Cómo modela los cuerpos la danza bien entrenada: Los sí y los no de la musculatura de un bailarín

La bailarina y maestra de danza Victoria Mazari comenta el efecto de la ejercitación en el modelado de la musculatura y cómo identificar errores a partir de ello.

Lunes, 23 de mayo de 2016 |

Por Victoria Mazari (*)

Nunca debemos olvidar que la danza es principalmente un arte, una forma de expresión milenaria que en algunos casos se ha convertido en académica y en otros ha mantenido su condición popular, conservando así los orígenes y formas desde su aparición hasta el día de hoy.  

El objetivo de mis notas es hacer foco en las técnicas académicas e invitar a bailarines y estudiantes de danza a hacerse preguntas, a conocer más sobre su cuerpo que es la herramienta con la cual cuentan para aprender y desarrollar el arte de la danza y el que los acompañará no sólo durante su carrera sino también durante toda su vida. Por eso es necesario saber y conocer acerca del cómo y por qué de la musculatura, las articulaciones y mecánica del movimiento. 

Hasta ahora hemos hablado de lo que ocurre dentro de nuestro cuerpo cuando nos movemos, alineaciones, formas correctas e incorrectas de abordar un movimiento o posición. En este caso -siempre aclarando que todo ocurre de adentro hacia afuera– hablaremos de la consecuencia de nuestro entrenamiento en las formas y líneas de nuestro cuerpo.    

El cuerpo del bailarín de por sí es muy particular y fácil de reconocer incluso para ojos no expertos: la forma en que caminamos, la posición de nuestra espalda y cuello y la manera de realizar los movimientos cotidianos.     

De todas maneras desde el conocimiento de las formas anatómicas podemos reconocer a alguien que tiene más o menos técnica según la forma de su musculatura. Pondremos a continuación algunos ejemplos de cuando la danza forma el cuerpo correctamente y cuando no.

La espalda de un bailarín es muy fácil de identificar: busca ser larga, amplia y plana para darnos fortaleza y sostén de movimiento pero a su vez plasticidad para acompañar el movimiento fluido de las piernas, para generar formas, suspensiones y posturas que dan esta sensación de invertebrados. Debe estar alineada a los pies, con omóplatos planos y dorsales anchos, hombros relajados ni hacia adelante ni hacia atrás, cuello largo y pecho abierto. Se dice que a la hora de colocar el torso debemos ser “pequeños” por delante y grandes y anchos por “detrás”.  (Imagen 3)        

Cuando desde el inicio de la clase no se trabaja un correcto fortalecimiento de la espalda, ésta no termina de llegar a la forma adecuada: puede volverse jorobada y demasiado rígida o débil con omóplatos hacia afuera, dorsales inactivos, hombros hacia adelante, que afectan directamente la colocación del torso. (Imagen 1)

También puede ocurrir lo contrario y en el esfuerzo por mantenernos derechos, no teniendo la fuerza y conocimiento adecuados, exageramos la idea básica de “estar derechos”: hombros hacia atrás, omóplatos cerrados, tensión en cuello y pecho, que afectan directamente al torso abriendo las costillas y descolocando el sacro hacia atrás, lo que se conoce como “quebrarse”.  (Imagen 2)

espalda

 

La colocación de la cadera es otra forma por la cual se reconoce a un bailarín. El arduo trabajo que realizamos para dominar nuestro centro de gravedad nos vuelve livianos pero a su vez estables, nos da cierta forma peculiar de caminar que afecta lógicamente a la postura de piernas y pies, volviendo nuestra actividad más visible en la cotidianeidad. Esto se debe a nuestra colocación, pero si un estudiante o bailarín no ha tenido un correcto desarrollo del trabajo del centro del cuerpo, cadera, pubis, sacro, etcétera, se verá reflejado de igual manera.

Cuando caminamos sacando la cola o generamos una curva extrema en la parte inferior de la columna o los huesos de la cadera se desvían hacía abajo, estamos teniendo un error postural gravísimo que se refleja en todo el cuerpo. (Imagen 1)

A su vez cuando nos paramos empujando el pubis hacia adelante, apretamos la cola, llevamos el peso a los talones y hundimos el centro estamos en la misma situación pero a la inversa. (Imagen 3)

Particularmente, el centro debe estar alineado por adelante y por detrás, con el sacro alineado a los pies, los huesos de la cadera mirando hacia el frente y el pubis ni hundido ni excesivamente adelante. Se dice que la parte trasera alarga hacia los pies, como si todo bajara, y la parte de adelante se eleva hacia el ombligo, como si todo subiera. Dicha alineación debe estar en su equilibrio justo para que no caigamos en malas posturas. (Imagen 2)

cola

 

La mayoría de las personas cree que la forma de las piernas es de una manera y que no se puede cambiar: eso es un error ya que mediante el estiramiento, la musculación y la correcta colocación no sólo en clase sino también en la vida cotidiana podemos modelar la forma de las piernas. Si no fortalecemos toda la parte interna de nuestras piernas (rectos internos, abductores, psoas, patas de ganso, hueco poplíteo, etc.), la colocación de piernas y caderas se modificará y terminaremos utilizando otra musculatura para movernos. Tendremos el pubis hundido, los cuádriceps más grandes de lo necesario y nuestras piernas darán la sensación de ser más cortas debido a que la falta de tonicidad en la parte interna de nuestra pierna nos aplastará sobre las articulaciones; por ende a la hora de movernos nos volverá más “lentos” y “pesados”. (Imagen 1)

