Potosí: una historia sobre las diferencias y la igualdad

Por Estefanía Lisi Hasta Trilce podría definirse como uno de aquellos mágicos y acogedores bares-teatro del barrio de Almagro que nos remontan a otra época, con muebles, adornos y obras de arte que formaron parte de décadas antiguas. Afuera hace un frío invernal (y, paradójicamente, infernal), pero dentro del espacio se disfruta de una cálida […]

Martes, 17 de Septiembre de 2013 |

Por Estefanía Lisi

Hasta Trilce podría definirse como uno de aquellos mágicos y acogedores bares-teatro del barrio de Almagro que nos remontan a otra época, con muebles, adornos y obras de arte que formaron parte de décadas antiguas. Afuera hace un frío invernal (y, paradójicamente, infernal), pero dentro del espacio se disfruta de una cálida espera que nos invita a disfrutar de Potosí, una obra de la extraordinaria dupla de Darío Martín Rodríguez y Cristian Setién.

Esta pieza fue creada en 2010, y estrenada en el Teatro estatal de Oldenburg, en Alemania, donde los bailarines se encontraban trabajando. Luego, el proyecto tuvo un reconocimiento en nuestro país, y su producción fue subsidiada por la provincia de Córdoba. Tres años después, “Potosí” es repuesta en este teatro, todos los viernes a las nueve de la noche.

Al ingresar a la sala conocemos a dos de los sujetos de la obra: un joven de camisa y pantalón de vestir, con el cabello brillante y bien peinado nos da la espalda apoyado en una mesa. A su lado, una mujer (María Laura Porras, actriz invitada) ubicada en una de las tres sillas -que serán elementos claves para el espectáculo, junto con todo lo presente- observa, pensativa. Un juego de platos está desparramado por el piso, mientras que algunos otros conforman una pila organizada sobre la mesa.

Luego de unos minutos los dos comienzan a cuchichear, divertidos, al tiempo en que comienzan a juntar y a secar, con un repasador, los platos del suelo.

Lentamente, casi imperceptible al principio, aparece una nueva figura en el escenario. Se trata de un ser extraño que se mueve al ras del suelo, apenas iluminado por una luz tenue. Esa falta de claridad lo cubre de la mirada intrigante del público, junto con una espesa mata de pelo rubio opaco que recorre su cuerpo desnudo. Su arrastre es sufrido, desorientado: parece una especie de bicho que busca asilo, pero con mucho recelo.

Gentileza: Magalí del Hoyo.

Gentileza: Magalí del Hoyo.

Nuestra primera impresión, muy personal, nos remite a una escena de “La Metamorfosis”, de Franz Kafka, y en ese momento inicial interpretamos que esta historia tiene alguna relación con aquella obra literaria. Sin embargo, el camino que toma es otro. Uno más esperanzador, quizás.

La pareja sentada a la mesa advierte su presencia e intenta alejarlo. Lo trata como a una criatura grotesca, como a un insecto que irrumpe en su alegre morada, hasta que descubre que debajo de esa melena y ese paso desgarbado se esconde un ser humano, uno igual a ellos. Lo inspeccionan con meticulosidad y cautela, intentando descifrar su identidad.

Con mucha dedicación, entonces, se disponen a vestirlo y a educarlo. Le enseñan a caminar y a comportarse, a vivir en sociedad. El joven va adquiriendo los conocimientos a un ritmo coreográfico, en el que se disputan varias batallas con el otro hombre, la competencia; y quien se presenta, a su vez, como un jefe que se encarga de domarlo en este proceso. Se gesta entre ellos un juego de seducción, en el que uno desafía al otro hasta los más desconcertantes límites. Y la mujer figura, en un segundo plano, como la mediadora entre ambos.

Podemos concluir que “Potosí” es un trabajo que cuenta un profundo relato sobre los obstáculos en la vida, desde el punto de vista de la relación entre dos personas diferentes que se encuentran y se unen en un espacio y un tiempo determinado, y que expone de manera eficaz un proceso de aprendizaje por parte del más débil y un proceso de dominación por parte del que cuenta con ventaja. Finalmente, ambos encuentran un objetivo en común que los lleva a verse como compañeros e iguales. Y son los dos, ahora, fieles servidores de las reglas propias de la sociedad.

CUÁNDO Y DÓNDE

Viernes de septiembre a las 21 – Hasta Trilce (Maza 177 – Almagro, CABA) – Duración: 50 minutos – Entrada: $60

FICHA TÉCNICA

Intérpretes: Darío Martín Rodríguez y Cristian Setién
Participación especial: María Laura Porras
Diseño de iluminación: Adrián Cintioli
Música: Janos Novak y Jan Sang
Asistencia: María Kuhmichel, Magalí Del Hoyo
Dirección general: Cristian Setién

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