Chakatá: El cuerpo como instrumento musical

Ellas son Bárbara Gurevich, Micaela Pierani Méndez, Rosario Ruete y Luciana Castro y viven la vida entre suelas de tap. “Amar, temer y partir” es su último espectáculo, que recorre algunos hitos de la vida… bailando.

Jueves, 04 de Diciembre de 2014 | Por Estefanía Lisi

Chakatá, la compañía argentina de Tap, está conformada por Bárbara Gurevich (32), Micaela Pierani Méndez (27), Rosario Ruete (32) y Luciana Castro (30), cuatro cálidas y talentosas mujeres que este noviembre estrenaron “Amar.Temer.Partir”. Se trata de una obra con todos los condimentos: emoción, humor, creatividad, intensidad, dinamismo y, por sobre todo, dedicación. El nombre ya nos deja pensando. “Amar, temer y partir”… sí, son los verbos establecidos por la sociedad para enseñar y conjugar los tiempos. Este espectáculo nos sumerge en la profundidad de la vida y la rutina de cuatro mujeres que se debaten consigo mismas dentro de una casa. Todo puede suceder: el tiempo se acelera y se detiene, las presiona y a la vez les dibuja un camino. Ellas, ¿pueden hacerle frente? El traqueteo de sus zapatos, la concentración y el incesante ritmo de la música que las envuelve, les proporcionan un marco espacio-temporal que delimita las historias más interesantes, dentro de cuatro ambientes y diferentes desniveles tan distintos como ellas mismas. ¿Cómo surge esta compañía? ¿Cómo fue el proceso de creación de esta obra? Aquí, la entrevista con cuatro mujeres que han trazado su camino a base de zapateos constantes y que buscan llegar muy lejos.

Chakatá, la vida entre suelas de tap. Foto: Fuentes Fernández.

Chakatá, la vida entre suelas de tap. Foto: Fuentes Fernández.

R: ¿Cómo fueron sus primeras experiencias en la danza? B: Yo empecé a los nueve años con tap directamente, porque en la escuela a la que iba daban cursos extracurriculares de la disciplina. Me animé a probar, descubrí lo que era y me enganché, me alucinó y nunca más lo dejé. L: Yo arranqué a los siete años con tap también, porque tenía unas amigas que lo practicaban. Lo probé, me encantó y seguí estudiándolo. Después empecé a tomar clases de otras danzas como el clásico o el jazz. M: Lo mío fue exactamente al revés. Yo bailo clásico desde los tres años. Después empecé a hacer canto y teatro musical, entre otras cosas, y donde realicé una carrera artística, tuve tap como materia. Ahí lo conocí. En realidad ya estaba algo familiarizada, porque con mi abuela a veces veía películas de Fred Astaire y me gustaba muchísimo. R: Yo empecé con el tap a los cinco años, aquel fue mi primer contacto con la danza. Estuve hasta los 10 en un estudio cerca de mi casa, pero luego cerró y allí comencé a probar con otras cosas. Más tarde obviamente continué practicando la disciplina en otros lugares. No fue una decisión mía lamentablemente, es que se cerró el estudio y tuve que cambiar. R: Claro, pero tal vez fue una buena oportunidad, te permitió experimentar otros estilos, ver qué más había… R: Sí, ¡totalmente! Sino tal vez me hubiera quedado con el tap toda la vida, porque me divertía y me gustaba mucho. Así que en ese momento empecé a probar cosas como jazz, hip hop, contemporáneo, etc. ¿Y cómo comenzaron a juntarse? R: Nos conocíamos por tomar clases y seminarios de tap, cada una había empezado por su lado a investigar sobre la disciplina y sus posibilidades. Por ejemplo, con Lu habíamos empezado a trabajar sobre el tap y la percusión. M: Nuestro punto principal de encuentro se dio en las clases de Rodrigo Cristófaro, donde nos volvimos compañeras. Empezamos a llevarnos bien y a formar una amistad y un equipo de trabajo. L: En ese momento no existían compañías de tap o lugares específicos para ir a zapatear, que era lo que más nos gustaba a nosotras. Creo que inconscientemente, lo que buscábamos era hacer música, y es lo que encontramos al formarnos como grupo. Fue como crear una banda, donde una persona conoce a otra que le gustaría tocar algún instrumento y así se va uniendo el equipo.

Chakatá, compañía argentina de tap. Foto: Gentileza.

