Patricia Leroy, Secretaria del Prix de Lausanne: “En Latinoamér

Cobertura desde Villa Carlos Paz / Por María José Lavandera Patricia Leroy, Secretaria General del Prix de Lausanne, en Suiza, llegó a la ciudad de Carlos Paz en plan de experimentar por sí misma la trayectoria de los bailarines que se presentan este año, luego de aquella idea que surgió hace 10 años ya, de […]

Jueves, 03 de octubre de 2013 |

Cobertura desde Villa Carlos Paz / Por María José Lavandera

Patricia Leroy, Secretaria General del Prix de Lausanne, en Suiza, llegó a la ciudad de Carlos Paz en plan de experimentar por sí misma la trayectoria de los bailarines que se presentan este año, luego de aquella idea que surgió hace 10 años ya, de una preselección que facilitara la llegada de los chicos latinoamericanos a la competencia en Europa. Y ella, lejos de estar en lugar de jueza el concurso, tiene el placer de “disfrutarlos”: “Creo que los bailarines europeos están más inclinados a la eficiencia, mientras que aquí están más involucrados con las emociones compartidas. Eso les da un especial contacto interior con las artes”, afirma, al comenzar nuestra charla.

R: Casi como si saliera naturalmente…

PL: Sí, porque tienen una forma de relacionarse con las artes que es menos intelectual y más emocional. Y esto se muestra todo el tiempo, en todos lados. No sólo en el salón de clases. Pasé tres días en Buenos Aires, antes de venir aquí, porque me encanta la ciudad, y no hice más que caminar y caminar, sin ningún objetivo particular. Fui por San Telmo, el centro… No importa dónde estés en Buenos Aires, hay cosas bellas mezcladas con cosas menos bellas en arquitectura, pero aquellas que no son lindas parecen un trampolín para aquellas que sí lo son. Hay una complementación en esa mixtura. Si uno camina por París, todo es perfecto y hermoso, pero uno se acostumbra también mucho a eso y ya no le presta más atención (risas).

Hablamos del caos y la belleza porteña, de las carencias de infraestructura, de las riquezas humanas en Latinoamérica. Uno vislumbra en ella un dejo de admiración cuando se refiere a los artistas de nuestro continente, aunque lo cierto es que manifiesta constantemente un respeto profundo por la disciplina de la danza y los esfuerzos y la pasión de todos aquellos que han decidido dedicarse a ella en cualquier parte del mundo.

Es desde este lugar de amor, admiración y respeto que se aproxima a su tarea de colaborar en la dirección de uno de los concursos más prestigiosos del mundo, que ya supera los 40 años de existencia impulsando carreras y ofreciendo oportunidades.

Este año, tres candidatos serán elegidos para viajar gratuitamente al Prix de Lausanne, que se llevará a cabo en febrero de 2014, pero se seleccionan en total 12 bailarines: 9 de ellos podrán filmar un video -ayudados por la organización Danzamérica- y enviar de todos modos su candidatura.

Para Patricia Leroy, en Latinoamérica "se respira arte" y aspira a que el Prix sea una vía para que los chicos encuentren su identidad artística como bailarines profesionales. Foto: MJL.

Para Patricia Leroy, en Latinoamérica “se respira arte” y su deseo es que el Prix sea una vía para que los chicos encuentren su identidad artística como bailarines profesionales. Foto: MJL.

R: ¿Qué significa para Lausanne estar llegando a este compromiso de 10 años con Latinoamérica, a través de Danzamérica?

PL: La misión del Prix de Lausanne es ayudar a bailarines talentosos a comenzar una carrera profesional. Ha estado haciendo eso por los últimos 41 años. En algún punto, hace alrededor de 15 años atrás, pensamos que era una pena que Suiza estuviera en el medio de Europa -es un país caro- y sabíamos que había excelentes bailarines en países donde sus familias no pueden afrontar financieramente que los chicos participen en el Prix de Lausanne.  Así nos pusimos a revisar qué podíamos hacer al respecto. Tomó un tiempo, porque no sabíamos cómo orquestar una decisión tal respecto de una ayuda económica para un país y no para otro. Te rompía un poco el corazón tratar de alcanzar una conclusión. Al mismo tiempo, estábamos muy al tanto de una multitud de espacios de entrenamiento y concursos de danza en Latinoamérica. Así que decidimos poner manos a la obra y comenzar con algo, aunque fuera pequeño al principio. Entonces buscamos alguien en quien confiar para estar tarea. Tuvimos algunas entrevistas con gente en Argentina y Brasil, y cuando nos encontramos con Cristina [Sánchez, de Danzamérica], tuvimos la impresión de que ella tenía las cualidades humanas para ser representante de nuestra organización. Los fondos son limitados, entonces pensamos en organizar una pre-selección e invitar uno o dos candidatos para que vengan a Lausanne, con sus gastos cubiertos.

