Xavier Le Roy: Cuando bailar es pensar

Por María José Lavandera Creo que sorprendí a Xavier Le Roy. Llegué al hotel donde me habían indicado para entrevistarlo a las 10, pero me dijeron que se había ido a desayunar. Corrí, entonces, hasta el bar donde muy concentradamente estaba sentado leyendo algo en su computadora. Me presenté y me dijo: “¿Pero no era […]

Viernes, 22 de noviembre de 2013 |

Por María José Lavandera

Creo que sorprendí a Xavier Le Roy. Llegué al hotel donde me habían indicado para entrevistarlo a las 10, pero me dijeron que se había ido a desayunar. Corrí, entonces, hasta el bar donde muy concentradamente estaba sentado leyendo algo en su computadora. Me presenté y me dijo: “¿Pero no era a las 11?”. Momento complicado frente a un artista que, según se sabe, es muy exigente. Tan exigente como genial en la realización de obras que llevan el movimiento corporal a ser concebido como una forma de pensamiento, un statement, no siempre acabado, que ha llevado a reflexionar sobre el arte coreográfico y la subjetividad. El cuerpo es recuperado como un campo de experimentación y una herramienta significante para preguntarse  por las jerarquías, los órdenes, las causalidades en las relaciones humanas, en todos los niveles: de construcción de uno mismo, con el otro, con los otros.

Aunque estudió biología molecular en la Universidad de Montpellier, decidió un viraje en su vida para dedicarse a la danza: ha trabajado como bailarín y coreógrafo desde 1991. “El interés se desarrolló a partir de ciertos eventos de mi vida: no estaba satisfecho con el trabajo que estaba haciendo, el final de una relación amorosa, de un encuentro con cierta gente que estaba en la danza. Yo también siempre hice mucho deporte, y tenía una gran necesidad de actividad física, de movimiento. Pero es una combinación de todas estas cosas, que lentamente fueron confluyendo en que me retirara de la biología y empezara en la danza”, dijo frente a ello.

Desde entonces, logró ocupar algunos de los espacios de creación más prestigiosos del mundo. Entre 1996 y 2003 fue artista residente en el Podewil de Berlín. Entre 2007 y 2008 fue artista asociado en el Centre Chorégraphique National de Montpellier. En 2010, fue artista residente en el Programa de Arte y Cultura del Massachusetts Institute of Technology (MIT), en Cambridge (EEUU). Sus coreografías solistas Self Unfinished (1998) y Product of Circumstances (1999) han sido obras paradigmáticas en la apertura del lenguaje coreográfico, que avanzaron en la pregunta acerca de la construcción de la subjetividad. Al respecto, comentó: “Creo que como todos, sólo trato de entender (risas). Quisiera tratar de comprender cómo hacemos para construirnos, es tan simple como eso. Todos estamos tratando de entender qué somos, qué es el yo, qué es ese yo en un grupo, y cómo eso cambia y cómo es resistente a esos cambios. Uno sabe que es una construcción y que si bien hay un motor propio, se combina con factores externos. Este intercambio produce lo que somos y tengo la necesidad de cuestionar eso, resistir ciertos modos de construcción”.

Estuvo en Argentina el año pasado, en el TACEC de La Plata para presentar su obra “Low Pieces”, la cual “propone experimentar o re-experimentar las grandes líneas divisorias en nuestras propias condiciones humanas y culturales, tales como: objeto/sujeto, humano/no humano, naturaleza/cultura”, según el propio Le Roy ha indicado en su momento. Explora estas divisiones poniendo en cuestión el propio dispositivo del teatro y las relaciones y reglas que allí se presentan: público/actor, acción/recepción, ver/hacer, hablar/actuar. “La experiencia en La Plata para nosotros fue extraordinaria. Hubo un intercambio muy lindo con el público: hubo dos conversaciones con ellos, una al comienzo y otra al final de la pieza, y realmente nunca habíamos tenido una respuesta tan cálida, comprometida y responsable. Sentíamos que tenían gran curiosidad sobre la extrañeza de lo que estábamos presentando, pero no lo estaban juzgando, sino que tomándolo y tratando de hacer algo con eso. Es realmente uno de los mejores recuerdos de mi carrera”, indicó.