Chakatá, compañía argentina de tap. Foto: Gentileza.

R: ¿Es decir que a ustedes les interesa más crear zapateando más que interpretar la música? L: Sí, exacto, nos gusta hacer nuestra propia música. R: El zapateador se considera un instrumento más, pero en los lugares en los que habíamos estudiado acá en el país, el tap no era visto de esa manera. Se intentaba transmitir mucho más la técnica de la danza y la coordinación, es decir, lo clásico de este estilo. Y a nosotras nos interesaba romper… ¿romper? L, M y B: Sí, ¡romper! (se ríen) R: Romper. Al principio no sabíamos bien qué ni a qué lado apuntar, pero queríamos quebrar las estructuras con las que veníamos “formateadas”… M: Romper todo (bromea) B: Siempre le dimos mucha importancia y mucho énfasis al zapateo. R: En la obra se puede ver cómo ustedes trabajan con la música en vivo, pero le dan una orientación propia al sonido… R: Sí, incluso el creador de la música, Mariano Pirato Mazza, por momentos tuvo que componer arriba de nuestra propia composición, y para él eso fue un gran desafío. B: Y Verónica Battista, la escritora que creó los textos de la obra, me sorprendió bastante cuando nos dijo: “ustedes se parecen a una banda, no ensayan como bailarinas, sino como si fueran músicos”. R: Su nombre, Chakatá, ¿surgió por la onomatopeya? M: Sí, empezamos a jugar con ritmos, con sonidos y terminó saliendo ese nombre. R: ¿Y cómo improvisan las cuatro juntas? M: Es que nos conocemos tanto, que ya es algo natural… L: Sí, incluso cuando estamos haciendo cosas distintas, nos unimos dos y dos, de repente tres y una… le vamos buscando diferentes dinámicas, como si realmente fuéramos una banda musical. También tenemos una forma de encarar la improvisación, característica de los zapateadores, que es bastante musical e instintiva. Es decir, si yo estoy improvisando, por ejemplo, algo con Bárbara y la dos estamos conectadas usando el mismo instrumento, ella no va a hacer algo para sobresalir y taparme a mí, ni yo tampoco a ella. Más allá de que nos conocemos muchísimo y estamos conectadas, la metodología que se usa es la de la improvisación clásica. M: Es lo mismo que sucede con la música, nuestros pies funcionan como instrumentos, que a veces acompañan a los otros. Se debe usar el mismo criterio que en cualquier tipo de improvisación: estar atento al otro, a lo que hace, identificar cuál es la mejor forma de sumarte a él, de potenciarlo o de complementarlo. Establecer contacto visual, escuchar, sentir, dar aire, silencios, tomar la propuesta que te trae el otro, etc. L: Yo creo que la dificultad del tap está en que es el mismo instrumento para todas. En una banda tenés una guitarra, un bajo y una batería, por ejemplo, pero acá son cuatro pares de zapatos con el mismo timbre que tienen que integrarse para lograr un buen sonido. M: A veces igual puede improvisar una persona y otras hacer las bases, como en una banda.

"Amar. Temer. Partir". Foto: Alejandra Rovira.

“Amar. Temer. Partir”. Foto: Alejandra Rovira.

