“Salvaje”, y el horizonte de sucesos

“Salvaje”, la obra de Kalauz, Sánchez Mestre y Toledo, busca, a través de la reflexión performática del ser contemporáneo, preguntarse por el teatro del futuro y cómo, finalmente, las temporalidades se superponen entre sí para derribar cualquier promesa de progreso.

sábado, 14 de junio de 2014 | Por Ignacio González

En los créditos iniciales de The Big Bang Theory, se condensa la historia del universo en unos veinte segundos, aproximadamente. Las imágenes se suceden en un montaje que acrecienta su ritmo y finaliza, previamente a la “explosión” del título de la serie, con la imagen de un grupo de cinco amigos comiendo pizza. No hay ciencia ni teorías, no se muestra la imagen de lo que -se supone- debería ser el punto más elevado de este desarrollo (evolucionista) “progresivo” y acelerado. Todo lo contrario. Se interrumpe la lógica del sentido de las imágenes y la vista del espectador descansa en ese segundo o fracción de segundo que muestra una situación que debe permanecer en la retina: la imagen de unos jóvenes descansando, y alimentándose en reunión. Acciones orgánicas (y culturales) básicas. Entre el choque de imágenes a un ritmo vertiginoso, y el plano general de los cinco personajes principales de la serie en el sillón, algo pasó. Imperceptible en ese momento.  Pero, sin embargo, pensable. Algo pasó para que ese racconto infinitesimal de la complejidad de la historia y desarrollo del universo y de la humanidad se coronara con este plano que parece, por contraste, expandirse en el tiempo. Plano general que ubica la cámara en aquél lugar en el que podría su(per)ponerse un televisor: sitio virtual de un aparato que exigiría y reclamaría ser visto por los personajes que, sin embargo, no lo miran. Toda esta presentación inicial -no olvidemos- es, a su vez, televisada. Ese lugar del punto de vista de la cámara podría pensarse que espeja también el espacio y disposición del espectador “ideal” de series, al encontrar en la pantalla una especie de línea de simetría: hacia un lado los personajes de la serie, sentados en el living, comiendo pizza; hacia el otro lado, el espectador, que podríamos imaginar dispuesto de la misma manera que alguno de los personajes (sentado en un sillón, quizás cenando al mismo tiempo, quien dice que a lo mejor con cuatro amigos más y comiendo pizza). En este breve análisis, hay resonancias del famoso análisis de Foucault sobre Las Meninas de Velázquez, con la diferencia que, en este caso, ninguno de los personajes nos interpela con la mirada. ¿A qué va todo esto? A que en Salvaje, de Laura Kalauz, Ignacio Sánchez Mestre y Jair Jesús Toledo, algo de todo esto también resuena (aunque no en términos ficcionales, o “representativos”). Además, contado al revés: retrocediendo. Cuando el espectador ingresa a la sala de El Portón de Sánchez, los tres performers esperan y observan al público desde el espacio escénico hasta que ocupan sus butacas (como en CMMN SNS PRJCT). Aquí, a diferencia del espectador de la sitcom norteamericana, la mirada no es unidireccional. Observa y es observado. Sin embargo, la notebook en escena señalará, como el hipotético televisor virtual en la serie (que, repetimos, coincidiría con el punto de vista de la cámara, y que se superpondría con la hipotética ubicación ideal del televisor “real” del espectador: aparato nexo, especie de canal o conducto entre dos dimensiones, una virtual y otra real) una imagen vedada al público, accesible sólo a los que están del otro lado. En Salvaje, el espectador jamás puede acceder a la imagen que ven los performers de manera directa en la pantalla. Lo que comparten con ellos es la escucha.  El espectador ve cómo ellos intentan imitar los movimientos de lo que supuestamente ven en la computadora. Pero, para hacer más compleja la situación, la voz off que se escucha es reconocible como foránea, pronuncia su discurso informativo en francés, inglés, etc. lo que dificulta aún más imaginar la referencia. Digo ‘supuestamente ven esos animales’, porque jamás podrá corroborarse. Precisamente ahí se le da rienda suelta a la imaginación del espectador, allí mismo encontramos el punto ciego de la obra, esa especie de negación que hace posible el juego.