Ahora nomás, se presentó el miércoles 20 de noviembre en el marco del noveno concierto del Ciclo de Música Contemporánea en la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín, con una performance impecable de “La consagración de la primavera” de Igor Stravinsky, convocada en homenaje al centenario del estreno de esta pieza. En ella, Le Roy desarrolla, a lo largo de la obra musical, los movimientos y gestos de un director de orquesta: existe una oscilación entre aquellos típicos de un director y otros más grandilocuentes, casi como un moverse al ritmo de la música; una expresión que es convocada por ella. El público, sentado sobre el escenario, hace las veces de “orquesta”: las sillas se ubican sobre bafles, de modo que experimenten la música fluir desde debajo de sus asientos en particiones distintas.

¿Cuál es la causa? ¿Cuál el efecto? ¿Quién produce la música? ¿El cuerpo invita a la música o la música invita al cuerpo?

De pronto, en el medio de la obra, la música desaparece. Le Roy sigue dirigiendo, como si allí se escuchara aún algo. Quizás allí, el momento clave de su pregunta.

Xavier Le Roy 01

R: ¿Cómo fue el proceso de trabajo de “La Consagración…”?

Xavier: “Decidí hacer esta pieza una vez que vi una película en DVD, un documental acerca de la aproximación a la danza en una escuela: el caso es que los chicos cada año elegían una obra para interpretar y ese año fue “La Consagración…”. El documental muestra adolescentes en la escuela, que comienzan a bailar, y crean algo así como una comunidad de danza. La película no es muy buena, pero había un bonus track en el DVD en el que se muestra el ensayo de una orquesta universitaria que acompañaría a los chicos. En algunas ocasiones, cuando el director de orquesta era enfocado, vi que no se movía antes de la música –no producía la música- sino que parecía más que estaba movido por la música. Entonces yo pensaba que no se suponía que debía estar haciendo eso; algo no estaba funcionando bien. No soy músico, no tengo formación musical, pero me decía: “Esto es bastante raro. Si esto es como lo veo, el director está más bailando con la música que conduciéndola”. Así es como desarrollé la idea y decidí trabajar sobre esto. Me parecía interesante concebir una coreografía sobre la música; existe habitualmente una concepción de sincronía entre la música y el movimiento, lo cual me llevó a preguntarme por el deseo interior de fusión entre estas dos cosas. Desarrollé así una coreografía con los movimientos que del director, dirigiendo una orquesta. Este gesto se sustenta en armar el movimiento direccionado a cierto grupo de personas, en cada momento determinado. Transforma a los espectadores en músicos y permite trabajar en la relación, no sólo del movimiento y su relación con el sonido, sino del performer con el público. Y también en aquello que tiene que ver con nuestra comprensión de la causalidad: cuando veo al director bailando con la música, no se bien cuál es la causa y cuál el efecto. Es un momento interesante, porque se desarma una cierta jerarquía u orden de las cosas. Permite reconsiderar ese orden y es esto en lo que yo estoy interesado en general.

“Como no soy músico, todo el proceso lo realicé a través de una escucha atenta. El primer nivel de la coreografía es escuchar la música y contar, llevar el ritmo. El segundo nivel, es implantar en esta estructura lo que podía ver en la película: copiar los movimientos del director de orquesta. La coreografía se convirtió entonces en el ritmo y este gesto; el tercer nivel fue escuchar la música y notar los cambios de intensidad para la producción de gestos. Para completar, es importante para esta coreografía entender cómo el sonido está distribuido en la audiencia: los asistentes están sentados en los bafles y escuchan la música como si fueran una orquesta. Los distintos grupos distribuidos en el espacio no escuchan lo mismo”.

Y sus obras invitan a un proceso reflexivo, que él mismo provoca. Por eso, al terminar una performance intensa -y magnética, debo decir- invitó al público a expresar sus visiones y compartir una charla. Es que las obras de Le Roy son sólo experimentables: el público es un factor fundamental en la puesta en cuestión que él persigue.

Actualmente está trabajando en un proyecto llamado “Retrospective”, que es “una exhibición que decidí hacer el año pasado en Barcelona [en la Fundación Tapiés] y ahora la estoy continuando en algunos otros países: en cada ocasión es un proyecto diferente. Es una elaboración de sus historias personales en relación a mis trabajos. El año que viene lo realizaré en París, quizás en Singapur y en Nueva York”. Ojalá lo volvamos a ver pronto.

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