R: Claro, ¡qué interesante! Y hablando un poco de sus roles, ¿cómo fue la composición de los personajes de Amar.Temer.Partir? L: Cada personaje lo pensamos en una época, además de tener sus características personales. Nosotras trabajamos en un momento de este largo proceso de creación de la obra con Lautaro Metral, director de teatro y actor y amigo que queremos mucho. Con él empezamos a hacer una búsqueda actoral que nos reveló la necesidad de establecer personajes. Luego los trabajamos y elaboramos nosotras. B: Previo a eso, incluso pensábamos en no tener personajes, sino más que nada en ser funcionales a cubrir los las figuras que hubiera que cubrir en cada momento. Pero creo que cada personaje de la obra tiene mucho que ver con cada una de nosotras. M: También nos gusta la idea de que la gente vuele con las relaciones entre los personajes… o no. Siempre jugamos con que puede ser una historia diferente para cada persona. R: ¿Estuvieron mucho tiempo trabajando en este proyecto? L: Esta obra tuvo un proceso muy largo, la trabajamos tanto en la cabeza como en el cuerpo durante unos dos años. Y fue mutando. Nació de una imagen que sigue latente, que es la de la casa con cuatro ambientes y diferentes alturas, y el grupo de mujeres. También este primer acercamiento con la obra tuvo su anclaje con los tiempos verbales, la lengua y el tempo… M: Y los verbos modelos que se usan para “regir” el sistema en el que se conjugan los tiempos. R: Claro, ¿por qué “amar, temer y partir”, no? M: Nosotras encontramos en este orden de los verbos modelos una historia para contar. Y a partir de ahí, este juego de ir y volver en el tiempo, ir y volver en el tempo. R: ¿Por qué decidieron utilizar música en vivo para la obra? M: Siempre trabajamos con música en vivo, incluso en algunos seminarios que damos. En la clase usamos pistas, el propio cuerpo y al final del encuentro dejamos un espacio para la improvisación con música en vivo. L: Esto es algo propio de la compañía, siempre hemos trabajado con música en vivo, desde los comienzos. R: Además de los seminarios, ustedes también dan clases, ¿verdad? ¿Cómo se maneja cada una? R: Nosotras somos muy distintas las cuatro: tenemos diferente energía, cuerpo e ideas, y lo que cada una aporta es tomado por la compañía. Cada una trae algo diferente. Y cuando enseñamos por separado, cada una transmite a sus alumnos su propio estilo. Por supuesto que estamos empapadas de Chakatá porque es lo que somos, pero también tenemos nuestras particularidades. M: Por ejemplo, yo trabajo en una academia de Teatro Musical e intento enfocarme al repertorio de distintos musicales, como el Theater Tap. R: Es muy distinto ir a tomar clases con cada una de nosotras por separado que asistir a un seminario de Chakatá. M: Nosotras mismas también readaptamos nuestros seminarios, dependiendo del público al que van dirigidos. Podemos dar workshops a niños, a personas que no sepan zapatear, a grupos de adultos que bailen o no. Y yo no confío en nadie como en ellas para dejarles a mis alumnos. ¡A veces hasta nos citamos como fuente en nuestras propias clases! (se ríen)

Foto: Alejandra Rovira.

Foto: Alejandra Rovira.

R: ¿Cuáles serían sus fuentes de inspiración? Fred Astaire, ¿por ejemplo? L: Obviamente que admiramos y amamos a los bailarines de tap clásico de la década del 50 como él o Gene Kelly, pero también podemos encontrar inspiración en películas o en otras personas, como Pina Bausch… R: Para una escena de la obra nos inspiramos también en un cuento de Cortázar, que nos gusta muchísimo. Nos encanta cómo usa las palabras, el ritmo que tiene para escribir. B: También tomamos de él algo del realismo mágico que utiliza. R: ¿Y hay planes para Amar.Temer.Partir después del 6 de diciembre? M: Tenemos la idea de hacer temporada de verano, estamos charlándolo. Realmente tenemos ganas de que suceda porque sentimos que necesitamos transitar la obra un poco más, vivirla. Para nosotras este proyecto es muy grande, con mucho trabajo detrás. L: Por otro lado, a fines de febrero o a principios de marzo, como siempre hacemos desde hace algunos años, realizamos un seminario de la compañía en el estudio de Jimena Olivari. Hacemos hincapié en esta clase, de tres o cuatro horas, en lo que hemos trabajado con la compañía. Enseñar es algo que nos apasiona. Nos encanta compartir con la gente el trabajo de Chakatá y zapatear todos juntos.  

 

Ficha técnica

Idea: Luciana Castro Sampayo, Bárbara Gurevich, Micaela Pierani Méndez, Rosario Ruete | Intérpretes: Luciana Castro Sampayo, Bárbara Gurevich, Micaela Pierani Méndez, Rosario Ruete | Músicos: Roco Collado, Mariano Pirato Mazza | Escenografía: Marcelo López Carilo | Diseño de luces: Marcelo López Carilo | Realización escenográfica: Andrés Livy, Esteban Siderakis | Música original: Mariano Pirato Mazza | Fotografía: Fuentes Fernández Fotografías | Diseño gráfico: Estudio Papier | Producción ejecutiva: Gabriela Fernández Gavilán, Florencia Mayorga | Coreografía: Luciana Castro Sampayo, Bárbara Gurevich, Micaela Pierani Méndez, Rosario Ruete | Dirección de arte: Marcelo López Carilo | Dirección: Marcelo Lopez Carilo

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