Valeria Martínez: Mucho más que bailar

Valeria Martínez, bailarina, docente, coreógrafa y gestora, reflexiona sobre el sector y los nuevos desafíos que se presentan hoy en día para los artistas de la danza.

Martes, 10 de noviembre de 2015 | Por Paloma Portnoy

Formada en las principales escuelas públicas de Buenos Aires, Valeria Martínez es una artista que poco a poco fue descubriendo nuevos campos de acción para la danza. Egresada de la UNA -y actual docente de esta casa de estudios-, coordinadora del área de danza de El Sabato Espacio Cultural FCE UBA y creadora y editora del sitio Giró Cartelera, Martínez transita mucho por la gestión y la producción, y no tanto por el escenario. Cuando le toca responder las preguntas de Revol, aparecen como temas centrales el rol social del actor de la danza y su forma de desarrollarse en el mercado laboral y profesional. Aquí los pensamientos de una bailarina que encontró otras formas de bailar.

Valeria Martínez, una artista multifacética. Foto: Natalia Palau.

Valeria Martínez, una artista multifacética. Foto: Natalia Palau.

R: ¿Cómo fueron tus comienzos laborales?

VM: Empecé en 1999 cuando terminé de estudiar y fue bastante difícil porque era un momento crítico del país, muchos amigos se iban y había poco trabajo. De a poco empecé a abrirme paso desde la docencia y entré a trabajar en la UNA por dos personas que me invitaron a conformar los equipos de cátedra. Esto fue una posibilidad de seguir formándome y de crecer, y también me dio cierta estabilidad para pensar en otros proyectos. Lo mismo pasó con el Sábato donde empecé en 2006. De alguna manera a nivel laboral fui encontrando un soporte más o menos confiable, lo que es un desafío enorme para los bailarines. En el caso del que se dedica a bailar la dinámica habitual es mucho más inestable: castings, audiciones, trabajos temporarios o dar clases de manera privada pero con altibajos.

R: ¿Qué modos de trabajo encontraste a partir de esta estabilidad?

VM: Creo que por mi personalidad resultó más fácil generar la plataforma, el espacio, el soporte, el programa y el encuadre, más que situarme en la escena. Ponerme desde el lado de afuera: desde la gestión, la producción y la coordinación. En general los proyectos que generé fueron de ese tipo porque me resultó más fácil ver viabilidad ahí que en la parte creativa. Siempre que me pongo a trabajar desde el lado más creativo es como un permiso para hacer lo que no se sabe si va a funcionar o no.

Gestora y artista, Valeria contribuye al mundo de la danza desde diversas aristas. Foto: Natalia de la Vega.

Gestora y artista, Valeria contribuye al mundo de la danza desde diversas aristas. Foto: Natalia de la Vega.

R: ¿De qué forma pensás esta viabilidad?

VM: Viabilidad a nivel económico pero también que el proyecto funcione como una totalidad, que tenga público por ejemplo. Es difícil hacer temporada de una obra porque implica mucha inversión. Creo que es muy difícil hacer lo que te gusta y que eso entre en algún tipo de mercado si no lo concebís previamente y algunas de las leyes que marcan su funcionamiento. Varias de mis tareas fueron inventar esos mercados, pensar esos contextos. Yo quiero hacer danza acá, qué hace falta; qué me gustaría que ocurriera y no pasa.

R: Desde tu experiencia de trabajo tanto en ámbitos públicos como privados ¿cómo ves al sector de la danza en relación a estos temas?

VM: El bailarín ya no se piensa como hace 15 años, no es alguien que se forma únicamente en distintas técnicas y a nivel artístico. Es un actor social que está inserto en un contexto, no crea aislado y como parte de un entramado tiene responsabilidades y derechos sobre esa realidad. En Buenos Aires hay muchas cosas para hacer y mucho terreno por ganar. Me parece que hay necesidades y posibilidades nuevas, hay un despliegue en torno a lo que se puede hacer en danza que antes no había, como una expansión del rol del actor social de la danza.

R: ¿Posibilidades en qué sentido?

VM: Por ejemplo, en la UNA: que alguien pueda ser Licenciado en Composición es muy distinto a la idea de coreógrafo como se pensaba hace 15 años atrás. Antes la persona dedicada a la danza en general derivaba de una familia con ciertas cuestiones resueltas a nivel económico y con una posibilidad de consumo cultural que no tienen todos los sectores sociales. Ahora eso cambió porque las personas que pueden acceder a esa educación son más, de diversos niveles sociales y es posible que no vengan de un contexto familiar en donde ya había ese tipo de consumos, lo están haciendo ellos por primera vez.

