Preguntas sin respuesta para la danza en el Complejo Teatral San Martín

Reflexionamos sobre la situación del Complejo Teatral San Martín y las acciones del Foro Danza en Acción y TIM en lucha por su recuperación y apertura a la comunidad artística, en un contexto de escaso diálogo político.

viernes, 18 de marzo de 2016 |

*Por María José Rubín y María José Lavandera

Bailarines, coreógrafos e investigadores”: así se autodenominaron en la presentación del Foro durante el inicio de una de las dos presentaciones de la conferencia performática “Informe SM” realizada a fines de octubre de 2015, organizada dentro del ciclo “Mis documentos”, curada por Lola Arias. Tuvo lugar en el Cultural San Martín, lo que hoy podría definirse como la contracara no sólo edilicia sino también artística de su objeto de investigación y denuncia: el Teatro San Martín, hoy bajo la dirección de Telerman. Obtuvieron, analizaron y recopilaron datos sobre la historia y el presente del Complejo Teatral de Buenos Aires que les permitieron profundizar su reclamo, iniciado formalmente con las performances virtuales efectuadas bajo el nombre de Acción Iceberg.  Aquellas performances primeras difundieron en las redes algunas preguntas ante las que no es posible quedar indiferente. Su formato pretendió llamar la atención del público, amén de oficiar de manifestación pública en contra de una serie de políticas públicas que invisibilizan a los creadores independientes en la órbita del Estado local, denunciando el mezquino ahogo, la impasibilidad -o, siguiendo la tópica, el congelamiento- a los que se ven sujetos los hacedores de la danza, cada vez más lejos del diálogo y la negociación por parte de la dirigencia política actual.

Es que esta nueva generación de coreógrafos y artistas continúa los preceptos de un artista del movimiento activo, cuestionador de su realidad socio-política y artístico-cultural. Es también ponerle el cuerpo a la tradición de búsqueda del alma contemporánea: la lógica del bailarín entrenado para complacer al público según la ley implacable de un director ha sido cuestionada por su propia génesis. La Judson Church en los 60 logró establecer una concepción diferente a través de técnicas como el Release y el Contacto-Improvisación, que basaron su práctica en la tarea de bailarines creadores.

La emergencia hace más de medio siglo de un nuevo tipo de sujeto en movimiento, cuya dimensión política cobra importancia y determina parte de ese moverse, evidencia el anacronismo de prácticas institucionales que se sostienen hasta la actualidad, y de las cuales el CTBA no está exento. En pleno siglo XXI, aún resta saldar deudas con el siglo XX para que, además de voz, estos artistas tengan voto y nuevas y mayores posibilidades.El movimiento se convierte en una entidad de movilización de diversas aristas. Es en tanto sujetos activos, políticos y artísticos que se permiten el tour de force de hacer oír un reclamo que se aposta aún apenas en el umbral de un posible concierto con la administración política local.

Por un lado, en octubre de 2015, para la edición del Festival Internacional de Buenos Aires –que desde el 24 de febrero de 2016 cuenta con nuevo flamante director, el investigador Federico Irazábal, nombrado por el Ministro de Cultura, Darío Lopérfido–, la comunidad de la danza contemporánea recibió un gesto: la organización del Concurso de Proyectos de co-producción FIBA-Festival Buenos Aires Danza Contemporánea, de donde surgieron dos espectáculos: Diógenes al sol, de Celia Argüello Rena y Juan Pablo Gómez, y La comunidad, de Nicolás Roses. Un gesto que, sin una política pública que considere las herramientas del Estado como uno de los vehículos fundamentales en la generación de espacios para la creación artística y su democratización concienzuda, será sólo eso.

