Premio María Ruanova: Una emotiva entrega para Norma Binaghi

También se distinguió a los maestros Hebe Campidoglio, Laura Cappiello, Sandra Racedo, Aurora Lubiz, Gustavo Leymon, y Manuel Vallejos.

lunes, 16 de junio de 2014 | Por Maria José Lavandera

Un nuevo emotivo evento estuvo a cargo del Consejo Argentino de la Danza el pasado martes 10 de junio en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura porteña a colación de la entrega 2014 del Premio María Ruanova, cuya ganadora fue la directora del Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín desde hace 25 años, la Maestra Norma Binaghi.

Previamente se distinguieron también a los maestros Hebe Campidoglio, Laura Cappiello, Sandra Racedo, maestras de ballet; Aurora Lubiz, bailarina y docente de tango; Gustavo Leymon, maestro de danzas folklóricas, y Manuel Vallejos, referente en el mundo del jazz.

Hebe Campidoglio y Beba Gangitano. Foto: Antonio Fresco | Gentileza CAD.

Hebe Campidoglio y Beba Gangitano. Foto: Antonio Fresco | Gentileza CAD.


Leticia Grondona y Laura Torres Cappiello. Foto: Antonio Fresco | Gentileza CAD.

Leticia Grondona y Laura Torres Cappiello. Foto: Antonio Fresco | Gentileza CAD.


Graciela Zarachu y Aurora Lubiz. Foto: Antonio Fresco | Gentileza CAD.

Graciela Zarachu y Aurora Lubiz. Foto: Antonio Fresco | Gentileza CAD.

Una larga trayectoria

Una sala colmada de caras sonrientes acompañaba la entrega del premio a la Maestra Binaghi. “Es una gran alegría recibir este premio. La docencia es lo que siempre me gustó y desarrollé. Gracias a María [Ruanova], que ha sido una gran maestra, al Consejo Argentino de la Danza, que me lo ha otorgado, a todos ustedes que están presentes”, comenzó agradeciendo la feliz premiada.

Muchos jóvenes, sus alumnos del taller, estuvieron presentes. Es que su humildad, su rigurosidad, su excelencia en la interpretación y la enseñanza de la danza son aquellas características que más señalaron los ilustres miembros de la mesa que ella convocó para que la acompañara en la entrega de este premio. Moderada a cargo de la coreógrafa y periodista Laura Falcoff, la mesa fue introducida por ella: “Andrea Chinetti, una artista de larga e impecable trayectoria en el Teatro San Martín, hoy directora asociada junto a Mauricio Wainrot, querida alumna y luego compañera de elenco; Alejandro Cervera, director con Norma en el Ballet de San Martín, profesor del Taller, amigo; Oscar Araiz, con quien comenzaron a trabajar juntos cuando se formó la compañía en el Teatro San Martín en el ballet del año 1968; Haichi Akamine, que es actualmente maestro del taller”. Se trató de una charla entre amigos, sin intervenciones demasiado formales, en las que los sentimientos y las emociones se llevaron el protagonismo.

Norma Binaghi, junto a la Presidenta de la Institución, Beatriz Durante, y su Vicepresidenta, Beba Gangitano. Foto: Antonio Fresco | Gentileza CAD.

Norma Binaghi, junto a la Presidenta de la Institución, Beatriz Durante, y su Vicepresidenta, Beba Gangitano. Foto: Antonio Fresco | Gentileza CAD.

“Admiro extraordinariamente el trabajo increíble que está haciendo hace casi 25 años como directora del Taller del San Martín, que viene formando bailarines superlativos, esos resultados son de una dirección muy clara, muy rigurosa, mucho cariño y mucho amor por los profesionales de la danza”, comentó Laura, antes de dar inicio a la charla.

