y maratón

Y este 2014, el “Instructivo” no pretende quedarse en el formato clásico de una performance breve de unos 50 minutos. Van en camino a más. La idea fundamental es lograr plantear esta experiencia bajo la forma de un continuado de tres horas y media y una maratón, de 24 horas, en la que la gente pueda enviar sus textos vía mensajes a pesar de no estar físicamente allí y sea transmitido por streaming online. “Lo pensamos más en clave de la experiencia que se vive en un museo o galería de arte: que el público entre y salga, que se mueva, circule, que este el tiempo que quiera. Esta experiencia del tiempo más extensa que permita trabajar sobre esto en situaciones más intensivas es una de las cosas que nos convocan este año”, comenta la artista.

R: La danza será un eterno transcurrir.

AS: Es preponderante la experiencia, no el objeto resultante de la escena. Haber intentado enviar una palabra, que la tuya se proyecte y sentir que tiene un efecto en lo que está sucediendo es la experiencia relacional que estamos buscando. Es allí que se genera el vínculo. Es muy importante también para los performers y ellos mismos se ven modificados como artistas en cada presentación. No saben bien a qué van. Es una experiencia para todos. Es difícil ya que a veces, aunque uno articule todos los medios posibles, a veces puede no salir, de modo que también para esto tenés que estar un poco dispuesto al fracaso. Pero es parte de esta misma lógica: dependes de los otros y de que quieran, que puedan, que se les ocurra y que se animen a participar. Y hay una necesidad del artista de ser puesto en una nueva posición. En la danza hay condicionamientos y clichés y llega un punto en que buscás modos de pensarte en la escena desde un lugar distinto. Yo creo que es lo que sostiene al artista.

R: Café Müller parece el lugar perfecto para esta experiencia de relación tan íntima como socialmente comprometida, ¿no?

AS: Ellos nos han brindado un apoyo enorme desde la producción y gestión, algo que es sumamente importante porque le da más consistencia. Uno de los integrantes de Café Müller está en el proyecto, Federico Moreno, quien aporta muchísimo desde su visión. Pensar el espacio es también un tema y contar con él le dio una fuerza enorme. Y es cierto que este lugar tiene algo de fundarse en lo relacional, en el vínculo, de ser un espacio de intimidad, donde hay caras que te esperan y tienen un interés personal sobre la gente que va y se acerca. Es un lugar afectivo, propicio para una obra como esta. En un espacio anónimo no hubiera sido lo mismo.

Los bailarines, siempre a la expectativa de lo que suceda a cada instante. Foto: Gentileza Andrea Saltiel.

Los bailarines, siempre a la expectativa de lo que suceda a cada instante. Foto: Jota Pe Quaglia.

Cuándo y dónde

6 y 13 de junio – a las 23 horas en Café Müller (Lavalleja 1116, PB, CABA)

Reservas: reservas@clubcafemuller.com.ar

Ficha técnica INSTRUCTIVO 2014

Performers y creación: Ramiro Cortez, Mariela  Puyol, Federico Moreno, Valeria Polorena, Alelo Wilkinson, María Khumichel | Música en vivo: Martín Minervini | Asesoramiento software Isadora: Maximiliano Wille | Asistencia de dirección: Nora Moreno | Dirección: Andrea Saltiel | Producción: Café Müller

Algo más sobre Andrea Saltiel

Andrea Saltiel se formó en el Taller de danza contempránea de T.M.G.San Martín, en  la ciudad de Londres (Laban Centre y  The  Place), con los maestros Susana Tambutti, Marina Giancaspro y  Eugenia Estévez  y tomó seminarios con Joao Fiadeiro, André Lepecki y José A. Sanchez, entre otros. Sus obras “En rueda…”,” Linde”, “Solo” e “Instructivo” participaron en Festivales Menage, El Cruce, Danzaazul y Festival de danza contemporánea del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, así como ha dado seminarios de improvisación y coordinado mesas de profesionalización en danza. En la actualidad escribe en medios periodísticos, y participa activamente en proyectos de gestión en danza en la ciudad de Buenos Aires.




[1] Bourriaud, Nicolas (2006). Estética relacional. Buenos Aires: Adriana Hidalgo, editora.

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