Primera visita de Julio Bocca como Maestro al ISA: “Sean felices en cada clase”

Invitado por primera vez como docente por el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, Julio Bocca dio una clase exquisita, en la que abundaron las sugerencias salidas de su experiencia profesional y la simpatía.

Miércoles, 03 de diciembre de 2014 | Por Maria José Lavandera

La mañana del viernes 28 de noviembre de 2014 sí que quedará grabada en muchas memorias.

Los chicos y chicas entre 4° año y Perfeccionamiento del Instituto Superior de Arte (ISA) del Teatro Colón no podían ocultar un poco de nervios y otro poco de profunda admiración frente a la ocasión, traducido esto en algunas sonrisas tímidas. Es que se trató nada menos que de la primera vez que Julio Bocca, tal él mismo lo ha asegurado, fue invitado como Maestro para dar clase a los alumnos del ISA. Fue la Maestra Tatiana Fesenko, Directora del Departamento de Danza de tal institución, quien concretó tal convocatoria. El evento contó asimismo con la organización integral de Silvina Juárez, asistente de la Regencia y docente, y la colaboración de la Cooperadora del ISA.

Fue una ocasión verdaderamente inolvidable. Esta experiencia dio pie para constatar ante ojos de esta cronista que este enorme artista ya ha logrado exceder la lógica del estrellato, que igualmente lo continúa secundando quizás a su pesar, y es hoy a claras un Maestro de aquellos con M mayúscula. La clase se llevó a cabo en un clima que se hizo progresivamente íntimo y cálido, regado de chistes y risas, altas dosis de simpatía y marcas que, más allá de correcciones técnicas, apuntaron a ofrecer una perspectiva desde la cual ocupar el espacio escénico –en constante proyección- y cómo encarar cada clase, espacio que, tal como dijo el Maestro Bocca, debiera ser, ante todo, disfrutado, algo que se traduce luego en la danza: “¿A ustedes les gusta estar acá? Sonrían cuando bailan”, supo indicarles.

Son palpables en sus observaciones su rica historia, sus experiencias incontables, y también su presente como director y Maestro. Es también un estudioso, al tiempo que un artista actual que en diversos momentos en la clase dio cuenta de la importancia de concebir la especificidad física de los bailarines latinoamericanos y cómo bailar con el cuerpo y el espíritu, de modo de anclar en las tendencias internacionales más exigentes, aún sin perder lo propio: al no contar con las largas líneas de contextura de los bailarines de otros países, comentaba a los alumnos la necesidad de trabajar con la energía elástica, proyectada hacia arriba y hacia afuera a través de las extensiones de brazos y piernas y pensando más allá del cuero cabelludo.

El Maestro Bocca, en su primera clase como docente invitado al ISA del Teatro Colón. Foto: Revol.

El Maestro Bocca, en su primera clase como docente invitado al ISA del Teatro Colón. Foto: Revol.

Finalizó con dos consejos: ser felices en clase y, en consonancia, escuchar la música –haciendo un guiño y felicitando al pianista por su performance- y simplemente aprovechar para bailar, “porque sino los pasos se convierten en un ejercicio”.

Entre aplausos y “fuera de programa”, decidió quedarse a compartir algunas experiencias y marcar algo de agenda. Contó los comienzos con su madre, Nancy Bocca, sus primeros estudios en la Escuela Nacional de Danzas a los siete años y su presencia como alumno del ISA del Teatro Colón durante ocho años, momento en que, recordó, aprovechaban mucho compartir sus espacios de estudio con los profesionales del ballet estable. “No sé ahora si están acá”, preguntó a los presentes. Los chicos se adelantaron en murmurar que no. “Vamos a intentar que estén todos en un lugar”, indicó, propuesta que arrancó ruidosos aplausos y hasta silbidos. Es que para él la posibilidad de estudiar en el terreno físico del Teatro Colón ofrece posibilidades de aprendizaje que sólo se adquieren con la experiencia y la observación de colegas: “En esa época [cuando él era estudiante] estábamos acá todo el tiempo y teníamos la suerte de trabajar muchísimo con el cuerpo de baile. Uno siempre estaba atento a todo. No me iba por los aires, siempre estaba mirando, aprendiendo todo, porque las oportunidades nunca se sabe dónde están. Tenemos que estar preparados para eso”.