Chinetti rescató que ella “fue una persona que forjó mucho, que me enseñó muchísimo en cuanto al rigor, la disciplina, al ser artista y estar comprometido en esta profesión desde joven. Por el ser desde maestra a compañera. Tengo una anécdota muy linda, que es que la primera tarea que me tocó cuando entré en la compañía [del Teatro San Martín], fue como reemplazo de Norma en un solo. Yo era su alumna y era el primer trabajo. Además, lo primero que hacía, una gran responsabilidad, no sólo estaba bailando sola en la Sala Martín Coronado, sino que además estaba haciendo el reemplazo de mi maestra. Era una doble responsabilidad. Sobre todo, quiero destacar su generosidad en el trabajo. (…) Trabajamos y bailamos mucho juntas por un periodo bastante largo. Por suerte seguimos compartiendo la parte docente, ella como directora y yo como maestra. Y sigue formando muchos artistas, que nosotros tomamos como bailarines para la compañía. El trabajo diario de ella en la escuela es un trabajo realmente increíble. Ella está desde la mañana hasta la noche. Se dedica a ver cada alumno, cada maestro, cada problemática”.

Norma, a su vez, rescató el hecho de poder ver el crecimiento de sus alumnos, como le pasó con Andrea: “Ella siempre fue muy tesonera, muy estudiosa, muy responsable. Para mí es un orgullo enorme ver la carrera que también ella hizo. Cuando uno los conoce de chicos, le gusta ver su desarrollo”.

Norma Binaghi es una de las grandes bailarinas que tuvo nuestro país, amén de la docente querida y dedicada. Dueña de una sólida técnica clásica, Norma estudió en Escuela Nacional de Danzas y en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. Sus maestras, recordadas en la velada, fueron María Ruanova e Ilse Wiedmann, de quien, según dice, aprendió a enseñar. Fue miembro del ballet del Teatro Argentino de La Plata, donde permaneció tres años. Fue contratada como bailarina solista en el Teatro del Chatêlet de París, como así también en compañías diversas en Alemania y Finlandia. Luego de tres años de viaje y trabajo por Europa, decidió regresar al país, donde audicionó para el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, que, en 1968, se estaba formando bajo la dirección del Maestro Oscar Araiz, con quien ella ya había trabajado. Si bien hasta entonces era mayormente considerada una “bailarina clásica”, fue forjando el lenguaje contemporáneo hasta que se quedó en sus huestes. “Siempre tuve esa inquietud. Luego de estar La Plata, viajé, probé otras cosas y volví. Ahí empecé. Se creó la compañía con Oscar, y audicionamos. Fue un momento muy rico para nosotros en que empezamos a reconocernos realmente con nuestros caracteres y personalidades y desafiando otras propuestas artísticas. En esa época éramos jóvenes y contemporáneos. Oscar fue mi director de compañía muy, muy joven y compartíamos intereses”, contó Norma a la audiencia atenta.

Y esa etapa también fue prolífica para su desarrollo docente: “A mí me ayudó también mucho cuando empecé la docencia. Hoy quiero recordar mucho, mucho, mucho a Ilse Wiedmann, una gran maestra, que sigue siendo sólo que no ejerce. Ella a mí me marcó mucho el tiempo que estuvimos juntas. Tenía una gran capacidad para transmitir, para guiar, muchísimo rigor para enseñar y además, nos asistía permanentemente en las funciones. Todo el tiempo nos estaba cuidando para que las cosas salieran mejor. De ella tomé el material pedagógico: cómo usar el cuerpo, las energías, la postura. Era un placer trabajar con ella”.

Luego fue el turno de la intervención de Haichi Akamine, a quien Norma manifestó su enorme agradecimiento por su generosidad y aprovechó para recordar a todo su entorno dancístico, a sus formadores, sin los cuales no hubiera podido ser la profesional que es: “Me interesaba lo que él traía y su formación; fue totalmente generoso. Desde ese momento hasta ahora seguimos trabajando juntos y discutiendo, investigando. Damos todo a nuestro espacio. Haichi ha sido un gran soporte para el Taller, así que estoy muy agradecida. Y el premio es compartido. Uno es con su entorno y yo tengo la gran suerte de tener un equipo de docentes en el taller maravilloso. Todos somos gente que venimos de haber trabajado con muchos coreógrafos, maestros maravillosos. Otra maestra maravillosa ha sido Renate Schottelius, a quien recuerdo con todo mi amor porque era una mujer fantástica. Hay muchísimos maestros. Recuerdo a todos los que me han formado. Me he formado en la Escuela Nacional de Danza, en la que teníamos maestros maravillosos, todos artistas que nos daban lo mejor de ellos. Gracias a Dios, he sido siempre muy curiosa y quise estar muy preparada. Nuestros maestros nos motivaban mucho a bailar y hacer. Eso me ayudó a ser docente y directora de este Taller de Danza y empujar a los chicos a ser cada día mejores y más profesionales, y a amar la danza, a no divorciarse nunca de la danza. A veces uno tiene mejores momentos que otros, pero hay que tomarla sin saber muchas veces a dónde va a ir todo  eso, pero es estar presentes y cada día disfrutar de lo que hacen”.

