Sobre los relatos mediáticos del ballet… y otras yerbas

La primera bailarina clásica que vi en mi vida era monocromática. Mucho antes de aquella vez que fui al gallinero del Colón, ya había visto a Maya Plisétskaya por TV. Era una tele en blanco y negro a la que todavía no habían llegado los reality shows. Es cierto que los medios acercan el ballet al gran público. La pregunta es en qué imaginario lo instalan.

Miércoles, 11 de noviembre de 2015 | Por Laura Chertkoff

La primera bailarina clásica que vi en mi vida era monocromática. Mucho antes de aquella vez que fui al gallinero del Colón, ya había visto a Maya Plisétskaya por TV. Era una tele en blanco y negro a la que todavía no habían llegado los reality shows. Es cierto que los medios acercan el ballet al gran público. La pregunta es en qué imaginario lo instalan.

"Breaking Pointe", reality que dramatiza el mundo del ballet a través de las experiencias de un grupo de bailarines del Ballet West, en Estados Unidos. Foto: Gentileza.

“Breaking Pointe”, reality que dramatiza el mundo del ballet a través de las experiencias de un grupo de bailarines del Ballet West, en Estados Unidos. Foto: Gentileza.

Como todos los relatos que tienen a los artistas como protagonistas, los bailarines siempre aparecen más ligados a la pasión que a la rutina. Pero siempre más cerca del esfuerzo y el dolor que el resto de las artes.

En ese primer imaginario del resultado en función de la preparación, podemos agrupar a algunos clásicos del cine con baile, como Flashdance (1983) o Center Stage (2000). Incluso las versiones cinematográficas del cuento de Andersen Las zapatillas rojas, van en el mismo sentido: todo depende del esfuerzo personal, del entrenamiento y de la autosuperación. Por eso es que no se puede llegar sólo por calzarse unas zapatillas mágicas. Hay que hacer barra y ensayar. Mucho.

En la apertura de la serie “Fama” de los años 80, ya se podía escuchar a Debbie Allen encarnando a la docente de danza, bajando la linea de “¿Quieren fama?.. La fama cuesta, y es aquí donde comienzan a pagarla…con sudor”.

Dentro de esta idea de la dedicación exclusiva, está Momento de decisión (1977) que fue el gran espaldarazo para Mikhail Baryshnikov fuera del mundo del ballet. Allí la protagonista se encontraba ante la encrucijada de tener una carrera profesional o famillia. Y alimentaba el mito de que las primeras bailarinas no pueden ser madres.

El “Efecto Billy Elliot”

Es notorio el sentido amplificador que tienen el cine y la TV cuando se meten en el mundo del arte. Generaciones que estudiaron teatro musical por Glee. Adultos mayores que retomaron sus carreras musicales gracias al impulso de Buena Vista Social Club. Los pasos de John Travolta influyeron en las pistas baile de todo el planeta.

Pero existe un caso que ha sido paradigmático: el Efecto Billy Elliot. Nunca hubo mayor claridad y posibilidades de cuantificación: tiempo después del estreno de la película inglesa sobre el niño de 11 años hijo de un minero que quería entrar al Royal Ballet, la cantidad de varones que audicionaron para las escuelas de ballet fue muy contundente.

Pero también hay un efecto Cisne Negro y no por el rol del tercer acto del Lago de los Cisnes, sino por la película del 2010. Se trata de la construcción de un nuevo imaginario sobre el mundo profesional de la danza, ligado a la ferocidad competitiva. Como si el interés de las audiencias estuviera más en el “conventillo” que en las escenas de baile. ¿Cualquier similitud con Bailando por un sueño es pura coincidencia?

Con un poco más de clima adolescente, la ficción australiana Dance Academy tuvo una fuerte combinación de ambas estéticas: la protagonista y sus compañeros de escuela se esforzaron por alcanzar sus sueños y lo lograron. Pero en las tres temporadas hubo muchas más lesiones y traiciones que las que puede soportar un grupo humano psíquicamente estable.

Y cuando se trata de los reality shows todo puede empeorar.

Porque aunque la realidad para mostrar no sea muy extrema, en la mesa de edición todos los personajes y situaciones llegan al límite. Es el caso de Breaking Pointe que está terminando de emitir su segunda temporada por Film&Artsel capítulo final será emitido el 17 de noviembre a las 18-.

Ensayo de Ballet West en la serie "Breaking Pointe". Foto: Gentileza.

Ensayo de Ballet West en la serie “Breaking Pointe”. Foto: Gentileza.

La compañía Ballet West fue creada en 1963. Cuarenta años después fue retratada en un reality show que le dio visibilidad. Pero que también condicionó su repertorio, por las restricciones de derechos de televisación de las obras coreográficas.

Este reality-documental de danza clásica, también fue clasificado por la crítica de tv norteamericana como un docu-soap (mitad documental, mitad culebrón)

Que el producto final sea anunciado como “una producción espectacular sobre lo ferozmente competitivo que es el ambiente de la danza y la abundancia de pasión que se requiere” no necesariamente implica que la compañía de danza que es seguida por las cámaras, esté orientada en ese sentido.

