“A talk with myself”: una conversación entre dos cuerpos conect

Por Estefanía Lisi Son las 9 de la noche del jueves 10 de octubre y el Centro Cultural de la Cooperación se encuentra muy tranquilo. Me sitúo en una fila a la entrada de la Sala Solidaridad y aguardo para dos estrenos: “TOAY”, de Mariela Ruggeri y el plato principal, “A talk with myself” (Una […]

Lunes, 21 de octubre de 2013 |

Por Estefanía Lisi

Son las 9 de la noche del jueves 10 de octubre y el Centro Cultural de la Cooperación se encuentra muy tranquilo. Me sitúo en una fila a la entrada de la Sala Solidaridad y aguardo para dos estrenos: “TOAY”, de Mariela Ruggeri y el plato principal, “A talk with myself” (Una charla conmigo mismo), de Martín Piliponsky y el estadounidense Elia Mrak, discípulo del genio creador de movimiento, David Zambrano.

Aunque nos invitan a sentarnos en unos almohadones estratégicamente ubicados al lado del escenario, en un primer momento opto por un asiento de la primera fila, con un (erróneo) motivo dando vueltas por mi cabeza: “Seguramente se vea mejor así”. Más tarde, al comienzo de “A talk…”, este pedido que nos hicieron los acomodadores tomaría sentido y la obra me demostraría que estaba equivocada.

“TOAY”

Luis Monroy, el intérprete del solo de TOAY, ya se encuentra en el escenario cuando todos aún estamos acomodando nuestros abrigos y carteras. Nos mira de reojo, como buscando complicidad, pero enseguida retoma lo suyo. “¿Qué está haciendo?”, me pregunto. Ataviado con una remera a rayas y unos pantalones de color beige gatea por el piso, descalzo, buscando ubicar tres grandes palos que lo acompañan en una posición que le resulte satisfactoria. Lo identifico con un carpintero. Y efectivamente es uno: un carpintero que construye su propio espacio, de una manera no convencional.

Cambia de lugar los garrotes una y otra vez, hasta que comienza la historia. Una música, como un latido, resuena. Un ritmo muy pegadizo y vibrante, que incita a moverse, lo lleva a recorrer ese lugar que lo pone nervioso. Baila, corre, se detiene, estudia el sitio, se rasca la cabeza y todo vuelve a empezar. “Tengo tres problemas”, nos confiesa. “El primero es este espacio, el segundo es este otro espacio, y el tercero es el lugar en el que los dos se unen”, explica. Luego dibuja movimientos en una zona y en la otra, y se pregunta cuál es el límite. “Puedo dejar de moverme, pero no puedo dejar de pensar…”, insiste, a la vez en que su preocupación se acrecienta.

Esta obra ofrece la posibilidad de imaginar espacios paralelos a los que estamos sometidos: busca crear otros, desde el cuestionamiento de su propia existencia. “No tengo los ojos cerrados, sólo tengo los párpados en contacto” asegura el hombre. Así, plantea una mirada distinta sobre las cosas. Nos relata lo que significa para él el eje, aquello que nos mantiene en… ¿equilibrio? Demuestra que existen otros tipos de ejes y líneas que pueden dibujarse, tanto en un espacio reducido como en un espacio amplio.

"TOAY": una pregunta sobre el espacio... y los ejes que nos mantienen en ¿equilibrio?. Foto: Gentileza Simkin&Franco.

“TOAY”: una pregunta sobre el espacio… y los ejes que nos mantienen en ¿equilibrio?. Foto: Gentileza Simkin&Franco.

“A talk with myself”

Una vez que hago caso a los acomodadores y me siento en el suelo cruzada de piernas frente al escenario en el que desde una esquina nos observan Martín Piliponsky y Elia Mrak, comprendo que el pedido que nos hicieron de observar la obra de esta manera responde al uso de una perspectiva diferente, en la cual los ángulos de visión tienen mucho que ver con la recepción del mensaje. Además, la cercanía a la escena permite intimidad con lo que allí se desarrolla: se disfrutan los pequeños, sutiles gestos y miradas cómplices y divertidas entre los dos compañeros, cuya una amistad se devela previa y profunda.

Se toman su tiempo: con una actitud canchera y alegre, dejan una muda de camisas exactamente iguales a las que llevan puestas, acostadas en una esquina del escenario. Martín de blanco y Elia de rojo son pantalones de vestir oscuros, parecen embelesados cuando la música de Elvis Presley comienza a sonar, y se embarcan a recorrer en círculos el espacio, sin dejar ningún rincón sin bailar. Los vemos encima nuestro cuando se acercan demasiado al borde, y también los vemos en la otra esquina cuando tocan el límite con sus movimientos.

Martín Piliponsky, en "A talk with myself". Foto: Gentileza Simkin&Franco.

Martín Piliponsky, en “A talk with myself”. Foto: Gentileza Simkin&Franco.

En esta obra se utilizan todos los frentes y orientaciones: desde el suelo puedo ver a Martín perdido en su improvisación, y más atrás en un segundo plano pero en la misma línea, a su compañero.

Hay humor, pero también drama; un juego de persecución, y, en otro momento, un encuentro entre dos cuerpos que no podían despegarse: sus manos pegadas, luego su torso y finalmente su cabeza.

Es una charla entre ellos mismos, una conversación a través del cuerpo. Y lo curioso es que no todas las funciones de la obra representan la misma conversación, sino que se trata de una improvisación integral, en la que prima la conexión entre los intérpretes para poder llevar a cabo una pieza tan interesante.

Este dueto propone un diálogo físico en el que nada es previsible. Dos cuerpos se interpelan, se atraviesan por la danza y la comunicación. Las canciones terminan y vuelven a empezar, pero ellos siguen bailando; las utilizan como inspiración y compañía. Cuando sus camisas no pueden más, recogen las prendas idénticas que habían dejado a un lado al comienzo, y con la misma prolijidad dejan descansando a las que ya usaron.

El espacio escénico rebosado de movimiento en "A talk with myself". Foto: GentilezaSimkin&Franco.

El espacio escénico rebosado de movimiento en “A talk with myself”. Foto: GentilezaSimkin&Franco.

El ciclo continúa, y las sonrisas no cesan: todavía queda mucho “passing through” y “flying low” -las dos técnicas que utilizan en la obra. por recorrer. Nuestras cabezas van de un lado hacia otro, siguiendo sus movimientos, dirigidos por ese hilo en común que une dos almas sin pronunciar palabras. Sólo miradas e insinuaciones: eso es todo lo que necesitan para hablar con ellos mismos.

CUÁNDO Y DÓNDE

24 y 31 de octubre a las 21 / Centro Cultural de la Cooperación – Av. Corrientes 1543, CABA / Entrada: $60                                                        

FICHA TÉCNICA

“TOAY”

Intérprete/Asistente de Dirección: Luis Monroy / Idea/Dirección: Mariela Ruggeri /Gestión y Producción: Alba Virgilio /Iluminación: Mariano Arrigoni /Música: Diego Vainer

“A talk with myself”

Intérpretes y creadores: Elia Mrak y Martín Piliponsky / Música: Elvis Presley, DeVotchka, The Books / Iluminación: Alfonsina Stivelman / Producción: Solange Courel

 

 

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