Giró, plataforma de agenda e información para la danza contemporánea. Gentileza.

Giró, plataforma de agenda e información para la danza contemporánea. Gentileza.

R: Podríamos decir que hubo una ampliación.

VM: Sí, pero no sólo en la cantidad de personas que acceden sino también en las competencias de alguien que se dedica a la danza. Ahora en la formación ya no basta con tener un cuerpo dúctil: necesitás poder pensar lo que hacés, ver las posibilidades de articulación de tu proyecto, saber del estado del arte, tener tu propia perspectiva, tu posición sobre los temas, investigar. Me parece que todo esto confluye en que haya otras líneas de desarrollo.

Por ejemplo, Revol, Club de Danza, Segunda y Giró de alguna manera somos resultados coyunturales. Porque los cuatro proyectos surgimos en 2011. Las cosas están insertas en un contexto: hay más gente, se necesita más, se abrieron otras escuelas. Se amplió y se complejizó el campo.

También ayuda que las propuestas de danza establezcan cruces con otros lenguajes. Este año en el Sábato surgió un intento de escuchar pedidos y ver quiénes se acercan a proponer, quiénes tienen ganas de apropiarse de este espacio. No solamente proyectar uno sus propios ideales de lo que se debería hacer sino abrir otras líneas para búsquedas de experimentación e investigación del lenguaje escénico.

El Sabato Area Danza, otro de los ámbitos en que interviene Vale Martínez. Gentileza.

El Sabato Area Danza, otro de los ámbitos en que interviene Vale Martínez. Gentileza.

R: Si bien es un proceso positivo, me imagino que también debe venir acompañado de desafíos en el día a día. ¿Cómo lo ves en los proyectos que llevás adelante?

VM: Giró es un proyecto que surgió de una manera muy impulsiva, por reconocer que no había un espacio como el que yo me imaginaba que podía existir y estaban las herramientas a mano para generarlo. Tuvo un subsidio en 2012 que le dio un empujón grande y después hubo momentos de flaqueza. Hacia fin del año pasado me di cuenta que tenía que redoblar la apuesta o soltar. Tuvo la suerte que salió un subsidio de Prodanza este año y el proyecto de la cartelera está empezando ahora. Ojalá que le dé consistencia para que le dé también continuidad en el tiempo, que es lo más difícil de los proyectos. Para sostenerse tienen que crecer, no pueden mantenerse igual. A veces no te da la capacidad, el tiempo o el dinero. El problema de Giró es básicamente económico.

El Sábato es distinto porque la danza se inserta dentro de un aparato más grande que tiene lógicas diferentes. No deja de ser un centro cultural de la facultad, no es el teatro de un grupo de bailarines. Coexisten la negociación permanente, las posibilidades y los recursos ganados, y los límites de ese espacio. Límites que se negocian entre distintos intereses dentro de esa estructura mayor, y se van sorteando bastante bien. Creo que hemos logrado cosas muy positivas desde este espacio.

R: ¿Cuál sería una buena manera de trabajar frente a esta realidad?

VM: Estamos empezando a conectarnos, a establecer redes con otros. Desde la danza llevado a la práctica hay poco pero dentro de las posibilidades y recursos que están al alcance se intentan generar esos vínculos e intercambios. Como plan de crecimiento es súper promisorio. Para mí en el circuito emergente de la danza no hay posibilidad si no se aspira a lograr otras estabilidades y capitalizar los esfuerzos de manera conjunta. Esa precariedad económica con la que trabajamos puede compensarse cuando el trabajo es colaborativo, porque hay más circulación de ideas, información y recursos.

R: En relación a la temática de trabajar conjuntamente y defender derechos comunes, existen el proyecto de la Ley Nacional de Danza y el del Sindicato de Bailarines. ¿Cómo ves estas propuestas en el contexto actual?

VM: Si bien es probable que la ley nuevamente pierda estado parlamentario, creo que todo suma. Son antecedentes y hay que seguir construyendo desde ahí. Las discusiones finas se pueden seguir y van a seguir, pero es necesario apoyar todos los movimientos autogestionados a favor de nuevas políticas públicas culturales y de la danza en particular. Hay mucho por hacer, hay que “meter las manos en la masa” para aprender, reparar y volver a pensar. Las problemáticas para la danza son muy complejas, y lo laboral no está para nada resuelto. Es importante generar cada vez más conciencia de participación y, por suerte, creo que las nuevas generaciones vienen más lúcidas y activas con respecto a este tema.

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