"Salvaje": ¿qué hay de animal en lo cultural y de cultural en lo animal? Complejidades de la contemporaneidad. Foto: Caro Castro,

“Salvaje”: ¿qué hay de animal en lo cultural y de cultural en lo animal? Complejidades de la contemporaneidad. Foto: Caro Castro,

Si bien en la obra la referencia a la serie yankee es absolutamente prescindible, en esta reseña hacemos de esa mención un punto de contacto. Una tangente. Así –comparativamente- podemos decir que el recorrido que marcan los créditos de The Big Bang Theory se invierten en la obra: el plano “expandido” en la serie parece encontrar su correlato no ya al final, sino al inicio. De los jóvenes que realizan acciones básicas (en el caso de Salvaje, la imitación de acciones al parecer provenientes del mundo animal) se plantea ir mucho más atrás en el tiempo, al origen. Al principio de todo. ¿Cómo ilustrar el origen –punto ciego por antonomasia-, cómo dar cuenta de estas teorías? Las diferentes propuestas que se manejan en la obra se realizan también de manera tangencial. Se resuelven con acciones simples, con los recursos disponibles, y con una creatividad que divierte. Nuevamente, no se trata de imitar por imitar, sino de jugar con las referencias cotidianas: partiendo de la base que difícilmente podamos entender racionalmente tanto las teorías creacionistas religiosas (son una cuestión de fe), como las teorías científicas más recientes (por su complejidad), lo que nos queda es jugar con esa razón y ver cómo lo que podemos comprender de ellas se puede llevar al espacio escénico.  

Pero como consecuencia lógica de derribar esta idea temporal progresiva, lineal, la obra se dirige ahora hacia el futuro. La problemática de base que tratarán de resolver los tres performers es la siguiente: ¿Cómo será el teatro del futuro? Registrarán sus reflexiones, filmarán sus hipótesis con la notebook, y subirán el material a la web durante la función.

A partir de aquí la obra misma se pone en cuestión y, con ella, los espectadores.  Ya no se trata sólo del espectador que participa y modifica la obra, sino del espectador que participa y modifica también –al menos- la siguiente. Así, Salvaje abre el camino a múltiples posibilidades,  a nuevas reflexiones sobre el estatuto de la obra y sobre la particular temporalidad que funda (no se reduce, en tanto “obra performática” –si eso quiere decir algo-, solamente al “aquí y ahora”, sino que se amplía al “allí y más tarde” y, una vez allí, al “aquí y mucho más temprano”). Nos lleva a modificar el curso de los acontecimientos en el mismo acontecimiento y en pos de sucesos futuros. La obra, por ejemplo, nos ubica en un futuro para pensar nuestro presente como pasado de una acción no realizada aún, o nos ubica en el presente como una obra del futuro que viaja en el tiempo a su pasado… Todos estos viajes temporales (especulativos, interesantes, divertidos) se realizan en menos de una hora con el espectador inmóvil en su butaca (“viajes astrales”, se escuchará decir). Como uno de los versos de la canción inicial de The Big Bang Theory (“every galaxy was formed in less time than it takes to sing this song”), es claro que Salvaje es continuamente autorreferencial. Salvaje se sitúa en un lugar donde la representación sólo puede aparecer por algunos momentos como síntoma de su propio desgaste, donde la reflexión sobre su propio desarrollo se realiza durante el acontecimiento mismo. En una hora, la obra condensa todo. Todo lo que sucede allí caerá en el olvido, o irá a parar a quién sabe dónde.

En este sentido, los aparatos tecnológicos (notebook, webcam, grabador)  o las diferentes formas de registros utilizadas dentro de la obra, funcionan como el marco de un abismo, de un agujero negro: atrapan algo de nosotros y pueden llevarlo a una dimensión desconocida, de la que no retornará jamás  (¿al futuro o al pasado? No lo sabemos). La obra de Kalauz, Sánchez Mestre y Toledo se juega constantemente en esa especie de horizonte de sucesos. Si caemos en Salvaje, jamás podremos salir de ella: jamás retornará a nosotros todo lo que fuimos e hicimos durante ese tiempo, en el que no entendíamos que estábamos cayendo. Lo interesante sería, entonces,  comprendernos durante la caída misma y esbozar, al menos en ese canal al abismo, una posibilidad futura: otra apertura para los que vendrán.

Una apertura en la temporalidad habitual: una interpretación de su propio desgaste... o de aquel eterno caer en el que se sume la humanidad. Foto: caro Castro.

Una apertura en la temporalidad habitual: una interpretación de su propio desgaste… o de aquel eterno caer en el que se sume la humanidad. Foto: caro Castro.

Ficha técnica

Concepto y dirección: Laura Kalauz | Creación e Intérpretación: Ignacio Sánchez Mestre, Jair Jesús Toledo, Laura Kalauz | Consejo Dramaturgico: Sofía Médici | Diseño de Luces: Tomas Fage | Producción General: Ángela Carolina Castro | Asistente de producción: Danae Tzicas | Diseño gráfico: Sergio Calvo | Coproducción: Nada Especial Tanz | Asistente de direccion: Lucila Piffer

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