"Sonrían en clase" fue una de sus sugerencias. Foto: Revol.

“Sonrían en clase” fue una de sus sugerencias. Foto: Revol.

Comentó luego un punto de vista fundamental en la formación y en la perspectiva que él propone adoptar a los jóvenes bailarines: “Les digo también que es maravillosa esta carrera. Pero que también tenemos que estar pensando en el futuro. Esta carrera tiene un límite. Si a veces tienen ganas de hacer otras cosas, averigüen, vean. Traten de no quedarse sólo con esto. Sí poner el corazón siempre en esto, porque si les gusta, eso es lo principal; si están acá es porque lo que más les gusta es esto. Pero también es bueno estar preparados para un futuro. Un futuro en el cual no sabemos. Yo soy muy directo, así que les digo: quizás no todos tienen las mismas posibilidades. Eso también es un trabajo para el cual hay que estar preparado. Nunca sabemos tampoco si nos pasa algo y qué puede ser. Hay que estar preparado para todo eso y no estar tristes tampoco. La parte artística interior puede salir por otro lado. Yo tuve que elegir entre los estudios y mi carrera. No les recomiendo dejar los estudios. Yo los obligo ahora en la compañía en Uruguay a terminar la secundaria o la universidad si están haciéndola. Hay gente que se recibió de arquitectura, están ahora dando exámenes de medicina cardiovascular… Lo nuestro termina a los 40 años y todavía nos queda otra mitad de vida para seguir”.

Y de pronto nos hizo viajar al imperio interestelar en el que todos habitualmente lo ubicamos, recortando consejos y sugerencias: “Empecé joven, tuve la suerte de viajar por el mundo, de estar con los grandes. De conectarme. De salir a cenar con Nureyev, o pasar vacaciones con Baryshnikov o bailar con Makarova, o compartir escenario con Maya [Plisetskaya], con Alicia [Alonso], con Carla Fracci. Estar invitados en todos los grandes teatros. De tener una buena relación con todas las compañías. Siempre hay un respeto hacia mi trabajo y mío hacia el trabajo de los demás. Tuve la suerte de conocer a figuras y que me han dado cosas muy puntuales, que trato de transmitir ahora, como Liza Minelli o Julia Roberts o Viggo Mortensen. y otros personajes que ustedes no conocen como Niní Marshall — ¿la conocen? (risas). O mismo grandes bailarines de acá, como Raúl [Candal], Silvia [Bazilis], o en su época Eduardo Camaño. Tuve la suerte de ver a esas figuras, compartir y aprender. Estén siempre absorbiendo. Sobre todo cuando están acá, después agarren la computadora, el Ipad o lo que sea, pero traten en esto concentrarse, porque es una carrera que pasa volando. Es una carrera que cada vez es más joven, como pasa en el deporte también”.

Foto: Revol.

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Y llegó a su presente, que vive con plenitud, puliendo cada día un diamante como es la compañía del SODRE, y haciendo un aporte histórico a la danza rioplatense: “Tuve la suerte de trabajar con grandes coreógrafos, hacer grandes producciones. Y bueno, ahora tengo la suerte de estar en un lugar fijo, por elección es Uruguay. Hace siete años que vivo ahí, feliz. Pudimos hacer renacer otra compañía, que junto con la del Colón, son las más antiguas de la región. El año que viene el ballet de allá cumple 80 años. Una compañía que hacía 10, 15 funciones, que ahora estamos haciendo 90 funciones al año. Salimos de gira nacional, internacional, tenemos un gran repertorio. Hacemos audiciones todos los años. Y tengo el apoyo del gobierno, que es muy importante porque la cultura es parte de nuestra educación, del crecimiento de un país”.

Foto: Revol.

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Entre risas indicó que “me gusta tomar mi vino tinto” y, antes de abrir a algunas preguntas, agradeció nuevamente la invitación: “La verdad que estoy feliz y gracias por la invitación. Para mí el Teatro es muy especial. He tenido mis idas y vueltas, pero la verdad que uno aprendió acá y trato ahora de devolver todo lo que uno aprendió y, como dije, con todas estas grandes figuras que pude compartir y ver sus grandes momentos en la danza”.