Mesa con Andrea Chinetti, Alejandro Cervera, Laura Falcoff, Oscar Araiz y Haichi Akamine, en la que apreciaron la larga trayectoria de Norma Binaghi. Foto: Antonio Fresco | Gentileza CAD.

Mesa con Andrea Chinetti, Alejandro Cervera, Laura Falcoff, Oscar Araiz y Haichi Akamine, en la que apreciaron la larga trayectoria de Norma Binaghi. Foto: Antonio Fresco | Gentileza CAD.

Alejandro Cervera, coordinador de la dirección de danza del Centro Cultural Rojas, otrora alumno de Norma y su partenaire en la compañía del San Martín, valoró especialmente la visión social que ella imprime a la danza, algo que también se ha visto reflejado en sus interpretaciones: “He compartido con Norma muchas cosas. He sido alumno de Norma, no sé si vos te acordás (risas). Compartimos diez años del ballet del San Martín, del ‘77 al ‘87, donde trabajamos como compañeros y hemos bailado bastante juntos. Quizás porque éramos flacos y altos. Ella también bailó muchas obras mías, maravillosamente. Ha sido una intérprete fabulosa, de una gran intensidad, absolutamente sofisticada. Pienso en ‘Memorias’, de Ana Maria [Stekelman], en ‘Tango vitrola’, en la fuerza expresiva de la interpretación, en ‘El capote’ de Ana Itelman, que nos deslumbró a todos; fue sorprendente seguir el trabajo de Norma, el crecimiento extraordinario en esa obra; la Blanche en ‘Un Tranvía llamado deseo’ o ‘Las casas de Colomba’, de Itelman, fueron trabajos fabulosos, con una experiencia que la distinguía de las chicas del ballet. Quizás porque era más grande, traía gran experiencia de afuera y era muy sólida en danza clásica. Y luego vino este periodo breve, de la dirección en el San Martín, que debo decir que lo que me impresionó de Norma fue la mirada, que ella sigue teniendo. Uuna mirada muy amplia que tiene que ver con [considerar] la diversidad, lo distinto, lo que está más alejado. Me acuerdo que en ese momento, corría el año ‘86, ‘87, teníamos un programa preparado, y Norma trajo la idea de ir a los centros culturales. En Buenos Aires era una cosa bastante novedosa. No había escenarios, sino que la idea era bailar en patios, con un piso durísimo. Y fuimos a Villa Soldati. De pronto ella dijo que ahí había una comunidad boliviana grande y que no quería que quedara relegada, de modo que estaría bueno que sus miembros compartieran la función. Siempre hay en Norma una mirada muy particular de apoyo, de ‘tener en cuenta’, de no perder de vista que la danza no se termina en el San Martín, en el Colón o en la General Paz, y esto Norma lo ha tenido siempre muy presente. Y tiene esta mirada muy específica sobre cada docente y cada alumno. Norma justamente imprime al taller, así como le imprimió a toda su carrera como bailarina, también como gestora, esta mirada tan particular, tan diferenciada y amorosa con la gente”.

El cierre del encuentro estuvo a cargo de Oscar Araiz, con la poesía que caracteriza habitualmente sus palabras pausadas y cálidas para honrar a su amiga y colega: “Estoy muy satisfecho de que se hayan nombrado personas de la talla de Ilse Wiedmann, Renate Schottelius, Ana Itelman, y creo que Norma ha tomado la posta de estas formadoras,  que estimularon la carrera y la dignifican desde el punto de vista gremial, social, sino casi sanador, porque todos los que pertenecemos a esta actividad sabemos lo que ella representa como soporte de nuestra identidad, de nuestra comunicación, de nuestra independencia, para nuestra libertad de expresión. Así que por todo eso, para todos los jóvenes, muchas gracias nuevamente”.

Bravísima, Norma.

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