El primer año fue difícil porque nadie sabía exactamente qué estaba pasando, qué era el Prix de Lausanne, por qué había una pre-selección aquí. Tomó algunos años hasta que la gente comenzó a darse cuenta de esta posibilidad y soñar con la chance de viajar gratuitamente a Suiza a trabajar con gente muy importante en el mundo de la danza. Hoy cada vez más candidatos se registran para la pre-selección y el nivel fue mejorando.

Revisar lo que sucedió en estos diez años es maravilloso. Requiere tanto trabajo, no se cómo Cristina se arregla para hacer todo lo que hace (risas). El hecho es que ella lo hace y lo hace exitosamente.

Me da gusto que cada vez más maestros se den cuenta de la importancia de esta instancia, aunque implique que si sus alumnos son seleccionados y ganan la beca para ir a Lausanne, probablemente continúen su educación en otras manos. A veces es difícil de aceptar cuando han estado entrenando estudiantes por años y años.

Y también –algo que yo no sabía hasta hace un par de días en que escuché algunas personas mencionarlo- parece que esta instancia les da una mirada optimista a aquellos que se sienten un poco lejos aquí y les permite entender que, después de todo, es posible viajar. Quizás no sean seleccionados pero la existencia de esta posibilidad es una apertura.

R: Es que existe una mirada centrada en Europa y Estados Unidos desde aquí. En este sentido, es cierto que debiéramos valorar más nuestras instituciones, pero más allá de eso, existen escuelas maravillosas allí y poder acceder a ellas para abrir la mente, estudiar y encontrar el propio lugar como artista en el mundo de la danza no es menor…

PL: Te da esperanzas. Hubo otra cosa que me di cuenta esta semana: los maestros y estudiantes tienen la sensación de un reconocimiento de “aquel otro mundo”, que valoran y jerarquizan (risas). Hay algo como una sensación de validación. No me gusta mucho decir esto, porque podría implicar una arrogancia, no es nuestra intención, es algo que escuché aquí y que nunca había pensado.

Adhonay Soares Da Silva, seleccionado en Carlos Paz para viajar a Lausanne en 2012 y quien resultó el ganador en la última edición. Foto: Gregory Batardon.

Adhonay Soares Da Silva, seleccionado en Carlos Paz para viajar a Lausanne en 2012 y quien resultó el ganador en la última edición. Foto: Gregory Batardon.

R: Es interesante su punto de vista, porque de hecho existe esta pretensión de “aprobación” de ese exterior… Existe una estela de ensoñación que hace que los chicos y chicas piensen que si son elegidos en el exterior, podrán convertirse en figuras algún día.

PL: Me pregunto si no es una reminiscencia histórica de la inmigración europea que llegó a Latinoamérica. Quizás una necesidad de chequear “si-lo-que-estoy-haciendo-aquí-está-bien”. No lo se. Pero nunca lo había pensado desde ese lugar. Para nosotros Latinoamérica es un lugar donde el arte se respira, los bailarines están excelentemente entrenados y son tan generosos con esta forma de arte. Apreciar el nivel que tienen no nos hace sentir que ellos querrían exactamente que nosotros los “aprobemos”. De hecho, la idea es que ellos vengan, aprendan, conozcan mucha gente, que abran sus mentes y si son seleccionados, que puedan continuar trabajando en una escuela que ellos elijan. No es la idea de “quedarnos” con ellos.

R: ¿Qué es importante que los chicos consideren si quieren participar en el Prix?

PL: Me gustaría resaltar la importancia del artistry (la maestría artística). Muy habitualmente la gente se concentra en la técnica y es entendible, porque la técnica es algo que produce arraigo y confianza, pero lo que buscamos en el Prix de Lausanne no es tanto alguien con extraordinaria técnica, que por supuesto que es importante, pero sólo como una herramienta para alcanzar otro objetivo. Me gustaría subrayar la importancia de encontrar lo propio en la interpretación, de la generosidad como artista hacia la audiencia. Se le da mucha importancia a la entrega que implica bailar para un público, mostrar su pasión a ellos, darles el corazón. Esto es algo que no se aprende como la técnica, pero que sí se puede desarrollar. Es algo que uno tiene en el corazón, de modo que mi consejo es que abran sus corazones.

Lucas Erni, finalista argentino en el Prix 2013. Hoy estudia en la Escuela del Ballet de San Francisco. Foto: Gregory Batardon.

Lucas Erni, finalista argentino en el Prix 2013. Hoy estudia en la Escuela del Ballet de San Francisco. Foto: Gregory Batardon.

R: En relación a ello, traigo una anécdota. Tuve la posibilidad de ver bailar en Buenos Aires hace algunas semanas a Sergei Polunin, quien ha sido ganador del Prix en 2006…

PL: ¡En serio! (risas)

R: Para mí justamente fue muy impresionante verlo… Hay algo de esa naturalidad artística desarrollada, una identidad propia, y de una entrega hacia al público.

PL: Verlo bailar es como verlo conversar o tomar un té. No hay diferencia. Pienso en él y me da piel de gallina. Y eso es lo que hace la diferencia entre un intérprete y un artista; y él se piensa y se cuida mucho como artista. Es bastante especial (risas). Y qué personalidad tiene, mi Dios. Quién más se hubiera animado a dejar el Royal Ballet (risas): yo lo encuentro perfecto, él quiere ser él mismo, buscarse y encontrarse en lo que hace como artista y ser feliz.