Simpatía y risas. Ese fue el cariz que dio el Maestro a su clase. Foto: Revol.

Simpatía y risas. Ese fue el cariz que dio el Maestro a su clase. Foto: Revol.

La timidez le ganó a la joven audiencia, que lo miraba embelesada. Dirigió la atención a un grupito de chicos de los años iniciales: “Hay muchos varoncitos, muy bien. ¿Qué edad tienen? No aflojen. Si están acá… ¿sí?”, los felicitó con una sonrisa amplia.

Finalmente una chica quebró el hielo: “¿Qué características diferentes encuentra en diferentes lugares del mundo, artísticamente y como modo de enfrentar el trabajo?”, preguntó.

“Cuando uno ve la Opera [de Paris], el Royal [Ballet], el American [Ballet Theatre], vienen con una escuela muy formada y tienen su diferencia. Y también tienen un régimen de trabajo muy fuerte. No hay compañía que trabaje menos de ocho horas. Entonces se llega a un nivel por el trabajo que se hace. Eso es muy importante. La constancia, la disciplina. Y hay una cuestión personal de cada uno. Esta carrera es muy de competencia. Competencia sana, pero lo es. Yo me tengo que mostrar al coreógrafo que viene o al director que está. Yo le tengo que agradar si quiero llegar a más. Eso se ve mucho en otras compañías. Suena feo pero uno tiene que ser un poco egoísta con uno en el sentido de que la posibilidad de progresar está en mí, está en uno querer superarse. El maestro tiene que ayudarnos en el camino pero no es el que va a bailar por nosotros. Es uno el que tiene que ir para adelante. Y eso se ve mucho. Por eso estas grandes compañías tienen una historia, el nivel que tienen. Tienen un horario de trabajo infernal. Nosotros con la compañía ahora estamos en siete horas y media de trabajo. Cuando vino la compañía de Boris Eifman –acá también estuvieron-, ellos trabajan diez horas. Nosotros tuvimos que alargar el horario de trabajo. Pero claro, después se levanta el telón y te impacta lo que ves. Si queremos competir a nivel internacional, por lo menos mi intención con la compañía es eso, tenemos que adaptarnos a este ritmo. Tenemos gente talentosa siempre acá y nunca pudimos llegar a competir en ese nivel constantemente. Creo que se puede pero depende de nosotros. Esas son las diferencias que uno encuentra cuando uno va a otras compañías. El ritmo de trabajo, la constancia, la cantidad de funciones. Eso también es muy importante. La Opera de Paris tiene casi 200 funciones al año. Bailan en los dos teatros. El Bolshoi tiene funciones casi todos los días, en los dos teatros. Hacen ‘Lago’ en uno y ‘Giselle’ en otro. Que eso ya es demasiado también, porque el cuerpo es uno (risas). Pero es la forma en que están en competencia y están en un nivel todo el tiempo alto. Eso es lo que uno ve cuando va a afuera, sobre todo desde Sudamérica”.

Foto: Revol.

