Ciudanza 2014: Encuentros y desencuentros

Agudo balance de Majo Rubín de la séptima edición de este Festival. Podría esperarse un mayor involucramiento con los espacios que interviene y con la difusión de la danza entre nuevos públicos.

sábado, 29 de marzo de 2014 | Por María José Rubin

El pasado domingo 16 de marzo concluyó Ciudanza 2014, la séptima edición del festival de danza en espacios urbanos que se desarrolló desde el jueves en distintos horarios y tres ubicaciones: Plaza del Vaticano, frente al Teatro Colón; Parque de los Andes, en el barrio de Chacarita; y Plaza Mitre, sobre Avenida Libertador, en Recoleta.

La propuesta de Ciudanza –según se lee en sus textos– es redescubrir la ciudad, sus espacios verdes y monumentos a partir de la intervención de la danza en estos paisajes. En más de una ocasión, sin embargo, la relación de las obras con el espacio público no siempre fue fructífera, y el encuentro entre la ciudad, la danza y los espectadores, en muchos casos, no llegó a consumarse.

La programación de Ciudanza 2014 incluyó un buen número de obras pensadas para espacios cerrados y de pequeñas dimensiones, como las piezas de danza contemporánea que se montan en teatros independientes, donde la clave del contacto con el espectador es la cercanía.

La mirada a los ojos, el murmullo de los pasos y el sonido de la respiración fueron elementos que faltaron en varias obras de Ciudanza 2014 por obvios motivos: las distracciones del espacio público, sumadas a los traslados permanentes de la audiencia para rodear los distintos territorios escénicos y la distancia respecto de los bailarines actuaron en detrimento de obras como Río Conmigo – de Diego Franco, a cargo de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea – y Cuerpos – obra subsidiada por la Bienal Arte Joven, a cargo de los coreógrafos novelles Ramiro Cortez y Federico Fontán- que, si bien presentaron interesantes adaptaciones a la nueva situación, perdieron la fuerza y las dimensiones múltiples que las caracterizan en otros escenarios.

Los cuerpos. Foto: Prensa | Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.

Los cuerpos. Foto: Prensa | Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.

En una posición poco fecunda para la reflexión, sentados en una plaza rodeada de tránsito o caminando hacia el siguiente escenario en compañía de una multitud, los espectadores también fueron enfrentados a piezas introspectivas y experimentales como Golondrinas – idea y performance de Pablo Burset, Yanina Rodolico y Victor Campillay- y Vestidos de Gracia –de Leticia Manzur, a cargo de la Compañía del IUNA con una unidad de obra difusa, una dinámica y un lenguaje herméticos para los espectadores noveles, y cuyo valor (que no pongo en cuestión) es difícil de apreciar a simple vista, sin una guía o un bagaje teórico previo.

Vestidos de gracia. Foto: Prensa | Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.

Vestidos de gracia. Foto: Prensa | Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.

Tuvieron mayor éxito piezas de otros géneros, como Paraíso, de lenguaje clásico -a cargo de Edgardo Trabalón y Daiana Ruiz- y Una Constante, de Juan Jesús Guiraldi (Combinado Argentino de Danza) con una fuerte impronta urbana, que mediante la destreza de sus bailarines captaron la atención del público.

"Una constante". Foto: Prensa | Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.

“Una constante”. Foto: Prensa | Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.

Un público, además, que podría iniciar un recorrido de conocimiento y apreciación de las artes escénicas si eventos como Ciudanza permitieran un primer acercamiento a obras más accesibles, con mejores posibilidades de adaptación al espacio urbano o, mejor aún, creadas en y para ese espacio.

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