¿Qué tanta distancia hay entre lo que se ensaya todos los días y lo que sale al aire? Teníamos que averiguarlo.

REVOL pudo realizar una entrevista exclusiva con Beckanne Sisk, Principal del Ballet West de la ciudad de Salt Lake City y una de las protagonistas de la serie.

Beckanne Sisk, bailarina del Ballet West, una de las protagonistas de Breaking Pointe. Foto: Gentileza.

Beckanne Sisk, bailarina del Ballet West, una de las protagonistas de Breaking Pointe. Foto: Gentileza.

Beckanne entró a la compañía en el 2011 y en cuatro años fue promovida de una posición a otra, hasta llegar a bailarina principal.

R- ¿Extrañás tu vida de estrella de reality? ¿Ser el centro de atención, tener las cámaras tan encima?

BS- Extraño un poco, sí. Te soy sincera: me gustaba que las cámaras estuvieran rondando. Le daban un condimento extra al trabajo de todos los días. Fue una experiencia muy divertida, sobre todo en la primera temporada.

R- ¿Cómo les contaron que iban a hacer el reality?

BS- Tuvimos una asamblea del sindicato, para decidir si queríamos hacerlo o no. Aunque no teníamos idea de cómo iba a salir el programa, decidimos que sí, porque consideramos que iba a ser muy bueno para nosotros y para la compañía.

R- ¿Y fue bueno para la compañía?

BS- Creo que fue muy positivo. Porque además de ampliar el horizonte hacia la gente que no es público de ballet, también sirvió para poner al Ballet West en el mapa.

R- ¿Pudieron ver el material grabado antes de que saliera al aire?

BS- No pudimos ver nada antes, lo vimos al mismo tiempo que los televidentes. Daba un poco de miedo no saber qué era lo que iban a mostrar. La sorpresa más grande fue la segunda temporada. Porque estuvo mucho mas enfocada a los dramas personales.

R- ¿Creés que ese producto final muestra lo que es la vida de los bailarines profesionales?

BS- todo lo que sale al aire viene de algún lado. Pero mucho de lo que se ve es producto de la edición. Y también porque comienzan a cambiar los comportamientos por la especulación de qué puede salir y qué no. Lo que tenía que ver estrictamente con el ballet y los ensayos, está mostrado como es. Pero el programa está mucho más centrado en las vidas personales. Me habría gustado más que se centrara en el trabajo del estudio

R- ¿Estar en TV generó un crecimiento para la compañía?

BS- creo que el ballet se volvió más popular en todo el país. Está más naturalizado que dedicarse al arte sea una opción profesional. Pero no es sólo por este programa, hay muchos otros, como Glee, por ejemplo.

R-¿Cómo te afectó la fama en tu propia carrera? ¿Cuántos seguidores de twitter tenés ahora?

BS- Sí, me afectó muchísimo. Antes de que el programa saliera al aire tenía dos mil seguidores en twitter y ahora tengo casi doce mil.

R- ¿Veías otros reality shows antes de participar en este?

BS- Keeping Up with the Kardashians (risas) Es un placer vergonzoso.

Unos que se van, otros que llegan

Afiche de "Flesh and Bone". Foto: Gentileza.

Afiche de “Flesh and Bone”. Foto: Gentileza.

El pasado 8 de noviembre de 2015, comenzó en Starz, un canal de televisión premium estadounidense, la primer temporada de Flesh and Bone. Anunciada como una serie dramática sobre ballet, arranca con la expectativa que genera que Moira Walley-Beckett, autora y productora de Breaking Bad ocupe el mismo rol en este caso. Aquí la historia se centra en Claire, una bailarina con talento pero con problemas emocionales, en una compañía en la ciudad de Nueva York.

Esta primera temporada consta de 8 capítulos, con la mitad del reparto compuesto por actores como Ben Daniels, que encarna al director despótico. Y la otra mitad por bailarines que actuan… de bailarines, como Sarah Hay, solista del Semperoper Ballett de Dresden y la bailarina ucraniana Irina Dvorovenko que desde su retiro del ABT, se viene dedicando a la actuación. Una cara conocida es la del bailarín/actor Sascha Radetsky que ya había protagonizado la película Center Stage, como ya dijimos, un clásico del cine sobre ballet del último milenio.

¿Es necesario que los relatos incluyan paranoias y brotes psicóticos?

No sé. Pero no se puede negar que se trata de un arte que incluye relatos de varones humanos que se enamoran de cisnes y fantasmas. Con críticos que miden la profundidad dramática de una bailarina según su desempeño en la escena de la locura de Giselle. Un arte que carga con la eterna paradoja de querer bailar dentro de un cuerpo que niega su materialidad.

Ya lo dice Caetano Veloso: “De cerca nadie es normal”.

 

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