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En cuanto al desarrollo artístico, comentó la importancia de encarar una búsqueda permanente de más información y detalle a la hora de crecer como artistas, que amerita concentración, dedicación y un trabajo personalizado, que también nota en las grandes compañías del mundo y que hoy trata de aplicar en su espacio de dirección en Uruguay: “Hay un estudio, hay una búsqueda. Nosotros tenemos una costumbre de estar cómodos. De estar a que nos expliquen todo. Ahora con la compañía de Uruguay yo mismo tuve que hacer un cambio mental del trabajo con la gente joven, que tiene otra forma de expresarse en esta época que en la nuestra. En la nuestra era el maestros que decía tal o cual cosa y nosotros nos callábamos. Ahora hay pregunta y respuesta, otras dinámicas como más flexibles. Está bien, es otra época. Ahora estamos haciendo un trabajo de coaching. Cada maestro tiene alrededor de 15 bailarines a su cargo y si el bailarín necesita una consulta o preguntar algo artístico, va al maestro. No viene todo al director. Y hay un acompañamiento con el trabajo del bailarín en lo artístico y en lo técnico. Si estás mal del pie, vamos a trabajar más esto o aquello. Eso se ve también afuera, ese trabajo más individual con cada bailarín. Técnico, artístico y en una búsqueda. Ahora tienen la suerte de tener el aparatito y al segundo, aparecen todas las respuestas. Entonces, sean curiosos también por ese lado, total tienen tiempo. Esa búsqueda individual es muy importante. No depende de los maestros. Con los maestros lo que hay que hacer es abrir la cabeza para absorber todo lo nuevo. No quedarnos. Hoy también es otro ritmo de trabajo. Se cambia muy rápido ahora. Hoy todo es más veloz. Tenemos que competir con todo lo electrónico y la rapidez. Ahora el público no quiere estar tres horas viendo un ballet sentado. Entonces hay que mantener la calidad, lo artístico, la historia, el estilo pero con un ritmo que quieran quedarse y no aplaudir e irse. O como he visto en las funciones que son lentas, la gente con el celular. Creo que tenemos que acomodarnos a los cambios de la vida cotidiana, algo que es normal. Pero depende de nosotros”.

Foto: Revol.

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Consejos a la hora de buscar trabajo

Otra de las preguntas versó sobre sus sugerencias respecto de la visión que tienen hoy los grandes directores de compañías para elegir a sus bailarines: “Cada compañía y director va a buscar su propia visión. Yo personalmente busco una personalidad. Aparte, por supuesto, que tenga una técnica, una rapidez. Dentro del examen que tomamos se hace una clase de clásico, se monta una parte de una coreografía de Forsythe, que es rápida, ágil, y permite ver la rapidez que se tiene en el aprendizaje. Esas cosas son las que una compañía siempre busca. Una compañía busca un bailarín que sea ágil, y que pueda cambiar de un estilo a otro. Ahora las grandes compañías, no sólo hacen ‘La Bella Durmiente’. Suman Forsythe, Graham. Y todo se hace bien. El bailarín tiene que estar ya preparado para todo eso. Si no estás preparado para todo eso, tu posibilidad siempre se va a desmejorar. Yo les recomiendo que siempre estén aprendiendo, no sólo el clásico, sino contemporáneo, jazz, teatro. Cualquier compañía busca un bailarín muy formado. Y no hay muchas compañías estrictamente clásicas ya. No te quedes sin estudiar cosas, sólo con clásico porque un director hoy busca muchas cosas. Y busca alma. Técnicamente, hay mucha más competencia que antes. Entonces tienen que tener su personalidad. Eso es muy importante y no lo ve sólo el director, sino cuando un coreógrafo viene. Hay veces que pienso que tal persona va a ocupar tal rol, pero viene el coreógrafo con su idea y elije a otro. En la compañía en ese sentido ofrece a todos la misma posibilidad. Se trata también de abrir un poco la cabeza de decir ‘este es mi cargo, acá me planto’. Y si está, hay que lucharlo. La gente de abajo supuestamente debiera tenerte como ídolo, como referencia”.

En conversación con los chicos. Foto: Revol.

En conversación con los chicos. Foto: Revol.

Desafíos en el SODRE

Finalmente se refirió a los desafíos que constituyó dar vida a una institución que había sido dado por perdida tantos años atrás y que logró poner los ojos del mundo en esta región. Planteó como primordial el diálogo entre la Escuela Nacional de Danza de Uruguay y la compañía, algo que, sugirió, también debiera darse entre el ballet estable y el ISA. Los espacios de formación deben proponerse la obligación de estar a la altura de formación de profesionales actuales: “Aquí tendría que ser un diálogo entre la escuela y la compañía, que es lo que trato de hacer allá. Que vengan de la escuela, pero también los alumnos tienen que estar al nivel que yo quiero en la compañía. Y también quiero gente extranjera, porque eso alimenta también. Diferentes estilos, formas de bailar”.