Por otro lado, en una reciente reunión entre organismos de Derechos Humanos, artistas, trabajadores de la cultura e intelectuales de diversas áreas disciplinares con Horacio Rodríguez Larreta, actual Jefe de Gobierno Porteño, se le entregó una carta con 20.000 firmas en repudio a los polémicos dichos de Darío Lopérfido respecto de la cantidad de desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar, que solicitaba su renuncia. La respuesta a ello fue la permanencia en el cargo y un muy escueto pedido de disculpas, que, por supuesto, ante la sensibilidad pública, política y humana de la cuestión, no sólo fue insuficiente, sino que lo dejó fuera de la cancha: fue declarado por artistas y organizaciones de Derechos Humanos como persona no grata en todo espacio teatral de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

En este marco, recordar y mantener audibles las denuncias y los reclamos realizados hace apenas pocos meses es fundamental: el consenso se ve distante, y a la luz de situaciones más urgentes y altisonantes aquellas voces parecen eclipsarse, pero la reflexión y la defensa de los derechos, el arte y la cultura en la ciudad no pierden vigencia.

La conferencia performática

-Finalización de obras edilicias en tiempo y forma

-7 curadores para 7 salas

-Programación anual de danza contemporánea

-Renovación de cargos directivos del ballet contemporáneo

-Co-producciones para danza y teatro independiente

-Cargos directivos, administrativos y técnicos elegidos por concursos

-Participación de artistas en la gestión pública

-Transparencia presupuestaria

-Democratización del CTBA

A fines de octubre de 2015, estos reclamos se enunciaron sobre el escenario de la sala Muiño por parte de algunos protagonistas de la escena independiente del teatro y la danza para hacer y defender al arte en un mismo acto. La función también mostró la unión de fuerzas de dos colectivos: el Foro de Danza en Acción, que desde hace ya varios años realiza acciones en favor de los derechos de los hacedores de su campo, y Teatro Independiente Monotributista (TIM), una agrupación reciente que convoca a actores, directores y dramaturgos.

La conferencia se inauguró con una serie de relatos personales, de experiencias que, por su relación con el CTBA y con la carrera artística de sus protagonistas, son también experiencias sociales y políticas. Representan, seguramente, lo que muchos otros artistas y espectadores han vivido: la iniciación a las artes escénicas en las salas del San Martín, la importancia de ese primer acercamiento (grato u olvidable, pero aún recordado), y la urgencia implícita de que una institución de tamañas dimensiones pueda seguir brindando experiencias de este tipo a las nuevas generaciones.

A lo largo de la función se desplegaron los resultados de una investigación inagotable: mirando con lupa el archivo del San Martín evidenciaron el adelgazamiento de la producción propia del teatro, la reiteración desmedida de unos pocos nombres de autor de las obras programadas, la tendencia creciente hacia las coproducciones con el sector privado que corre con los beneficios y el consecuente vaciamiento del teatro por subejecución del presupuesto.

Más aún, se expuso el testimonio de los trabajadores del Teatro San Martín, que dieron cuenta de los peligros que conlleva habitar un edificio en el que se realizan obras de la talla de las que se efectúan en la actualidad. Se recordó, asimismo, el despido en 2007 de los integrantes del ballet contemporáneo que reclamaban por derechos básicos: ART, aportes y licencia médica. Se proyectó el discurso de Ernesto Chacón Oribe cuando, poco después, recibía el premio Clarín y denunciaba el cese (suyo y de sus compañeros) tras abogar por la necesidad de un reglamento que sentara las bases de los derechos y obligaciones en torno a la compañía.

La función cerró con una invitación: caminar hasta la avenida Corrientes e instalar allí el reclamo. Una escena que, un mes y medio después, se repuso para enunciar nuevamente el pedido.

Deseos de Año Nuevo

El 15 de diciembre de 2015 las puertas de vidrio del San Martín se empezaron a llenar de papelitos. Son deseos, pedidos, reclamos. Los observan desde una fila de sillas los concurrentes a esta nueva acción del Foro y TIM. Los observan ellos mismos, que los redactaron y los pegaron en el vidrio, ellos que sostienen con su voz, con su reflexión y con su presencia la lucha por el CTBA, y por los derechos de sus trabajadores y de su público.