La pierna debe estar sostenida tanto por la parte interna como la externa, de lo contrario sería como pretender que una estructura edilicia se sostuviera por un sólo lado. Necesitamos sostener todo para que haya un correcto equilibrio: la parte interna de la pierna es la que nos da elevación y sostén de centro, la que se ocupa de ejecutar los movimientos más finos y pequeños y es la encargada de la precisión, mientras que la musculatura externa nos otorga potencia y fortaleza. (Imagen 2)

piernas

El apoyo de los pies y la colocación de la parte inferior de la pierna son muy importantes, aunque esto último no sea un tema muy tratado. Incluso los errores que cometemos al dar apoyo a nuestros pies vienen directamente ligados a cómo trabajamos la zona inferior de nuestra pierna.

Lo correcto es que -como explicamos anteriormente- haya un equilibrio entre la parte interna y externa, el hueco poplíteo tirando hacia arriba, la rótula alineada a la mitad del empeine, los gemelos internos y externos sostenidos de igual manera sin poner más fuerza en una zona que en la otra, el peroné relajado y el sóleo fortalecido para sostener el tobillo tanto en la parte de adentro como de afuera. Todo esto afecta al apoyo de los pies que deben estar correctamente apoyados en el piso con el arco elevado y los dedos abiertos, el peso y empuje del pie debe apuntar desde el arco hacia el segundo y tercer dedo. (Imagen 1)

Ahora, si abandonamos la parte interna del gemelo que está directamente ligada a todos los músculos rotadores de la pierna, no tendremos sostén interior, el hueco poplíteo y pata de ganso se irán hacia atrás junto con el gemelo interno y el sóleo, lo cual dará peso al talón, se vencerá el arco y haremos fuerza con el peroné, gemelo externo, etcétera, para apoyarnos en los pies. Esto además afecta a la colocación de rodillas y cadera. (Imagen 2)

pies

Como decimos siempre, es muy importante tener en cuenta que desde nuestro lugar aportamos una visión general de temas que deben ser tratados por el maestro de cada uno en forma particular, ya que no todos somos iguales y cada cuerpo a lo largo de su desarrollo va adoptando distintas posturas y aprendizajes dentro de la danza. Esto puede variar según la técnica que bailemos, si somos hombre o mujer e incluso la época en la que hemos aprendido las cosas, pues en el pasado no se hacía tanto hincapié en la importancia de la preparación física y el conocimiento anatómico que debe tener un bailarín.

Lo que intentamos básicamente es generar en el lector un disparador para hacerse y hacer preguntas, invitándolos a investigar y estudiar más acerca de cada tema que proponemos, deseando desde nuestro lugar poder despejar algunas dudas muy comunes en estudiantes y bailarines.

>Agradecemos a los integrantes deCompañía Danseur Danza Teatro por prestar sus cuerpos para tomar las imágenes>

(*) Victoria Mazari fue alumna de la Escuela Municipal de Danza Norma Fontenla y del gran Maestro y bailarín Ruben Chayan. Bajo su tutela ganó concursos provinciales e internacionales. Formó parte del Ballet Juvenil de Mar del Plata dirigido por Chayan. Obtuvo beca de estudio en la Fundación Julio Bocca. Integró el Grupo La Rayuela y el Ballet Neoclásico de Buenos Aires. Fue alumna del maestro Alfredo Gurquel y Juana Lederer e integró el Grupo de Danza que ellos dirigían. También integró la Compañía Expresarte Danza-Teatro. Desde 2011 integra el Ballet Metropolitano de Buenos Aires, con el que ha realizado diferentes giras por el país, Chile, Uruguay y conformó parte del elenco que el MET llevó a su primera gira en Rusia en 2012. Fue integrante de las tres temporadas que esta compañía realizó con mucho éxito en C.C. Konex. Dirige la compañía Danseur de Danza-Teatro, fundada en 2013, y con la cual ya ha realizado más de 10 funciones y se prepara para una nueva temporada.

Desde 2006 se desempeña como maestra de Danza Clásica con especialidad en Técnica de Puntas y Elongación y Preparación Física, siendo su principal sede BAYRES Estudio de Arte. Desde 2009 dicta Clases Especiales de Técnica de Puntas.

Comentarios

  1. Tatiana

    Quisiera corregir (como estudiante avanzada de la carrera de educacion fisica y como bailarina) que el musculo aBductor no existe!!! Existen los musculos abductores o abeductores que alejan un segmento corpotar de la linea media del cuerpo!!! y otros muy distintos (que es el interno) que son los aDuctores que ACERCAN un segmento corporal a la linea media del cuerpo! Estos ultimos son a los que se hacen referencia en la publicacion pero está mal escrito porque dice aBductor cuando en este caso se trata del aDuctor..

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