Contó que actualmente insiste mucho en fomentar la educación en danza de calidad en todo el país vecino: “Estamos trabajando en la escuela para que haya un cambio fuerte. En este momento están viniendo a fin de años los cursos que da el American Ballet Theatre para los maestros, que son nueve días intensivos [es el National Training Curriculum del ABT]. Es un curso para la enseñanza de primero a tercer año. El curso va de 8 de la mañana a 8 de la noche, con una hora de almuerzo nada más. Y al final de eso los maestros tienen que dar un examen y obtener el 70% para poder dar ese curso dentro de la escuela. Traemos un maestro de cada provincia del interior para que lo haga, así todo Uruguay más o menos está en la misma línea. Allá es más fácil, es más chiquitito (risas). También trabajamos con el director de la escuela y con los padres, que es fundamental que estén atentos a los niños, porque empiezan a estudiar pequeños y, si han entrado a la institución, esto es un trabajo profesional ya cuando empiezan. Es necesario que los padres estén preparados y que sepan que no es un divertimento. Es una escuela en vistas profesionales, entonces la mentalidad cambia. Les explicamos el apoyo que tienen que tener sus hijos. De a poco lo vamos logrando”, sonríe.

Foto: Revol.

Foto: Revol.

¿Los desafíos de esta experiencia de gestión? “Para mí fue aprender a trabajar para el Estado. Yo venía de trabajar en el American Ballet [Theatre] durante 20 años, una compañía privada con otra mentalidad y tuve la suerte de que en Uruguay me dieran la libertad de poder hacer. Fue aprender a utilizar de los dos modos de trabajo, lo mejor. Hoy la compañía es un fideicomiso con contratos anuales, pero el Estado se hace cargo de los salarios, por lo que tenés esa seguridad, y el mantenimiento del edificio. Pero cuando hacemos producciones y todo, dependés de la venta de entradas. Entonces tenemos que estar siempre renovando, atentos, instando a que la gente venga, que las funciones sean cada vez mejores. Sobre todo allá que es más o menos siempre la misma gente. Son un millón cien mil personas en Montevideo. Ahora hacemos entre 12 y 14 funciones por programa, que representan entre 15.000 y 21.000 espectadores. Fue aprender a manejarme de otra forma, pero por suerte con la libertad que necesitaba”.

Explicó asimismo el modo de organización y constitución del ballet: “Es una compañía joven. Se hacen audiciones todos los años. Ahora arreglamos para que los chicos de los últimos años de la escuela puedan venir a tomar clase, los utilizamos para que vayan un poco incorporándose a la compañía y vean el trabajo que se está haciendo. Y después ya pasan a cuerpo de baile. Ahí el contrato cada año se renueva, pero es un contrato sin fin. Pero tenés aguinaldo, vacaciones, todos los meses cobrás, que no es poco (risas). Y siempre les digo: hay que disfrutar el momento. Nunca se sabe cuándo todo puede cambiar; si viene un cambio de gobierno, qué es lo que pasa. Tenemos un teatro maravilloso, un auditorio nuevo, dos salas de trabajo, kinesiología, dentista, camarines. Contamos con una base en la que tenés todo. Y es otra compañía más que da trabajo a los latinos. Igual tengo de Australia, de Japón, de España, como les contaba. Es muy variado. Ahora estamos trabajando en que haya más uruguayos”, sonríe.

Estuvieron presentes la Maestra Raquel Rossetti, una de sus primeras partenaires, y las bailarinas Maricel de Mitri y Karina Olmedo. Se coronó así una ocasión emotiva, de reencuentros y afectuosos saludos.

Julio Bocca, con sus anfitriones del ISA del Teatro Colón. Foto: Revol.

Julio Bocca, con sus anfitriones del ISA del Teatro Colón. Foto: Revol.

Julio Bocca, quien supo poner la danza argentina en boca de todo el mundo –literalmente- y hoy sigue haciendo magia en Uruguay, engalanó una mañana junto a los jóvenes que, más que para recordar, fue para atesorar.

Foto: Revol.

Foto: Revol.

 

Agradecemos mucho desde Revol a las autoridades del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, a su Cooperadora y al propio Maestro Julio Bocca por haber dado espacio a su presencia en la clase, así como también la posibilidad de registro fotográfico.

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