San Martin

La democratización del complejo es la base del reclamo. En el campo de la danza, esto involucra la legitimación del Ballet del San Martín como compañía oficial, el otorgamiento de derechos laborales a sus bailarines y la renovación de los cargos directivos periódicamente y por concurso público. Supone, además, la apertura del espacio a más curadores, que propongan para cada sala del complejo una programación (es decir, un programa guiado por una hipótesis, y no simplemente un conjunto de títulos inconexos) que sea representativa del estado actual de la danza contemporánea (y no de los gustos de un solo individuo), que dé lugar a sus hacedores para trabajar en el marco de una institución financiada con fondos públicos y que permita a los espectadores acceder a tendencias que, pese a ser constitutivas de la danza en nuestro tiempo, hoy no figuran en las carteleras del complejo.

Foto: Revol.

Foto: Revol.

En términos amplios, democratizar el CTBA significa abrir las puertas de los teatros para que el ingreso del público sea posible y seguro. El Teatro Alvear y el Teatro de la Ribera siguen cerrados, mientras que el San Martín, hasta ese momento,permanecía abierto en medio de obras que se han prolongado varios meses pasada la fecha de finalización estimada para mayo de 2015. Durante todo ese tiempo, los trabajadores vivieron situaciones insalubres y riesgosas para su integridad física, según sus propios testimonios.

Foto: Revol.

Foto: Revol.

Esta serie de reclamos implica dar espacio a los propios artistas en la gestión pública; reconocer su lugar de sujetos políticos y repensar la idea de que debieran quedar a merced de un público, aunque creadores y directores, bajo el paraguas de un concepto que los considera meros reproductores de movimiento e ideas en lugar de sujetos creadores en sí mismos.

Foto: Revol

Foto: Revol

 

El San Martín, a puertas cerradas

El 15 de diciembre no fue una fecha elegida al azar: para ese día, a las 12 del mediodía, estaba prevista la conferencia de prensa en la que se daría a conocer la programación 2016 del CTBA. El anuncio se canceló sin mayores explicaciones poco antes del horario estipulado, y fue casi un mes más tarde que finalmente se supo por qué. El San Martín cerraba sus puertas, según se informó a principios de enero del año siguiente, para terminar hacia mediados de 2016 -aunque, parece ser, no será tal la fecha, sino hacia fin de año- las reformas que deberían haber concluido más de un año antes. Darío Lopérfido, ministro y también director del Teatro Colón, fue quien anunció entonces el cierre.

Recientemente, el propio funcionario ha indicado públicamente que se mantendrán los puestos de trabajo, a pesar de la inactividad de los teatros: por obras de refacción sin finalizar, continuará cerrado todo el Complejo Teatral –integrado por el Teatro San Martín, el Teatro de la Ribera y el Teatro Presidente Alvear, luego de un promedio de 500 días sin funcionamiento– durante todo el 2016, cuya programación irá al Centro Cultural San Martín y a teatros privados alquilados para la ocasión. Quedan exentos de esta lógica, por suerte, el Teatro Regio y el Teatro Sarmiento.

Otro tema capital a nuestros quehaceres: el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín se enfrenta también a un cambio fundamental que tampoco por el momento presenta muchas definiciones. Su todavía director, Mauricio Wainrot, fue nombrado Director de Asuntos Culturales de la Cancillería, aunque aún no es sabido cómo se efectivizará la modificación de dirección ni a cargo de quién, es decir, si habrá un cambio de dirección y, en caso de que hubiera, cómo se elegiría a su sucesor. Nuevamente en torno de esto, como ya hemos dicho en la nota anterior, es una cuestión que alberga una serie de preguntas respecto de una lógica de trabajo y la ausencia de mecanismos formales que permitan la organización de la entidad. Asimismo, consultada la web del Complejo, en danza aún no hay programación ni anuncios.

Por su parte, el Foro Danza en Acción se reúne todos los miércoles de 10:30 a 12:30 en Lezica 4171. Actualmente están en organización de un congreso sobre políticas públicas para las artes escénicas, con invitación abierta a quien desee sumar sus esfuerzos en esta iniciativa. Todo indicaría que hoy la clave es afirmar una posición alternativa y darse la posibilidad de analizar circunstancias y posibilidades un poco más allá de la línea de fuego, en un contexto que parece ser poco pregnante a la escucha, la negociación política y el trabajo dialogado, paradójica contradicción con el pregón político del oficialismo actual.

Foto: Revol.

Foto: Revol.

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