Jorge Amarante: flamante nuevo director en el Ballet de Monterrey

El coreógrafo argentino se radicará en México junto a su esposa, Analía Sosa Guerrero, quien será su asistente y maestra de la compañía. Lleva montadas seis obras para ellos desde 2004.

Martes, 01 de julio de 2014 | Por Maria José Lavandera

Y llegó el momento. El coreógrafo, maestro y bailarín argentino Jorge Amarante partió finalmente hacia México para ocupar su rutilante puesto en el Ballet de Monterrey, la segunda compañía más importante de ese país –que cuenta con un cuerpo de 35 bailarines-, luego de la Compañía Nacional de Danza de México. Como su asistente y maestra de la agrupación partirá junto a él la bailarina Analía Sosa Guerrero, quien también es su esposa. Llegan en un momento también particular para la historia de esta institución, que el año que viene cumple nada menos que 25 años.

Jorge Amarante, un gran coreógrafo argentino, hoy convertido en director del Ballet de Monterrey, en México. Foto: Gentileza.

Jorge Amarante, un gran coreógrafo argentino, hoy convertido en director del Ballet de Monterrey, en México. Foto: Gentileza.

No obstante, para Jorge es volver a una compañía con la que ha trabajado seis obras propias desde 2004. “Este año cumplo 10 años de haber empezado a trabajar con ellos y asumo la dirección. Todo junto”, comenta el feliz director en un breve paso por Buenos Aires luego del montaje de una de sus obras en Washington, con la compañía estadounidense Chamber Dance Project, y a punto de regresar a retomar plenamente sus actividades en la ciudad mexicana. “Fue todo muy de imprevisto. Yo iba manejando, me llamaron por teléfono y me ofrecieron el puesto. Fue así nomás (risas). Uno a veces trata de buscar los momentos ideales para un cambio de dirección en la vida, pero nunca los hay porque siempre estás en plena temporada y nunca parece que las cosas encajan bien”, asegura él, quien hasta ahora, además de su tarea coreográfica, junto a su esposa cumplía con una activa labor docente en Ballet Estudio en Buenos Aires, la escuela de ballet de Olga Ferri y Enrique Lommi, hoy dirigida por Marisa Ferri. Tanto para ellos, como para la institución y para sus alumnos de años constituye esta partida el fin de una etapa muy importante: ellos fueron quienes tomaron la posta de las clases que solía dictar Olga, habiendo sido otorgado este lugar por ella misma. “La movilización emocional fue lo peor. Lo más grande. Y con los chicos fue también muy especial: cuando hice la última clase y les dije a mis alumnos ‘Esta fue la última clase que doy’, se pusieron todos a llorar. Ellos sabían que ya nos íbamos, pero además yo me adelanté dos meses porque me fui a México a preparar algunos asuntos, luego a Washington a estrenar una obra y les cayó como que todo estaba resultando muy rápido. Fue todo un drama. Pero son etapas. Consideramos que para todos es un aprendizaje y en última instancia va a ser positivo”, indica el artista. Por otra parte, vale recordar la fuerte conexión que lo une a la figura de la eminente maestra: él fue su elegido para hacerse cargo de la dirección del Ballet del Teatro Colón en 2008, cuando ella asumió la compleja tarea de ser la Directora de Danza del Primer Coliseo.

Monterrey: un ballet al estilo estadounidense

Amarante cuenta que su nueva casa, el Ballet de Monterrey, tiene una fuerte raíz privada y que, por tanto, está estructurada de un modo muy parecido a las compañías estadounidenses, aunque actualmente obtendrán también patrocinio estatal: “Ellos tienen un patronato y una administración dedicada a juntar los fondos. Recién ahora va a tener apoyo de los gobiernos del Estado Federal, además de contar con sus patrocinadores de siempre. Hasta ahora les ha ido bien y se han podido mantener. El año que viene la compañía cumple nada menos que 25 años gracias al apoyo de empresas y de familias que han aportado. Pero creo que es muy positivo que se haya firmado un convenio a partir del cual habrá aportes oficiales. De este modo, uno no tiene la necesidad urgente de conseguir sí o sí los fondos para mantenerse”, comenta el director.

Actualmente el primer paso de su gestión fue un llamado a audición para bailarines y bailarinas para ocupar tres puestos en el cuerpo de baile. Se trata de una medida novedosa en el marco de este ballet, que se fue conformando paulatinamente por el propio interés de quienes quisieran ingresar: hacían una clase, eran observados por el director y en función de eso, pasaban a formar parte del colectivo. Relata: “No se había hecho nunca audición. Es bastante inaudito. Llega un bailarín, al director le parece bien y se contrata. En este momento empecé por esto, ya que pienso que así podré darles más oportunidades a quienes no van habitualmente a presentarse y empujar el nivel siempre para arriba. La compañía tiene ya excelentes bailarines, pero uno siempre busca estar mejor”.

Asimismo, en lo que hace a su composición, llama la atención la gran cantidad de bailarines cubanos integrando la compañía: son siete, además de una de las maestras, María Elena Martínez, que hoy comparte este lugar con Analía Sosa. “Durante toda la vida de la compañía, al estar México tan cerca de Cuba, muchos han utilizado al Ballet de Monterrey como peldaño, trampolín para ir a otros lugares, como Estados Unidos. De todos modos, muchos cubanos se han quedado y hoy ocupan algunos de los puestos más importantes de la compañía, como bailarines principales y solistas”, comenta el coreógrafo.

Explica que el ballet tiene como seña de distinción internacional una fuerte impronta latina, que él pretende continuar trabajando, además de profundizar la puesta de ballets completos, algo que la compañía realiza sólo hace algunos años, cuando empezó a contar con más cantidad de bailarines: “Tienen un amplio repertorio. Ya estamos también pensando en el aniversario del año que viene, en giras. La compañía ya me conoce más dentro del lenguaje contemporáneo, neoclásico, que es el que trabajo como coreógrafo, que vamos a continuar ampliando, pero obviamente continuará haciendo los grandes ballets de repertorio. Como coreógrafo voy a seguir montando, pero no va a ser una compañía de autor. Voy a colaborar con un par de obras al año y nada más, fundamentalmente en el programa contemporáneo que siempre realizan para la primavera, momento para el que comenzaré a llamar poco a poco a coreógrafos distintos. Y ahora estamos haciendo ‘Romeo y Julieta’, que vamos a estrenar en septiembre, en mi versión”, comenta el nuevo director. Para él es además muy importante el mantenimiento de un equilibrio en la curaduría de los montajes dado que resulta fundamental apuntar a un público amplio: “Es una compañía que debe estar enfocada a todo tipo de público. La programación y la estética tiene que estar dirigida a todos”, asegura.

Finalmente, Amarante, coreógrafo reconocido y premiado internacionalmente, otrora bailarín en el Teatro Colón, maestro de grandes compañías en Argentina –como la Compañía Nacional de Danza Contemporánea – y su esposa, hasta estos días también maestra en la Compañía Danza por la Inclusión, de Iñaki Urlezaga, confiesan que uno de los mayores desafíos que enfrentan con esta mudanza no es tanto profesional, sino más bien personal y familiar: llevan a sus dos hijas pequeñas, quienes deberán adaptarse a un mundo nuevo. “La cultura es muy diferente. Está muy próximo a Estados Unidos, con lo cual se parece mucho más a una ciudad estadounidense que a una ciudad latinoamericana. Pero estamos seguros de que será positivo para todos y que constituirá un aprendizaje enorme”, asevera el artista.

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