Luca Masala, de la Accademia Princess Grace, y Tadeusz Matacz, de la Escuela John Cranko del Ballet de Stuttgart: Cuando la danza también se piensa

En una conversación aguda y potente, ambos Maestros analizaron los puntos positivos y negativos de las competencias de danza. Para ellos, ver el potencial significa también poder olvidar lo que acaban de ver en el escenario.

Martes, 08 de abril de 2014 | Por Maria José Lavandera

Luca Masala, de origen italiano, supo ser figura principal del Ballet Du Capitole de Tolouse, amén de haber participado en algunas de las más importantes compañías europeas. Trabajó también como coreógrafo para el Ballet de Stuttgart y fue maestro ensayista del Scottish Ballet. Hoy es el director de la Accademia Princess Grace de Mónaco, donde también estudió. Fue él que vino a Argentina en octubre de 2013 a dar clases a los chicos en la pre-selección en Buenos Aires.

Por su parte, Tadeusz Matacz, oriundo de Polonia, Director de la Escuela John Cranko en Stuttgart desde 1999, fue estudiante y bailarín en el Gran Teatro de Varsovia. Durante su carrera también fue solista del Badische State Theater en Karlsruhe, donde también adoptó compromisos como maestro, lo cual lo llevó a trabajar en tareas de enseñanza y coreografía desde entonces. Trabajó en el Ballet Frankfurt, Toulouse Ballet, en el Gran Teatro de Varsovia y en el Ballet de Stuttgart.

En una conversación reflexiva y potente, ambos Maestros contaron sus impresiones de esta edición del YAGP y su visión acerca de las instancias de concurso. Para ellos, es necesario comprender las lógicas de las competencias para, incluso, ver más allá de ellas:

R: Luca, ¿Cómo recordás tu tiempo dando las clases para YAGP en Argentina?

LM: Mi tiempo en Argentina estuvo muy bien. Fue muy lindo. También era la primera vez que iba, así que para mí fue descubrir un hermoso país, que verdaderamente se quedó en mi corazón. En cuanto a los estudiantes que vimos, había diversas calidades y niveles, pero algo que nos llamó la atención y que es muy difícil encontrar hoy en día es la mentalidad de estos chicos. Voy a ser honesto: la cualidad física y técnica que encontré no fue del más alto nivel, pero en las cinco clases que di, el amor y la pasión que ponían en cada ejercicio, es muy difícil de encontrar y más en pequeños. Creo que eso ya hace que estemos en un gran comienzo y un excelente descubrimiento. Este es el primer año, de modo que creo que es bueno que haya apertura desde Argentina para participar, de modo que otros chicos puedan continuar viniendo. Fue un gran trabajo construir una relación tal de manera que los chicos argentinos pudieran venir y ver a sus colegas de otras partes del mundo. Es una gran experiencia para ellos.

R: Quizás haga falta más camino para lograr una mayor cantidad de estudiantes argentinos en estas instancias…

LM: Yo estoy aquí desde hace sólo cinco años. Creo que también estoy aprendiendo de esta competencia. Competir no es todo, igual. Es una buena manera para hacerse ver y hay estudiantes que han salido de aquí que son bailarines principales de buenas compañías. De todos modos, nunca debemos olvidar que esta profesión es muy elitista. No es masiva. Muchos pueden bailar, eso sí, pero si hablamos de danza clásica, es otro nivel. Hablamos de un arte especial.

Tadeusz Matacz (TM): Balanchine solía decir que si veías a alguien sólo caminando en el escenario, ya podés saber si es un buen o mal bailarín. Luego de muchos años en esta profesión, podés darte cuenta inmediatamente. Es duro de pensar y de decir, pero quizás un 90% de los participantes no debiera estar aquí. Béjart decía que todos deberían bailar, pero el ballet es verdaderamente para algunos especiales.

R: ¿Qué aspectos positivos tiene participar de este concurso?

LM: El YAGP te da la oportunidad de ver gente que de otra manera seguramente no podría ver. Vamos todos a un lugar específico, en Nueva York, vemos un montón de chicos de distintos países. Esta es la parte buena. La parte mala es que, como decía Tadeusz, esta es una profesión de élite, que no se le da a mucha gente. Esto no significa que no haya mucha gente que baile, pero si hablamos de un determinado tipo de ballet, no es masivo. Lo lindo es que, de vez en cuando, aparece alguno que llama mucho la atención, aparece una chispa. Hoy desde mi escuela nos beneficiamos mucho de este concurso y en cinco años, ya el 60% de mis estudiantes se compone de los resultados de esta competencia. Otra cosa muy positiva es que también me encuentro con colegas de otras escuelas, y hablamos de desafíos en nuestras instituciones. Compartir aquí es una gran ocasión.

R: Tadeusz, ¿existe el ‘estilo Cranko’? ¿Influye en algo a la hora de evaluar?

TM: Cranko fue un coreógrafo brillante. Incluso hoy, para gente que pudo compartir con él el trabajo –Jiri Kylian, Willy Forsythe-, él está siempre allí. Sus ballets –Oneguin, Romeo y Julieta, The taming of the Shrew– siempre son repuestos. Él está siempre allí también en el espíritu del Ballet de Stuttgart, su alma y su amor a la danza, la pasión por ver distintas personas, de ser abierto, es algo que permanece. Pero no sé si hablaría de tradición. Viajé a Varna y me ponían en los curriculums que enseñaba ‘la técnica Cranko’. Me tomó mucho tiempo explicar que eso no existe. Es bueno para la publicidad, nomás (risas). En su momento era novedoso que los bailarines pudieran hacer un espectro tan variado de repertorio –desde Petipa hasta el neoclásico y musicales, si es necesario-, que era también lo que él promovía. Pero estrictamente no hay tal estilo.