Uno puede entender eso fácilmente, porque los bailarines se supone que debieran ser una herramienta para un coreógrafo y expresar lo que él quiere decir. Pero es una situación muy ambigua, porque tienen que ser una interfaz entre el coreógrafo y el público y simultáneamente, tienen que ser un artista ellos mismos, expresarse ellos mismos. Es bastante capcioso y no es una posición fácil.

R: Pareciera una buena instancia de negociación: “lo que yo quiero decir de lo que vos querés decir”…

PL: Debiera ser como un equipo, pero no siempre es fácil. También están los egos de ambos… (risas). Los egos arruinan todo (risas). Es un trabajo muy sutil ser bailarín. La mayoría de la gente no se da cuenta de eso, creo yo. Implica un mecanismo de ajuste permanente tan delicado y maravilloso con absolutamente todo en sus vidas. Es lindo cuando uno ve carreras que se desarrollan bien y terminan bien, transitan en buenas transiciones, pero es un proceso complejo. Yo tengo extrema admiración por los bailarines en general.

R: Parecen tan delicados en el escenario, y sin embargo son las personas más fuertes del mundo… Superan dolores físicos, emocionales, frustraciones, momentos arriba, momentos abajo, presiones, alegrías extremas a veces…

PL: Exacto. Y luego a los 38 años, sin más, ya tienen que comenzar a pensar qué van a hacer luego a sus 40. Es una vida muy loca, pero es tan hermoso lo que hacen, al mismo tiempo.

R: ¿Cómo ve la escena de la danza actualmente? Hace un ratito hablaba con Amanda [Bennett, Directora Artística de Lausanne y jurado] que no es necesario llegar a ser una mega-estrella de una compañía top para hacer una linda carrera. Es importante entender eso para no frustrarse.

PL: Yo diría que es fantástico estar en Nueva York, Londres o París si uno es el bailarín adecuado para ese tipo de compañía. Pero no todos lo son. Otros bailarines son maravillosos para Alvin Ailey, por ejemplo. Otros para Kylian o para Forsythe. Es probablemente comprensible que bailarines muy jóvenes tengan muchos ídolos y que aspiren a ser como ellos, en las ciudades más emblemáticas, pero cuando maduran se vuelven un poco más sabios y se dan cuenta que es más importante bailar en un espacio donde tu personalidad, tus habilidades físicas y tus intereses artísticos se desarrollen bien. No se trata de entrar a toda costa en un esquema, muy a pesar de uno mismo. Diría que es importante que los jóvenes bailarines investiguen distintos tipos de compañías y sus condiciones de trabajo: hay muchísimos factores para tomar en consideración al integrarse en una compañía. No se trata de pensar: “Yo quiero ser una estrella como Rudolf Nureyev” y ya. Hay miles de otras posibilidades y hay que pensarlas y buscarlas.

Si un chico quiere ser bailarín y sus maestros entienden que tiene las capacidades para serlo de modo profesional, es bueno que se tomen su tiempo para investigar lugares, gente, descubrir qué es aquello para lo que es más adecuado y también lo que más les gustaría aprender y desarrollar. Pero no traten de entrar en una caja pre-establecida, es importante que desarrollen sus estilos y personalidades.

Mayara Magri, ganadora brasileña del Prix 2011, que hoy está en el Royal Ballet de Londres. Foto: Gregory Batardon.

Mayara Magri, ganadora brasileña del Prix 2011, que hoy está en el Royal Ballet de Londres. Foto: Gregory Batardon.

R: ¿De qué forma esta competencia les ayuda a conocer esto?

PL: Creo que el Prix de Lausanne en Suiza no es sólo una competencia, es una semana en la que jóvenes bailarines pueden conocer gente de todo el mundo. Hay alrededor de 80 candidatos que vienen a Lausanne todos los años y son de 25 países diferentes y de distintos tipos de escuelas. Entonces pueden comparar, hablar; tienen la posibilidad de conversar con los miembros del jurado de modo individual. Si no son seleccionados para ir a la final, hay una entrevista con cada bailarín en el que un jurado los aconseja y les indica qué mejorar.

El Prix tiene un objetivo educacional, no es tanto sobre “encontrar un ganador”. De hecho, hacemos una selección de finalistas: hay muchos. Y para aquellos candidatos que no llegan a la final, organizamos una audición en la que están nuestras compañías y escuelas partners y muy habitualmente reciben invitaciones para seguir estudiando, para probar estar unos meses en una compañía. Hay muchas posibilidades. Es una convención. Una feria donde la gente se encuentra, con una competencia como excusa. Pero nuestra idea es potenciar el trabajo, darles la chance de conocer tanto estrellas de la danza para que les cuenten sus experiencias, como maestros de ballet que los formen y aconsejen, maestros a los que quizás de otro modo no hubieran tenido acceso. Es una semana para “ver el mundo” en una ciudad pequeña (risas).

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