Buen debut del Ballet del SODRE en el Teatro Colón, de la mano

Por Lic. Melina Sólimo Fue una noche ansiada, una cita a la que no quiso faltar nadie. Entre el público, resaltaron algunos artistas como Mirtha Legrand, Susana Gimenez, Enrique Pinti y Eleonora Cassano. Y fue así, con una anticipación calurosa advenida por la figura de su Director, Julio Bocca, el Teatro Colón aguardó repleto la […]

Viernes, 11 de octubre de 2013 |

Por Lic. Melina Sólimo

Fue una noche ansiada, una cita a la que no quiso faltar nadie. Entre el público, resaltaron algunos artistas como Mirtha Legrand, Susana Gimenez, Enrique Pinti y Eleonora Cassano. Y fue así, con una anticipación calurosa advenida por la figura de su Director, Julio Bocca, el Teatro Colón aguardó repleto la primera presentación en su historia del Ballet Nacional del SODRE  en Buenos Aires.

La compañía de danza clásica estatal uruguaya es dirigida, desde hace tres años, por el astro argentino y en la función fue posible notar la rigurosidad con que el bailarín argentino trabaja. Según él mismo nos expresó en una entrevista exclusiva, “la idea es llegar a un nivel como el de la Ópera de Paris, el American Ballet o el Kirov”. Por otra parte, aunque también, como ya lo dijo el propio Maestro, “todavía falta trabajar más la técnica”, el ballet se lució y se ganó el fervoroso aplauso del público.

La función abrió con In The Middle Somewhat Elevated, de William Forsythe, con un gran despliegue coreográfico: todo el cuerpo de baila fue protagonista. Esta obra, de 1987, busca re-organizar los pasos y posiciones clásicas tradicionales, en una escena despojada, en la que los bailarines parecen estar improvisando con sus cuerpos; la coreografía avanza como una respiración agitada. Acompañados por un juego de luces y una música muy rítmicos, hombres y mujeres se van cruzando entre sí, formando figuras a través del movimiento -por momentos, entrecortado, contundente, y, por otros, se elastiza y diluye- y dejando siempre en el centro del escenario a un solista o una pareja, destacados, de forma intercalada. Una puesta muy corporal, sensible y de contacto, con movimientos ondulantes y “fuera de eje”, tal como nos había adelantado Bocca.

In the Middle Somewhat Elevated - Foto: Prensa Teatro Colón / Máximo Parpagnoli.

In the Middle Somewhat Elevated – Foto: Prensa Teatro Colón / Máximo Parpagnoli.

Llegó luego el momento del ballet con el pas d` Esclave de El corsario, con coreografía de Anna Marie Holmes, donde se presentaron las figuras del SODRE, María Noel Riccetto y Ciro Tamayo. La delicadeza de Riccetto y la destreza de Tamayo lograron una conjunción maravillosa, que se engalanó con la perfección de los saltos y los giros. El joven bailarín, de sólo diecinueve años, demostró una seguridad escénica de gran solidez. Quizás Julio, quien ya lo ha elogiado públicamente ha visto en él un reflejo de juventud: alguna reminiscencia de aquel entonces vino a mí respecto de su expresión y manera de “pararse en escena”.

Pas d` Esclave de El corsario, con coreografía de Anna Marie Holmes - Foto: Prensa Teatro Colón / Máximo Parpagnoli.

Pas d` Esclave de El corsario, con coreografía de Anna Marie Holmes – Foto: Prensa Teatro Colón / Máximo Parpagnoli.

La primera parte finalizó con Without Words, del coreógrafo español Nacho Duato, que fue estrenada por el American Ballet Theater en 1998: una de sus intérpretes iniciales fue Paloma Herrera. Esta obra, sostenida en seis canciones de Franz Schubert, transcriptas para cello por Mischa Maisky, proyecta un lirismo melancólico, elaborando una abstracción acerca de las emociones humanas. Los movimientos plásticos, suaves, entreverados delicadamente entre los bailarines, trabaja sobre la musicalidad como forma fundamental de expresión. Con una proyección al fondo de los mismos bailarines que acompañó la coreografía, divida en “escenas”, la compañía supo lucirse para transmitir la intimidad y la poesía que esta obra requiere.

La segunda parte fue dedicada al cierre de la función con Sinfonietta, obra de 1974 del gran coreógrafo checo Jirí Kylián, una de las más conocidas del artista,  con música de Leos Janácek. Se trata de una obra una difícil pero sorprendente, que cruza estilos y disciplinas, con fuerte impronta folclórica, y se vale de la totalidad del espacio escénico. La destreza física sobresale en esta obra, ofreciendo una impronta saltarina y alegre, de movilidad constante. Hubo intercambios de lugar, entradas y salidas, grand jetés y pirouettes. Un fondo celeste tridimensional sumó al brillo que la compañía logró. Llegó el final. Con una gran ovación, el público aplaudió de pie.

Sinfonietta - Foto: Prensa Teatro Colón / Máximo Parpagnoli.

Sinfonietta – Foto: Prensa Teatro Colón / Máximo Parpagnoli.

Ante la expectativa, el director del Ballet del SODRE se hizo esperar y, con la humildad de siempre, sólo saludo una vez y se fue de escena para regalarles ese momento a “sus” bailarines. Pero no alcanzó. Apenas se cerró el telón, todo el Colón reavivó el aplauso de pie, pidiendo más. También se escucharon algunos gritos que decían “Julio”, reclamando su vuelta. Entonces, ya con las luces prendidas del teatro, toda la compañía volvió a saludar, junto a sus maestros, sus colaboradores y su director, el gran Julio Bocca. El público hizo lo suyo, mostrando su incondicional cariño al astro. Luego sí arribó a su fin una verdadera “función extraordinaria”.

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