R: ¿Cuáles son las expectativas para este año?

LM: Siempre vengo con la expectativa de encontrar chicos interesantes. Estamos todavía en el medio de la competencia. Hacemos ofrecimientos de becas y los chicos van decidiendo a dónde quieren ir. A veces reciben varias propuestas juntas. En este sentido se convierte en una especie de mercado: tenés que poder ‘vender’ tu escuela en el mejor de los sentidos. Cuento las semanas que paso alrededor del YAGP para definir cuántos chicos debieran venir. Este año, fueron seis semanas, de modo que espero poder regresar con al menos seis personas, como para que valga la pena (risas).

R: ¿Qué piensan del nivel técnico y expresivo en la competencia?

LM: Creo que la técnica ha evolucionado históricamente, lo cual ha ofrecido una evolución física a los bailarines. Las formas de bailar han evolucionado. Ves videos de los años 40 y ves cosas que ya no existen.

Por un lado, el caso es que cuando estoy en este tipo de eventos, veo que los chicos tienden a forzar un lado artístico que no es real, es más una simulación, con una sonrisa o mostrando un poco más de pierna. Noto que el transmitir resulta más en la presentación de ‘una imagen’ que los chicos tienen en relación a ciertas emociones. Y se construyen tendencias. Por ejemplo, últimamente las variaciones femeninas redundan en ser agresivas o, mejor dicho, mostrar una imagen de agresividad, como si ‘el arte’ pasara por mostrar este tipo de emoción. Ya no se ve femeneidad en las interpretaciones, algo que me encantaría ver. 

Por otra parte, no se ve tanto que los chicos traigan una ‘verdadera técnica’. Aquellos de los que podés decir que realmente trabajaron la técnica de la danza, son pocos. Personalmente pienso que se ve mucho ‘maquillaje’. Para mí el problema no es si levantan o no la pierna alta, sino el descuido de la preparación. Eso se nota porque tratan de hacer cinco piruetas, pero no lo logran. A veces sí y a veces no. Mi respuesta es que hay mucho ´maquillaje’. Es lo que se les pide a los chicos en un montón de lugares. Cuando vienen a la escuela que dirijo en Mónaco, tenemos el problema de hacerles entender ciertas cosas y es muy difícil a veces porque su mentalidad está muy focalizada en esa ‘imagen’, una ‘foto’, que para ellos significa el ‘ser buen bailarín’.

R: ¿Qué reflexiones amerita esto para vos, Tadeusz?

TM: Es una pregunta compleja, porque ante todo debemos entender que en una competencia hay reglas. Y para toda forma de arte, la competencia es un poco venenosa. En estas circunstancias, uno tiene dos minutos y debe tratar de ‘vender’ lo mejor que tiene. Aquí también interviene el hecho de que los coreógrafos de las piezas, la mayoría de las veces los mismos profesores de los chicos, no son los más avezados. Es así que los chicos y los coreógrafos tratan de venderse, y tienen dos minutos para hacer algo que resulte espectacular. Todo esto se mezcla y genera confusiones. Pero es entendible que sean agresivos, a veces lo que bailan no es del mejor gusto, tratan de mostrarse excesivamente dinámicos: esto, con el tiempo, conspira con su entendimiento de un concepto de la belleza y qué caminos existen para construirla a través del arte de la danza. Esta es, digamos, la parte menos positiva de esta evaluación. Pero nosotros como jurados tratamos de olvidarnos rápidamente de lo que vimos para evaluarlos (risas) y ver la pureza de la persona, en pos de analizar qué podemos hacer con sus talentos. La verdadera pregunta aquí es si la persona puede aprender y cooperar con nuestros maestros.

R: Luca, siendo que has estado en Argentina y en contacto con nuestros estudiantes, ¿qué pensás que podría ayudarlos a hacer carrera?

LM: Creo que lo mejor para un país es formar sus propios bailarines y no que se quieran ir a ser formados a otros lugares. Lo mejor sería potenciar las escuelas en Argentina para que los chicos logren altos niveles y quisieran también quedarse. En Italia pasa lo mismo. La gente se va cada vez más a estudiar al exterior, desafortunadamente. Pero, siendo estas las circunstancias, lo que creo importante para Argentina es saber que para llegar a Stuttgart, al Royal Ballet, no tenés que pasar por una competencia necesariamente. A través de Internet, pueden informarse, enviar sus videos, sus fotos y su CV, material será analizado para una admisión. Creo que es más fácil que en nuestra época incluso. Por supuesto que es lindo y bueno venir a competir, pero sabiendo que estamos hablando de un país donde la situación financiera es complicada para un estudiante, honestamente, para mostrarse, deben informarse y ver qué les conviene más. Estar aquí para mí, si te puedo dar un tip, implica también saber qué escuelas están presentes, a dónde les gustaría ir y conocer a sus representantes, para prepararse en función de sus objetivos. 

Luca Masala y Tadeusz Matacz: para ellos es vital entender las lógicas de los concursos para poder ver incluso más allá de ellas. Foto: REVOL.

Luca Masala y Tadeusz Matacz: para ellos es vital entender las lógicas de los concursos para poder ver incluso más allá de ellas. Foto: REVOL.

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